sábado, 6 de noviembre de 2010

Itsaropena pergaminoa Cap 2

Curiosidades
AMIDA:
Según sus devotos, el más grande de los dioses, soberano y ducho del paraíso; el protector de las almas humanas, el padre y el dios de todos aquellos que son admitidos a gozar de las delicias del paraíso: en una palabra, el mediador y el salvador de la humanidad; el dios al que todo Japonés se gira en el momento de la muerte pues por su intercesión obtienen las almas la remisión de todas sus faltas y llegan a ser dignas de la beatitud celestial. El reino de Amida-Nyorai tiene un estanque de loto con bosquecillos de árboles de ambrosia de joyas, en las ramas de ellos se posan aves maravillosas, mientras que campanas melodiosas dependido de las ramas, y encima de esto el Budha y su círculo de ángeles, pétalos de bondad se dispersan con la brisa. Hace dos mil años que vivió, habiéndose ejercitado muchos miles de años en la penitencia y la predicación: hasta que cansado de su existencia, se dió muerte y fue contado en el número de los dioses. Creen sus adoradores que Amida goza de gran crédito con Jemma, dios de los Infiernos, para inclinar a este severo juez, no solo a mitigar las penas de los culpables, sino también a hacerles gracia enviándolos otra vez al mundo antes del tiempo prescrito para la expiación de sus pecados. Amida es venerado sobre todo por los devotos que antiguamente le ofrecían el sacrificio de su vida ahogándose en honor suyo. La víctima entraba en una barquita dorada y adornada de gallardetes de seda; se ataba unas piedras al cuello, en los pies, y en los vestidos; bailaba al son de varios instrumentos, y luego se arrojaba al río. Algunas veces hacían un agujero en la barquilla y se dejaban caer al fondo a la vista de una multitud de parientes, amigos y bonzos. Otros entusiastas de la misma clase se metían en una cueva estrecha en forma de una tumba, cubierta por todas partes a excepción de un pequeño agujero que servía para entrar el aire, y en este sepulcro el devoto no cesaba de llamar a Amida hasta que expiraba. He aquí la descripción que hacen de esta divinidad sus discípulos. Dicen que es el Ser supremo; sustancia indivisible, incorpórea, inmutable, distinta de todos los elementos; que existe con la naturaleza, que es el manantial y el fundamento de todo bien, sin principio ni fin, infinito, inmenso y creador del universo. Es representado en un altar, montado en un caballo con siete cabezas, jeroglífico de siete mil años, con cabeza de perro, teniendo en sus manos un anillo o círculo de oro que está mordiendo. Este emblema tiene bastante analogía con el círculo egipcio considerado como un emblema del tiempo: por lo mismo este dios es un jeroglífico de la evolución de las edades o más bien de la eternidad misma. Otras veces le dan tres cabezas, cada una cubierta de una especie de bonete, con barba larga. Sus vestidos consisten en un ropaje riquísimo guarnecido de perlas y de piedras preciosas.
Referencia >> http://www.mondo-libero.com/dioses_japoneses.htm

II Aparición
Olía a rica comida. Un plato frente a ella. No tenía hambre. Movió el plato hacia delante.
-Hija, ¿te pasa algo? – Pregunta su madre preocupada.
-No, tan solo que no tengo hambre. – Se levanto.- Me voy a mi cuarto.
Abrió la puerta. Aun seguía ahí. Sobre la cama. Debía ir. La estaban llamando. No podía. Su mente le había declarado la guerra. Miles de imágenes la acosaban. Cerró los ojos. Conto hasta diez. Se tranquilizo un poco. No debía temer. Ella poseía el poder. No la debían ver así. Dejo de lado todo pensamiento oscuro. Abrió los ojos. Algo o alguien la llamaban. No eran sus padres. Tampoco el teléfono. La llamada pertenecía allí, al otro mundo. Los demás ya habían acudido a la llamada. Un extraño poder les impedía entrar. Solo ella podía invocarlos. Pronuncio las palabras. No había tiempo para cambiarse.
Apareció entre un mar de ninjas. Cada cual pertenecía a una de las cinco naciones. Ante todos se fijo en el hombre que rodeaban. Se reía de su proeza. El de tener siete bijuus para su arma definitiva. Querer el poder de crear su propio mundo. Ser un DIOS. Ahora comprendía el significado del pergamino. De todo. Los sucesos del pasado se volvían a repetir.
-No me hagáis reír, – rio aquel hombre. – esto es vuestro poder. Ninguno de vosotros podéis conmigo. Entregadme a los jinchurikis del Hachibi y Kyubi.
-Yo no voy a ningún lado… Cof Cof – tosió Naruto. Su mano se mancho de sangre.
-Naruto recuéstate o perderás más sangre. - le regaño Sakura.
Habían llegado ene l momento adecuado. Ella hizo un gesto de confirmación. Los demás dioses se hicieron visibles. Ella hizo lo mismo. Escucharon una gran exclamación. Vestían sus ropas habituales.  Las que llevaban al ser invocados. La llamada había sido escuchada claramente por ellos. Lo sabían. Lo predijeron. Su hora culminaría allí.
-Leyeron nuestro mensaje. - Dijo con esperanzas Sakura mientras curaba a Naruto.
Cinco minutos en silencio. Parecía una eternidad. Nadie se atrevía pronunciar palabra alguna. Temían el poder de los dioses.
-Jajaja – rio el hombre. – Ahora un circo de supuestos  dioses. Pues llegáis tarde. Mi plan está a punto de levarse a cabo. – estaba loco.
El sol se escondía tras la luna. Puesta a otros mundos. El plan del loco de ojos rojos. Un ser que debía estar muerto.
-¡Nee! Este hombre está loco. – decía uno de los nueve dioses.
-Se cree superior a nosotros. – dijo otro.
-No podrá controlarlo. – Dudaba uno de ellos.-  Nosotros no estuvimos allí. -  miro a los dos que hablaron primero.
-Mejor no recordarlo. – cerro los ojos de espanto un cuarto dios.
El resto de los dioses incluido ella se mantuvieron en silencio.
-Sensei, ¿Qué hacen? – pregunto Sakura.
- No sé, Sakura-  contesto el  hombre enmascarado.- No parece jutsu.
-Intentan confundirlo. - hablo fascinado el monje- o distraerlo.
Aquel hombre callo en el juego de los dioses. Su intención era matarlos, pero por mucho que quisiera. No dejaba de alardear de sí mismo, de su poder, su arma… El eclipse solar  se estaba acabando.
-¡Chorradas! Vosotros usáis lentillas. – Grito.-  ¿Y qué pasa con ella – señalo.- es muda o qué?
-¡Uy! - exclamaron los ocho dioses y la miraron con temor.
Se fue acercando despacio al hombre. Le agarro del cuello y lo elevo un par de centímetros del suelo. Los ninjas retrocedieron unos pasos hacia atrás por puro miedo.
-Tú no eres quien para obligarme hablar. – Su voz sonó amenazadora y lo lanzo al cielo como si fiera una pelota. Se relajo. – Tardara varios días en volver.
La reacción fue lenta por parte de los ninjas. Vitorearon el milagro de sus plegarias. Pero antes de felicitar a los dioses. Estos desaparecieron. El monje volvía tener el pergamino entre sus manos con una nota.
</i> "Llega demasiado tarde" </i>
Guardo el papel junto con el pergamino en la bolsa. Miro a las personas más cercanas que tenia.
- Alguien debe ir tras ellos. –Sonrió.- ¿Quién se ofrece voluntario?
Unos pocos ninjas de otros países, elegidos por los kages- se ofrecieron, pero solo faltaba el país del fuego. Nadie quería ir tras ellos. Apenas la Hokage tenía dudas. Tenía una opción.
-Kakashi, -llamo la Hokage- tu iras con ellos.
El grupo se había formado. Los ninjas elegidos comenzaron la búsqueda una vez más.

~~~~~Recuerdos del pasado~~~~~

El viento soplaba suave y cálido. En sus pies desnudos sentía como la tierra se movía, la hierba crecer y el nacimiento de un nuevo ser. Paz tranquilidad. Sueño. No había dormido. Toda la noche de un lado para otro. Buscando alguna solución. Sino el mundo estaría en peligro. Pero ahora lo sabía. La rama, donde estaba un pájaro se quebró. Mala señal. Los pájaros del bosque salieron volando. Cerca. Alguien peleaba. Dos personas. Escucho el viento. Ellos dos otra vez. Los hijos de Rikudo. Sus riñas aumentaron tras la muerte de su padre. Viendo el ambiente y la dirección del viento se dirigió hacia allí. Esta disputa era de las gordas. El recorrido era eterno. Parecía no tener fin. Paró en seco. Su alma grito. Su corazón rompió en pedazos. Corrió a la velocidad de la luz. Allí los encontró horrorizados y petrificados por su acción. Uno de ambos había matado a su sensei.
- ¿Qu… - no le salían las palabras- Qué habéis hecho? - se acerco al cuerpo ensangrentado. Aun estaba con vida. No podía creérselo. Se sentía impotente. Incapaz de hacer algo. Antes de un dios es humana. Sus ojos se humedecieron. Quería y no podía llorar.
- Amida, nosotros... - Balbuceo uno de los hijos de Rikudo- no...
-Largaos de aquí- interrumpió y los miro con furia- ¡YA!
Ambos chicos desaparecieron ante la mirada amenazadora de ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¡Ey! Cof- Tosió sangre.-  No llores por mí. - seco sus lagrimas y la agarro con fuerza la mano. – Llego mi hora. Lo sé. Cof Cof.
-No –negó con la cabeza- puedo…
-No –la interrumpió.- Prométeme una cosa. – ella asintió.- Cuida de mi familia. – La sonrió forzosamente. Sus ojos se cerraron. Su fin llegaba.- Siempre te he amado.

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