sábado, 6 de noviembre de 2010

Cosas varias

El viento soplaba con suavidad. Sin alterar la armonía del lugar. Un bosque frondoso lleno de vida. Cercano a la aldea. Las florecillas abrían sus pétalos. Dejaban volar su dulce aroma a primavera. Llenaban los campos de colores vivos. Aprovechaban a lucirse ante su mayor fan. El sol que con sus rayos calentaban el frio mundo. Desterrando al invierno a otro lugar. La alegría emanaba de aquel hermoso lugar. Pero los canticos de los pájaros no se escuchaban. Hoy estaban en silencio. Como en luto.  Esa alegría no reinaba ese día. Sino la tristeza más profunda. La naturaleza lo sentía en sí. Más aun en aquel claro. Bajo el gran árbol que con majestuosidad se alzaba hacia el cielo azul. Una joven pareja se cubría en su sombra. El portaba el símbolo de una hoja. Su cabellera plateada era conocida en todos los países, igual que su nombre. Ocultaba su rostro con una máscara. Su ojo izquierdo bajo el símbolo. Dándolo un halo de misterio. El único ojo visible es del color de la noche más profundo. Se encontraba ahí apoyando su espalda en el robusto árbol. No leía su habitual libro. Nada normal en el. Miraba un viejo álbum de fotos. Su curiosidad le obligo abrirlo. Pues en aquellas fotos no salía él. Sonrió con ternura al verlos. Junto a él dormía sobre su pecho una mujer. Su cabellera era larga y oscura. Sus ojos estaban llorosos de tanto llorar. Se rindió al cansancio. La encontró llorando y templando allí. No la hizo preguntas. Entendía su dolor.  La abrazo para darle su apoyo.  Ella lloro en su hombro en silencio. Poco después se quedo dormida. Todavía las lágrimas recorren sus mejillas. El hombre pasaba las páginas del álbum. Quedo prendido con una de las fotos. Ella sonriendo abrazada a un gran can. El animal era peludo y oscuro. Sería uno de los momentos más felices de ella. La abrazo con más fuerza. Ella se movió. Estaba despertando. No quería abrir los ojos. Quería seguir sumida en sus sueños. Sus mejillas se prendieron al recordarlos. En sus brazos se sentía segura. Le cerro de golpe el álbum. No más fotos por hoy. Eran suyas. Sus recuerdos de una vida que ya no carecía de sentido. Abrió  sus ojos. Alzo  su triste mirada hacia la de él.

-Hola. - Pronuncio en voz muy baja.
-Hola. - Limpio sus lágrimas de la mejilla.- ¿Estas mejor?
-Si –seguía en el mismo tono. Se abrazo mas a él.- Mi mundo…
-¡Sssh! - La hizo callar. Rozo con la yema de sus dedos sus delicados labios.- No hace falta. – Beso su frente.- Lo comprendo. Sé cómo te sientes.
-No, no lo sabes. - replico. Se incorporo deshaciéndose de su abrazo.- Tú no has visto lo mismo que yo.
-Si lo sé. - la agarro de los hombros.- No habré visto lo mismo. Pero he vivido una guerra. Se lo que se sufre… - bajo la mirada.
-Eso no era una guerra. – Susurro.- Era mucho peor. - Aguanto las lágrimas. Agarro el chaleco de él con fuerza.- Me siento tan sola.
-No estás sola. - La volvió abrazar.- Me tiene a mí.
-Si, – suspiro- a mi primo y a los otros.- aspiro su olor.-  Lo estarán pasando fatal.
-¡Ssssh! No pienses en eso. –Miro hacia el cielo.- Piensa en el presente.
-¿Qué presente? – Cerro las manos en puños.- No tengo nada. Ni sé si mi oficio existe y si existe será de lo antiguo par a mí.
-No te preocupes. - No la soltaba. – Algo haremos.
-¿Por qué hablas en plural? - Se sentía mal, pero agradecía el consuelo.
-Porque… - Se acerco a su oído y la susurro.- Te quiero.
-No te creo. - lo golpeo con un puño.- Mientes…
-No lo hago. - Abrió el puño de la mano de ella más cercano al corazón.- Lo sientes. – Puso su mano sobre el corazón.- Esto no miente.
-No... - Sentía su latir. No lo entendía. Hundió su rostro en su pecho. Iba llorar. Estaba confusa.
-Mírame. - Alzo su rostro con delicadeza.- No vuelvas llorar. Me rompes el alma al verte así.- Sonrió bajo su máscara.
-Eres un tonto. - se mordió el labio inferior intentando sonreír. La forzó.- Mas ahora.
-A tu lado siempre. - Descubrió su rostro. Humedeció sus labios. Se acerco mas a ella.- Me haces sentir cosas que ni siquiera entiendo.- Se perdió en sus ojos.- Tu siempre los has sabido. Lo veo – Rozo sus labios con los de ella.-  en tus ojos.
-Yo... – Su aliento la estremeció.- Es difícil…

Acaricio su rostro. Rodeo su cintura con el brazo. Había deseado tantas veces con ese momento. El tenerla en sus brazos. En transmitirla sus sentimientos. En besarla… Lo sabía. A partir de ahora seria suya pera siempre. Nunca la abandonaría. Estaría ahí para lo malo como en lo bueno. Le era imposible creérselo. Estaría soñando o el efecto de un ataque ilusorio. NO. Era real. Porque sintió como ella apretaba su brazo con la mano. Su respiración se hizo pesada y entrecortada. Era el hombre más feliz del mundo. Sus sentimientos le eran correspondidos. Aunque a ella le costase. Los sentía. Tenía miedo.



Cuatro pares de ojos los miraban anonadados. Se habían quedado con la boca abierta y petrificados. Ni se movieron. Parecían estar procesando la información con lentitud. Ni siquiera pestañearon. Estaban sin habla. Por lo menos uno opto por decir algo. No se atrevió. Dio un paso hacia atrás. Negó a su pensamiento. Otro no entendía muy bien. No estaba preparado para esa clase de actos. El tercer miembro del grupo seguía sin creérselo Bajo la mirada hacia el suelo. Debía interiorizarlo. Por último la única chica del cuarteto se le ilumino el rostro. Lo había acogido bien. Le hizo ilusión. Dejo volar su imaginación.

Ella se alejo un poco y le susurro: 

-Te dejo con ellos. - Le dio un beso en la mejilla.- Voy a ver como esta mi primo.

El movió la cabeza como diciendo sí. La soltó la mano. La dejo ir. Volvió  la mirada hacia sus compañeros. Algunos seguían en estado de shock. Se rio de las muecas de sus caras. Suspiro.

-Vais a decir algo.- Metió las manos en los bolsillos.- Por lo menos hay alguien emocionado.
-Sensei. - Los ojos de la chica reflejaban felicidad y sonrió.- Felicidades.
-Gracias.- Se sentía orgulloso, pero también se marcho. Dedujo que iría tras ella para acosarla a preguntas. Rio. Ella no es dada a tanta pregunta. - ¿Y bien? – se dirigió a los demás.
-Kakashi sensei... - solo pudo pronunciar el rubio. Seguía interiorizándolo.
- Sempai. - Llamo el otro. El tercer integrante desapareció hacia rato.- Nos ha pillado de sorpresa… - Miro al rubio.- A todos.
-Soy consciente de ello. - Se rasco la nuca.- Lo tenía decidido hace semanas.
-Si es vuestra decisión. - Palmeo el hombro aprobándolo.- Enhorabuena.
- -Sonrió.- ¿Naruto? – Le preocupo su actitud.
-Sensei, - Puso su mejor sonrisa- Felicidades.



Recorría la manta por debajo. Buscaba un tesoro perdido. Con la otra mano sostenía su libro. Lo leía o eso parecía. Miro de reojo a la persona de al lado. Compartían la misma manta y cómodo sofá. La veía distraía con un pequeño juego electrónico. Muchas veces le había enseñado a jugar. Pero es un total negado para esas cosas. No tenía paciencia. Suspiro. Siguió avanzando poco apoco. Sigiloso. Sin ser notado. Sus malas intenciones se veían a leguas. Ese brillito en los ojos la deslumbro. Paso de el por un rato. Lo ignoro. Bajo el libro y se acerco un poco a ella. Miro al endemoniado aparato.

-¿Qué haces? – le pregunto sin apartar la mirada.
- Nada. - Jugueteo con uno mechones de pelo de ella. – Me aburro.
-Si ya. – Pauso el juego y lo miro a los ojos. – Tú nunca te abures. Tienes tu libro.
- No, no lo tengo. - escondió el libo. Enseño la mano libre.- Ves no está.
-Mentiroso. - Lo había pillado. Agarro la mano intrusa y la desvió de su trayectoria.- Dime, ¿Qué ibas hacer?
- Nada. - Puso cara de niño bueno. De esas que no puedes negar.- ¿Lo dudas?
- Si. - retiro la manta. – Debemos ir a preparar eso.
-¡Jo! - Hizo pucheros.- Esta bien.

Confesó su pequeña travesura. Ella no lo riño. Ni golpeo. Solo lo sonrió y le dio un pequeño beso. No era el momento. Porque le pellizco. Le hizo daño. Lo agarro del puño de la manga. Llevándolo a rastras fuera de la casa.



Regresaba de una larga misión. Era muy tarde. No la encontraría despierta. Rio al recordar una cosa de la misión. Tropezó con algo en el pasillo. Se alarmo. No debía despertarla. Habían llegado pronto. Al día siguiente seria toda suya. Se fue deshaciendo de sus ropas por el camino. Estaba agotado y dolorido. Llego a la habitación. Estaba allí dormida agarrada a la almohada. Se metió a la cama con cuidado. Moldeo su cuerpo a la posición en que dormía ella. Se acurruco como un gatito. Muy, muy cerca. Ella no lo rechazo.

-¿Cuándo has vuelto? - Se aferro más a las sabanas.
-Mmm… -Aparto su pelo.- Hace unas horas.- Beso el arco del cuello.- Te eche de menos. –siguió besándola.
-Mne… Yo también. – seguía dormida. Olisqueo un poco. Suspiro.- Tu olor.
-Mmm... ¿Qué pasa con mi olor? –Le pregunto al oído. Introdujo la mano en el interior de la camiseta de ella.- ¿Te gusta?
-Hueles a hierba recién cortada. - sonrió adormilada. Noto su mano subir hacia el pecho. Se despertó. Pestañeo varáis veces. Cambio de posición.- Tienes las manos heladas. - Lo miraba a los ojos. Se mordió el labio inferior.
-Si…, y tu no llevas sostén. - Recorrió su espalda. Su tacto era suave. - ¿No tendrás un amante?- La atrajo hacia él.
-Si. – vio que frunció el ceño. Le dio un pequeño beso.- Eres tú, tonto. – Lo golpeo sin hacerle daño.- No lo llevo porque me hacia algo de daño. - Entrelazaron las piernas.
-Me dejas más tranquilo. - Suspiro. Acaricio su cabello. Sonrió. – Te quiero.
-Yo también - cerro los ojos.- te quiero y mucho.
-Lo sé. - la abrazo.- Lo sé… - volvió a repetir. Cerró los ojos. El cansancio le llego.
-Buenas noches.- Lo beso. Se acurruco abrazada a él. Volvió a dormirse.



Se encontraban en una de tantas salas del edificio Hokage. Reunidos estaban unos pocos ninjas y civiles. Estaban nerviosos. Algunos más que otros. Un par de ellos se mordían las uñas. Ya ni tenían uñas. Esperaban con ansias el inicio de la ceremonia. Todavía no habían llegado. Es normal que la novia llegue tarde, pero en el novio no. No era normal. Dos minutos habían pasado. Traían al novio agarrado de las orejas. Lo fulminaron con la mirada. Lo iban a matar en cuanto acabara. La novia entro tras él.  Molesta con su actitud. Sonrió a los presentes. La Hokage empezó a dar un largo discurso. Parecía más bien un sermón para el novio. Casi todos bostezaron alguna vez a lo largo de la ceremonia. Eterno eso creían. Alguien dio un golpe al suelo impaciente. Se estaban durmiendo. Otros traspasaron las paredes con la mente. Al final concluyo el pesado sermón. Todos volvieron a sus posiciones.

-Ahora. - Dejo un bolígrafo sobre la mesa y acerco un documento.- Podéis firmar aquí. –Señalo al documento- ¿Quién empieza?
-Yo. – Agarro el bolígrafo ella y garabateo a su modo.- Ya está. – Le paso el bolígrafo a él.
-Mmm… -Dejo la punta sobre el papel. Miro a la Hokage. -¿Qué pasaría si no firmo?
-Serias hombre muerto.- crujió los nudillos y lo amenazo con la mirada.
-Vale. Solo preguntaba.- El documento ya estaba firmado. Acto seguido sellado por la propia Hokage.
-Ya estáis oficialmente unidos.- Sonrió y saco una botella de sake del cajón.- Un poquito de sake, ¿eh?
-No son horas, Tsunade-sama. – La advirtió la mujer cercana a ella.
-¡Bah! - pego un trago. - Esto es una celebración.- miro a la pareja.- Vosotros dos, ¿No os debéis besar?

Ambos se miraron. Ella se sonrojo. El se echo a reír por la idea. Miro a sus compañeros.

-Jajá.- rasco la nuca.- Ella – la señalo- es vergonzosa.
-¿Mmm?- bebía el sake. Alzo una ceja.- No será una escusa de las tuyas.



Llego la noche. Era un manojo de nervios. No encontraba las llaves. ¿Cómo abriría la puerta?  Una patada. Se preparo. Lo paro. Tenía en sus manos las llaves. La miro asombrado. Ella estaba totalmente tranquila. Sonreía y miraba hacia otro lado. Logro abrir la puerta. Suspiro satisfecho. Tenía ganas de entrar. La cogió de la mano. Un movimiento rápido. La tenía en brazos. Se bajo la máscara. Sonrió de una forma poco vista. Entro con ella a la casa. Dio un portazo al cerrar. La dejo en el suelo. Sino caerían por el camino. Muy estrecho el pasillo. Le dio un beso muy profundo. La dejo  sin aliento. La chispa se encendió. Ella se le acerco. Le bajo la cremallera del chaleco muy despacio. Sin dejar de mirarse.  Se mordió la lengua, la puntita. La tenía ganas. Le había estado torturando durante las últimas semanas.
Fueron desprendiéndose de la ropa a lo largo del pasillo. A la vez se iban besando. Torpemente alcanzaron la habitación. La agarro de la cintura. La tiro a la cama. Ella se acomodo. Fue detrás. Gateo por encima de ella. Dejando un beso en su piel al ir subiendo. Tardo un rato en llegar a la meta. Se había entretenido. Por primera vez se fijo en cierta prenda.

-¿Esto es nuevo? - toco la delicada prenda.- Me gusta.
-Si. - Acaricio su plateada cabellera.- Lo elegí para este día. – Susurro.- Se abre de aquí.- Se señalo a un pequeño broche muy cercano al canalillo.
-¡Oh! – Lo abrió.- Interesante.

Jugueteo un rato con sus preciosos pechos. Eran adictivos. Le quitaban el estrés acumulado. Estaba en el paraíso. Alcanzo su boca. La saboreo como tantas veces. Sus manos cogieron vida propia. Acaricio todo su cuerpo. Ella estaba muy nerviosa. No sabía qué hacer. Su mente estaba nublada. Se dejo llevar por las sensaciones. Separo un poco las piernas. El la agarro con más fuerza. Arranco su última prensa. La de ambos. No aguantaba más. Estaba ansioso. Alzo un poco su pierna. Sus dos partes hicieron contacto. Tuvo que ayudarse. Al fin logro su objetivo. La tenía. Ella pego un salto. Le pillo de sorpresa. Entrelazo los brazos alrededor de su cuello. Quería sentirlo todo. Estuvieron así un buen rato. Sintiendo las sensaciones del uno al otro. Pero todo tiene un final. Alcanzaron la cima. Cayó agotado sobre ella. Se deslizo hacia un lado. Ambos tenían la respiración entrecortada. La abrazo. Cansador se quedaron dormidos.

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