domingo, 5 de diciembre de 2010

Cuando el cielo se cae - Estrellas Fugaces

La nieve se amontonaba sobre el tejado. El frio entraba por cualquier agujero de la casa. Un fuego protector en la chimenea. Una taza caliente de chocolate en las manos. Una mirada perdida en un punto fijo del camino tras un gran ventanal. La joven esperaba la llegada de su padre. Tenía un mal presentimiento desde que se levanto. Bebió un sorbito del contenido de su tasa. Eso la aliviaba de su preocupación. Era tarde. No era habitual en él. Miro por un instante el plato vacio de la mesa. Para cuando llegara, estaría fría la cena. Volvió la mirada hacia el punto inicial.

Transcurrieron varias horas. El fuego se extinguió. Seguía en la misma posición con la taza en las manos. Pero se había quedado dormida. Una luz la despertó. Provenía del cielo. Venia directo hacia su casa. Se asusto. Alarmada, la taza se le resbalo de las manos al suelo. No fue así. Aquella luz paso por encima cayendo sobre el bosque. Respiro aliviada. No paso nada. Todos seguían en su sitio. ¿Qué había sido eso? 

Salió de la casa a inspeccionar. Todo estaba normal. Volvía al interior del hogar. Le extraño aquello. Parecía tan real. Recogió los trozos y las dejo en el fregadero. Unos golpes en la puerta la hicieron volver.

-¡Hija, abre la puerta!- reconoció la voz.- ¡Corre!
-¡Voy!- corrió hacia la puerta y la abrió. Su padre cargaba algo en sus hombros.- ¿Qué ha sucedido, padre?
-Ahora te lo cuento.- Entro arrastrando el bulto hacia las habitaciones.- Prepara la habitación de invitados. ¡Rápido!

Fue rápida hacia el cuarto de invitados. Abrió las contraventanas para airear el lugar. Encendió un par de velas. Pues hace varios días que carecían de electricidad. Ablando un poco el colchón y las almohadas de la cama. Su padre alcanzo a llegar. Aquel bulto se veía pesado. Llego cansado y exhausto. Tiro el bulto con cuidado sobre la cama. Oculto el que era. Ella no lo veía. Se encontraba justo en el marco de la puerta como su padre le había indicado. 

-Trae agua y un paño.- Le ordeno y después empezó a murmurar.

Tardo un rato a traer el pedido. No había paños limpios. Tuvo que arrancar un trozo de una sabana vieja. Cogió un bol. Abrió el grifo. Un grito de dolor procedente de la habitación. La asusto. Lleno el bol. Agarro el paño y fue a entregárselo con urgencia. Lo deposito en la mesilla. Su padre la sonrió. Humedeció el paño. 

-¿Qué es padre?- le pregunto con curiosidad. Quería saberlo.
-¿Viste al luz que cayó del cielo?- puso el paño sobre algo. No contesto a su pregunta.- La estrella fugaz, hija. ¿La has visto o dormías?
-Si, la vi. Se dirigía hacia aquí, pero desapareció.- Le contesto, aunque no entendía el porqué.- ¿Qué pasa con eso?
-Hija,- La miro de reojo.- desde el observatorio divisamos una lluvia de estrellas. Raras en esta época. Creímos que era un esteroide acercándose, pero…
- Por eso no viniste a cenar.- le interrumpió.
-Si. No era así. Descubrimos una cosa.- Se giro sin mostrar a quien ocultaba.- No era ningún esteroide y menos estrellas fugaces…- se le hacía difícil.
-Entonces. Si no eran estrellas fugaces.- Estaba impaciente por saber.- ¿Qué eran?

Su padre se aparto de la cama. Le dejo ver al individuo que escondía. Se acerco un poco para verlo. No podía creer. Sus ojos la engañaban. Se llevo las manos a la boca sorprendida. No tenía palabras. Ante ella un ser de gran belleza que jamás haya visto en la tierra.

-Cuídalo, hija.- le dio un beso en la cabeza.- Se recuperara pronto. Debo regresar al observatorio.
Ella movió la cabeza diciendo si. Se sentó en la mecedora junta a la ventana, sin apartarla vista de aquel ser. 

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