sábado, 6 de noviembre de 2010

Hambre

Llevaba una bolsa de comida. La había comprado hacia poco. Olía muy bien. Su tripa hizo ruido. Tenía hambre. Resoplo. Debía llegar a su destino. No estaba muy lejos. Pero no dejaba de mirar la bolsa. No aguantaba la espera. Agarro uno de tantos paquetitos envueltos en papel aval. Lo abrió despacio. Olio su contenido. Se le hizo la boca agua. Le iba dar el primer mordisco. No alcanzo hacerlo. Una mano, cual reconoció al instante, la paro. Fue él quien le pego el primer mordisco. Le dejo con poca cosa. Hizo pucheros como los niños pequeños. Quería comérselo ella. Era suyo. Ella lo había comprado. Era su derecho. Estaba demasiado hambrienta para regañarlo. Apretó las manos.


-Esta bueno.- Su intención era pegar otro mordisco. Ella se lo impidió.- ¡Eh! Así me lo agradeces.- Se quejo.- Te he venido a buscar.
-No. Tú has seguido a tu estomago.- Lo empujo con el dedo.- Y esto – Moviendo la mano con el paquete.- es mío. Lo he comprado yo.- guardo el paquetito en la bolsa.-  Estas castigado sin cenar.
-¡Oh no! Me morire de hambre.- Fingió.- No.- Sonrió sexy.- Tengo el postre aquí.-la cogió de la cintura.- ¿No?
-Sigue soñando.- Lo pellizco en el pezón.- Si no tienes cena, no hay postre.- Le pega un pequeño empujón.- Ahora tira para casa.
-Jo.- Se quejo.- Lo que diga la señora.

Se fueron hacia la casa. Era de noche. Algunas farolas no iluminaban bien. El la miraba de reojo o a la bolsa. Seguí teniendo hambre. Pero nada. Estaban llegando al portal. Abrió la puerta y la dejo pasar. Ella lo ignoro. Llamo al ascensor. Ambos se miraron, pero ella oculto la bolsa con la comida. No tardo mucho. Entraron al pequeño ascensor. Toco el botón del piso. El dio al botón de parar.

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