sábado, 6 de noviembre de 2010

Lilith

En el siglo XIV, Europa sufría hambre y grandes heladas. Todo ello conllevo a muchos aldeanos a emigrar. Otros a sufrir los asaltos diarios. Lo estaban pasando mal. Los campos no daban sus frutos. El ganado no daba ni leche ni carne. Tenían hambre los de la aldea. Temían a los malhechores. También a la noche.
Era un lugar especial. La mayoría de los habitantes eran brujas. En sus reuniones utilizaban a sus vecinos. Estos lo olvidaban al día siguiente. Estas brujas ofrecían al demonio a sus vírgenes. A la espera de la llegada del hijo de su señor. No lo sabían. Lo intuían. Quienes acudían a ellas, eran vampiros sedientos y salvajes. Les ofrecían la sangre de sus sacrificios.

 Llego la ultima luna llena del año 1315, las brujas dejaron de ofrecer vírgenes. Porque cada vez eran menos. Entonces estos demonios decidieron atacar. No por esa razón, sino de que gran parte de los jóvenes eran sus hijos. No podían permitirlo. Incendiaron  gran parte de la aldea. Los persiguieron y atacaron. Jugaron con ellos. En el lugar solo había caos.
-¡Mama! – Gritaba una muchacha asustada.- ¿Qué está pasando? Tengo miedo.
-¡Sssh! – La mando callar.- No hagas ruido. Escóndete allí.- le señalo a una esquina.- No hagas ruido.- Miraba por la ventana preocupada- ¿Dónde estará tu hermano?

La gente corría de un lado a otro. Huían. Unos pocos resistían. Peleaban por sus vidas y familias. No les importaba morir. Mientras ellos estén a salvo. Atacaban a los demonios con lo más cercano a sus manos. Machetes, espadas, guadañas, martillos y otros utensilios. No les hacían ningún daño. Nada. Un grupo de demonios se paro frente a  cierta casa. La mujer se alarmo. La habían visto. Corrió hacia su hija. La abrazo con fuerza. Rezo para sus adentros. La puerta se abrió de golpe. Un hombre entro al hogar. Buscando algo o alguien. Olfateo el aire. Clavo los ojos en ambas mujeres. Estaban temblando de pánico. Reconoció a la mayor. Sonrió enseñando sus colmillos.
-Hija. - La susurro.- No tengas miedo. Yo lo distraigo. - La niña movía la cabeza.- Cuando te diga ya. Sales corriendo y buscas a tu hermano.
- Vale mama. - Estaba a punto de llorar.
La mujer se levanto. Se alejo de su pequeña. El vampiro la agarro de la muñeca. Olio su piel.
-Hola querida.- miro hacia la niña divertido. El miedo de los humanos le excitaba.
- No la hagas nada.- Sabia donde miraba. – Aun es pequeña. No…
-¡Calla! – La miro con desprecio.- ¿Cuándo ibas a decírmelo?- La agarro del cuello
-¡Hija corre! ¡CORRE! - grito como pudo. Fue lanzada contra la pared.
La muchacha obedeció a su madre. No alcanzo la puerta. La agarro del cuello con fuerza. Vio a su madre inconsciente. La elevo varios palmos del suelo. Para verla mucho mejor. Se lamio los labios. Olio otro olor similar a la de la muchacha. Volvió la vista hacia la mujer. Ahora si estaba furioso. Se acerco a la mujer sin soltar a la chiquilla.
-Puta – escupió. La metió tal patada que la mato.
-¡MAMA! –grito. La había matado. Aquel ser la daba miedo.
-Ahora te toca a ti pequeña.- Enseño sus colmillos.- No debiste nacer.- La mordió.
La estaba haciendo daño. No lo entendía. Quería gritar, pegarle, salir de ahí y correr. Pero no la soltaba. Cada vez se sentí más débil. No tuvo más remedio que aguantarse. Se echo a llorar. Su hermano entro por la puerta.
-¡MAMA!- La vio tendida en el suelo. No se movía. Ni le contesto.- ¡LILITH!
-E… -Sol pudo decir eso. Su hermana estaba siendo atacada.
-¡QUÉ! – Se acerco corriendo con un puño en alto.- ¿QUÉ LE ESTAS HACIENDO A MI HERMANA?
-¡Hum! - Paro el puño son su mano libre y apretó. Dejo caer el cuerpo de la niña sin vida al suelo. La sangre caía de la comisura de sus labios.- Muchacho ni te atrevas.
-Bastardo las has matado.- Aguanto el dolor.- Lo vas a lamentar hijo de perra.
-Hijo vigila tus palabras.- Le retorció el brazo y lo empotro contra la pared. Miro hacia la niña.- Algún día me lo agradeceréis, hijo.
-Yo no soy tu hijo.- Le dijo con odio y rabia.
-¡Oh! Si lo eres.- Se divertía. Se acerco a su oído y susurro.- Tu madre nunca os lo ha contado, pero soy vuestro padre.- Su risa resonó por todo el lugar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario