sábado, 21 de mayo de 2011

El demonio de mis pesadillas - De Padres a hijo

¿Qué he hecho? ¿Qué me ha pasado? No era yo. ¿Por qué en ese momento? No debió activarse, pero estaba tan furioso. Perdí el control sobre mí y mi poder. No me di cuenta de lo sucedidos hasta que mi padre me golpeo. Ahora estoy confuso, paralizado y la mente en blanco. Me duele todo el cuerpo. ¿Qué estará pasando ahí dentro? Huele mucho a sangre. ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? No paro de repetirme eso todo el rato. Esa voz… ¿Qué pretende hacer esa Zorra? Ya se lo deje bien claro hace años… No quiero nada con ella. Solo la utilice para entretenerme. Ahora, ella se divierte más con mi padre. Por fin, se fue. No la soporto. Se escucha movimientos. La puerta… Otra vez mi padre. ¡SANGRE! Yo… Yo… Yo he provocado eso. Hay demasiada sangre de… Ella esta…. Sus ojos reflejan dolor, tristeza y temor. Soy un ser aterrador, un monstruo. Padre tenía razón. No debí salir jamás. Por lo menos, debo intentar arreglar todo este desastre, ¡JODER! ¿A dónde me leva? No quiero irme. Quiero estar con ella… Si me muevo, mas fuerte me agarra. Hemos llegado a casa. Me esperaba otro sitio. Tengo que comunicarme con ella antes de que me aislé. Me despojara de mis poderes demoniacos. ¿Cómo lo hago? Tengo la mente bloqueada. ¡Ah! A través de sus sueños…

-Perdóname.- La suplico arrepentido. Aun no se ha dormido.- Perdóname…
-¡No te acerques a mí!- Grito en su sueño- Me has hecho mucho daño. Me das miedo. Siempre…, lo has hecho.- No se deja ver. Alguien intenta protegerla de mi.- ¡Aléjate de mí! No te voy a…
-¡Se mi reina!- La interrumpo antes de que acabara su frase.

Pero mi padre me lanzo como un fardo de patatas sobre mi cama. Me ha interrumpido. Esta muy cabreado. Tiene esa mirada que no me gusta. Gruñe con furia.

-Aun no lo será.- Me dice con su tono no tranquilizador. ¿Se refiere a ella?- Ahora espera aquí y no hagas una locura en mi ausencia.- Se dirige a la puerta.- Debo hacer unas cosas. Regreso enseguida. Debemos hablar muy seriamente.- Cerro la puerta de un portazo.

Sus pasos se alejan ruidosamente. ¿Debe ser muy urgente para no echarme la bronca? Mi prioridad en este momento es serenarme y buscar alguna solución. ¿Ese ruido? Procede del armario. ¡QUÉ! ¿Qué hace esta Lagarta aquí? La prohibí la entrada a este lugar. Además aparece así vestida con un corsé y un minúsculo tanga de color negro y también un ligero rojo. Se acerca peligrosamente hacia a mí. ¿Qué hace? ¿Por qué me pone su pecho en todas mis narices? ¡Qué piensa esta! ¡Qué le voy quitar ese corsé a mordiscos! No lo va conseguir. Me hice inmune a ella y a sus encantos. ¿Qué hace con mi mano? ¡NO! ¡MIERDA! La lleva hacia uno de sus pechos. Ahora intenta desvestirme. Sera… No me deja moverme. Me tiene bien agarrado a los huevos. ¿A dónde se habrá ido mi fuerza? ¡Es eso! ¡Esta Guarra me ha lanzado un hechizo! Se ha mordido el labio inferior… ¿Qué hago? Se sus intenciones. Lo suponía. Quiere y me está besando. No voy a sucumbir a sus deseos. No va poder conmigo. Se acaba de separar bruscamente. Esta frunciendo el ceño y su expresión cambia radicalmente a una sonrisa maliciosa. ¿Qué ira hacer ahora? Me ha soltado la mano. Se pone encima de mí y me acaricia el pecho con deseo. Sus caderas empiezan a moverse al compas de una canción silenciosa. Quiere provocarme. Necesito deshacer este hechizo. ¡Piensa! ¡Piensa!

-Penétrame como en los viejos tiempos.- Me susurra al oído.

Esos pasos. Mi padre se acerca. Esta es la oportunidad. Acaba de distraerse. Me la quito de encima con un movimiento rápido y la empujo hacia la puerta, pero justamente se choca con mi padre. Vuelve a traer esa cara. Enarca una ceja y la agarra del brazo.

-¡A ti te estaba buscando Furcia!- La va empujando hacia fuera.- Larga a mi despacho y vístete Zorra.

Antes de salir por esa puerta, dirige una última mirada hacia a mí. Le divertía la situación.

-¡Ah, una cosa!- Se acordó de repente.- ¿Te gusto mi regalito de antes?

Se largo riéndose con eso último. ¡Ha sido ella! ¡Le ha lanzado un hechizo contra mí! ¡La voy matar con mis propias manos! Padre impide que corra tras esa Fulana. La puerta se cierra. Me agarra de los hombros y me obliga sentarme sobre el borde de la cama. Me mira a los ojos y…

-Hijo, yo me encargare de darle un par de lecciones a esa. Tranquilízate.- Señala hacia la puerta con la cabeza. Fijo que está escuchando- Ahora debemos hablar de lo que ha pasado antes.
-Padre, yo… yo…- No me salen las palabras.- Yo no sé qué hecho. No era mi intención de… Soy un monstruo.
-No lo eres.- Me da un a pequeñas palmaditas a la espalda.- Comprendo cómo te sientes. A mí me paso lo mismo con tu madre… Algún día debía pasarte a ti, pero no de esta forma. –Me contaba.- Ya sabíamos que esto iba suceder, pero llegamos tarde… ¡Esa zorra lo va lamentar!- Suspira frustrado.- Recuerdas cuando eras pequeño. Cuando le preguntaste a Shizuka que guardaba en su vientre.
-Sí…- Me dejo descolocado.- ¿Cómo sabes eso?
-Me lo conto ella… Escucha bien hijo.- Empezó a contarme en un tono normal. -Cuando te fuiste a comerte la tarta de chocolate. Shizuka tuvo una visión de ti…
-¿¡CÓMO!?- Le interrumpí porque me sorprendió eso de la visión.- ¡Y me lo cuentas ahora!
-Cálmate Kakashi.- Movió la cabeza como negando algo.- Te lo cuento ahora porque ya está sucediendo y deberás tener mucho cuidado.
-¿¡CÓMO QUE CUIDADO!?- Ya me altere.- Acaso no has visto lo que he hecho antes. ¿De qué voy tener cuidado? ¿De mi o… -Caí en la cuenta de lo que quería decir mi padre.
-Por tu expresión, ya te has dado cuenta.- Volvió a palmear mi espalda.- No es de ti, sino de otros que quieren verla muerta, para que tu no puedas tener un heredero y subir al trono. Ellos quieren usurpar lo que tú tienes por derecho. Te quieren ver sufrir, hijo.
-¿Y qué puedo hacer? –Sus palabras me tranquilizaron.- No quiero volver hacerla daño otra vez. Ni tampoco matarla.
-No te preocupes.- Apretó su puño.- Nosotros nos ocuparemos, yo y su madre. Nadie cuenta con nosotros. –Se dirigió hacia la puerta.- Lo único que tienes que hacer ahora es descansar y alejarte unos días de ella. No me mires así. Ha perdido…
-¿El que ha perdido, padre?- Me volví alterar.- Sangre, eso ya lo he visto.- Otra vez no.- ¡NO!
-Si, hijo, si.-Me mira con tristeza.- Lo siento y descansa.

Esa noticia me destrozo por dentro. Soy un monstruo. ¡MIERDA! ¿Qué voy hacer si me vuelve pasar lo mismo? No podre soportarlo y ella me odiara para siempre. Nunca volveré a verla. Caeré en desgracia y no seré digno de ser rey de los demonios. Sin una reina a mi lado no podre. Perderé todo. No seré nada. Para el colmo, perdería mis poderes, si alguien que no pertenece a mi familia sube al trono. No puedo permitirlo. No puedo estar de brazos cruzados en este momento y menos descansar. No puedo. ¿Por qué? No debo engañarme. Estoy cansado de tanto ajetreo. Mis heridas han sanado hace rato. No estoy en condiciones de hacer nada por ahora. Acatare el consejo de mi padre de descansar.
Sera mejor que me ponga el pijama. Aunque primero deberé desvestirme. Dejo la ropa ahí tirada y me dirijo hacia el armario empotrado. ¿Dónde deje mi colección de pijamas de seda? En este lado del armario no están. Tampoco en este lado. Por allí, los encontré. Me decanto por este de color negro como mi alma y animo en este momento. Suspiro con desgana. Mi cama… Huele a ella… Todo está impregnado de ella. Mejor voy a dormir. Estoy tan cansado….

-Te he estado esperando, mi niño.- Mama vino a mí con su hermosa sonrisa a mis sueños.
-¡Mama!- Corrí hacia ella y me eche a llorar en su regazo.- Hice algo horrible…
-¡Ssh!- Me consoló.- No fue culpa tuya, pequeño. No eras tú.
-Pero… Pero…-Titubee. Me seque mis lágrimas en su blanco vestido.- ¿Qué pasa si vuelvo hacerla daño?
-¡Oh mi niño!- Acaricio mi cabeza y me despeino aun mas.- Yo la protegeré desde aquí, al igual que tu padre y su madre. – Me abrazo.- También te susurrare palabras para que te den valor. Aquí todos esperan ver esa unión algún día.
-¿De veras?- Me siento pequeño ante mi madre.- Ella estará conmigo por mucho que suframos.
-Sí, -Sonrió ampliamente.- siempre está ahí para ti. En el fondo te quiere mucho. Aunque…
-¿Qué pasa?- su silencio me inquieta- Mama dímelo.
-¡Que has crecido mucho!- Me tira del moflete.- Ya eres un hombre. Sabrás lo que tendrás que hacer cuando estés preparado. – Me besa en la frente.- Ella aun no está preparada para ser tu reina. Dale tiempo, ¿De acuerdo? Mi tiempo ha acabado ya, chiquitín. Cuando vuelva a verte, ojala sea para bendecirte.

Se marcho. ¿Cuándo será la siguiente vez que la vea? ¿Por qué tuvo que marcharse tan pronto? Quería hacerla más preguntas y que me diera mas mismos como cuando era pequeño. Pero otros sueños surgieron de mi interior encerándome en ellos….

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