jueves, 26 de mayo de 2011

El demonio de mis pesadillas - Dulces Pesadillas

¿Cómo pude esta un mes sin verla, sin tocarla, sin oler su aroma? ¿Cómo lo pude aguantar? Es tan hermosa. Dan ganas de besar sus rosados labios, todo el tiempo. Son dulces y sabrosos. Ahora están perfectos. Podía… ¡No! Me golpearía. No le gusta que la bese mientras duerme. Yo aun no he dormido. No tengo sueño. Prefiero verla como lo hace. Normalmente desaparezco, pero esta vez no. Se mueve mucho, porque no coge postura. Si la abrazo, se queda muy quieta. Se tapa hasta el cuello para no pasar frio. Me ha destapado dos veces. También esta lo de la almohada. Se abraza a ella. Aunque esto lo sé desde el principio, cuando la molestaba. Ahora lo aprecio más. La hace más…. Me perdí en su piel. Es tan suave… Quiero que despierte. Estoy impaciente. Necesito mostrárselo cuanto antes. ¿Le gustara? ¡Ay! ¿Cómo puede tener los pies tan helados? Con ellos podría congelar el mismísimo infierno. A ver si puedo calentárselos. Mmm… Se está despertando. Su sonrisa adormilada la delata. Se ha dado la vuelta, hacia mí. Ha abierto un ojo. El otro lo mantiene cerrado. Significa que va seguir durmiendo. Solo falta una hora. Debo avisar a padre. ¿Dónde deje mi teléfono móvil? Esta ahí en la mesilla.

-¿Qué hora es?- Bostezo.- Extraño, sigues aquí.
-Son las seis de la mañana.- Acaricio su mejilla.- Sigue durmiendo. Yo no pienso marcharme de tu lado.
-Mmm… De acuerdo.- Cerro el ojo y se acurruco.- Seguiré durmiendo.

Mira que es dormilona. ¿Cuántas horas será capaz de dormir? Voy a coger el móvil. Tengo que escribir rápido el mensaje. Paso de despertarla con los gritos de mi padre. ¡Vaya! Contesto rápido. Menos mal. Les dirá a los demás que estoy en unos asuntos y me la he tenido que llevar conmigo. Gracias Padre. Tú me comprendes. ¡Mierda! Debo también avisar al tontolaba de mi ayudante. ¡Bah! Lo avisara mi padre. No tengo ganas de aguantarlo. Pierdo la paciencia con ese tipejo. Pienso demasiado. He bostezado. Voy a desconectar la alarma del despertador. Mejor hago otra cosa para mantenerme despierto. Me tienta a hacerlo.

-¿Qué haces?- se removió incomoda.- Me haces cosquillas.
-Nada.- La besaba en el cuelo.- ¿No te gusta?
-No.- Me abrazo- Solo que…
-¿Qué pasa?- La sonrió.- ¿Estar adormilada?
-Tengo frio.- Apoyo su cabeza en mi pecho.- No quiero salir de aquí. Se está bien.
-Pues… No lo hagamos.- La arropo entre mis brazos.- Pasemos todo el día en la cama.
-¿¡Estas de broma!? – Se alarmo. Le ha parecido raro.- ¿¡Y el trabajo!? – Se ha despertado.- ¿¡Y tu reunión!? ¿¡Te has vuelto loco!?
-Jaja.- Me rio.
-¿¡Te estás riendo de mi!? -Forcejeo para soltarse.- ¡Suéltame!
-No.-Sigo riéndome y me aferro más a ella.- ¡Cuidado! ¡AY! -Me ha dado un golpe bajo- ¡Cómo duele!
-¡Lo siento! ¡Lo siento! –Puso sus manos en mi rostro y beso mi frente.- Fue sin querer. No quise darte.- Puso esa carita con morritos y se me paso el dolor al verla.
-Se me ha pasado. Me has pillado con la guardia baja.- Se ha distraído con mi cicatriz.- ¿Qué pasa?
-¿Cómo te la hiciste?- Acaricio una parte que acaba en mi mejilla.- Todavía no se te ha curado bien.
-Ya te lo dije fue en el infierno.- Agarro su mano.- Entrenando.- No quiero recordarlo.- Fue culpa mía o…
-¿O qué? ¿Te atacaron?- Se puso en plan paranoica.- ¿No te faltara nada? –Empezó a toquetearme y respiro tranquila.- Menos mal.
-No me falta nada y por ahí ya has tocado.- Me ha manoseado mucho. Tendrá ganas de hacerlo.- Otro día te lo cuento. Ahora tengo ganas de otra cosa… 

No la permito replicar, porque la beso antes de que lo haga. Si ella tiene ganas… No me lo impide. Algunas veces me golpea cuando entiendo mal sus intenciones. En esta ocasión si la he entendido bien. Es el momento para manosearla yo, pero bien. Se volverá adicta. ¡Ya lo es! Soy su droga favorita como ella es la mía. ¿Por dónde empiezo? Hay muchos sitios por donde me gustaría… ¡Ah! Mi lugar favorito… Mis sospechas son ciertas. Tiene ganas y sin haber hecho mucho… ¡Mierda el móvil! No quiero cogerlo. Sera mi ayudante. ¡Espera! Igual es…

-Espera un momentito.- La doy un besito y agarro el móvil.- Debo atenderlo.
-No…-Suplico.- Atiéndeme a mí. Déjalo sonar, por fi.
-Es importante.-Me pongo seria para que lo tome bien.- Es mi ayudante.- Le miento un poquito.- Me debe informar de una cosa.
-¡Jo!- Se quejo y se dio la vuelta. Para colmo me destapo.-Eso atiende a ese. Seguro que te lo hace mejor. Fijo, es gay. Tiene toda la pinta de serlo. No quiero que vuelvas.
-¡EY!- Me acerco a ella y la beso en la mejilla. Se ha enfadado.- No tardo nada. Solo espérame.
-¡JUM!- Se tapo hasta la cabeza con la manta.- Si vas a la cocina tráeme algo para desayunar.

Siempre hace lo mismo. Se enfurruña y luego pide de comer. Mejo, voy a contestar la llamada. La he estado esperando desde ayer. Lo tendrán todo preparado. ¡Qué sea así! Lleva un rato sonando. Voy a salir al pasillo. No, mejor será ir al salón. Allí no podrá escuchar nada. Estoy nervioso. ¿Aceptara?

-¿Si?- Cojo el teléfono. Al otro lado del alinea, el ayudante de mi padre me informar que todo está preparado.- Ajam… De acuerdo.- Sonrió. Me ha dado una alegría enorme.- Estas abajo, bien. Enseguida voy.

Cuelgo y regreso a su habitación. Me quedo un rato observándola desde el umbral. Se ha vuelto a quedar dormida. Parece un rollito de primavera enrollada entre las sabanas. Se me ha ocurrido una cosa. La va molestar. Lo sé. Así la hago despertarse. Aunque para mi sea un juego divertido. Sin hacer ruido como antaño, no tanto, solo unos meses. A ver si recuerdo como lo hacía. Era tirar de las sabanas. La estoy destapando y ni se inmuta. Esta profundamente dormida. ¿Qué voy hacer con ella?

-Bella durmiente.- La llamo susurrando. –Te he traído el desayuno.- Otra mentira.- Si no despiertas, me lo como yo.
-¡¡COMIDA!!- Abrió los ojos y se incorporo a velocidad luz.- ¿¡DONDE!?- Me mira buscándola.- ¿¡Eh!? Mentiroso no traes nada.
-Ya…- Me encojo de hombros.- Es parte de mi naturaleza.- Cojo mi ropa que anda tirada por el suelo.- Anda vístete o…
-¡No!- Grito alarmada.- No tienes gusto para ropa femenina.- Se levanto de la cama y se dirigió hacia el baño.- Y no voy a ningún lado contigo.
-¡Ah! ¿¡No!?- La misma escusa de siempre. Acabara viniendo.- No tenias que ir a comprar una cosa… ¿Cómo se llamaba?- Me lo dijo anoche y no lo recuerdo.- Para el portátil de mi padre.
-No,- Me sonríe alegremente.-eso lo paga la empresa.- Se ríe un poco.- Voy a ducharme- Se da la vuela.- y no necesito ayuda.
-¡Uh!- Me lee la mente y aun no la han inicializado. Además soy yo quien se la lee de vez en cuando.- Pues date prisa. – Ya me he vestido.- Te…-Ha desaparecido.- Te espero abajo.
-¡Vale!-Grito desde la ducha-¿Me invitaras a desayunar?
-Si tú quieres.- Le digo desde el pasillo.- Algo con chocolate. ¿Te perece bien?

Salgo de su casa cerrando la puerta con suavidad. Así las vecinas no se enteran de que yo estoy allí. Por desgracia ya lo sabrán. Las paredes de este edificio son finas o esas viejas tienen un oído fino. Debo intentar no pensarlo. ¿Cojo el ascensor o las escaleras? Opto las escaleras. Bajare de dos en dos los escalones. Ella es rápida duchándose y vistiéndose. Bueno son dos pisos. Ella vive en un segundo piso. Ya veo el portal. Ahí está el ayudante de mi padre. Siento una mirada clavada en mí. ¡Qué susto! ¿Y estas viejas que hacen aquí? Una de ellas me resulta vagamente familiar. ¡Mierda! Voy coger rápido lo que me tiene que entregar ese o descubrirá todo el pastel ella. Al fin me lo ha traído. Esta todo correcto. También ha dejado enfrente el nuevo coche. Mmm… Plateado, yo lo pedí negro. Da igual. Es una maravilla. ¿Qué hago con esto? Me lo meto al bolsillo de la americana. No lo notara. Se lo daré mas tarde. ¡Qué baje ya! Se me hace eterno. No llevo ni quince minutos aquí. Ahí baja. Voy a ser un caballero con la puerta. Otra vez esas viejas. ¡Y se quedan ahí! ¿Qué creen que van a ver? ¡Oh! Lleva un bonito vestido de tirantes con flores rosas y azules. Esta preciosa. No lo puedo evitar. Nunca la he visto así. Tan… Tan… ¿Esta más baja de lo habitual? Lleva unas sandalias planas de color blanco.

-Ho… Ho…- Se me traban las palabras. No puedo apartar la vista de sus piernas. Quiero tocárselas.- la…
-¡Eh!- Me golpea para que la haga caso.- Mis ojos esta aquí arriba no ahí abajo. ¡Pervertido!
-Mmm…-Prefiero no contestarla o me golpeara otra vez ahí.
-¿A dónde me vas llevar a desayunar?- Me pregunta tan radiante.
-Mmm… Primero- Saco el pañuelo de seda rojo y la vendo los ojos.- quiero llevarte a un sitio y no lo puedes ver ahora.- Esto último se lo digo bien bajo.
-¿A dónde? No iras encadenarme – Empezó a exagerar con la situación.- y luego violarme.
-¡Suéltala violador, no le toques un pelo a la niña!-Grito con voz aguda una de las viejas cotillas seguido de bolsazo. ¿Qué lleva en ese bolso? ¿Piedras?
-Mujer, deja de darle bolsazos. – La otra intenta suavizar la situación.- No ves que es el novio de la chiquilla.
-¡Oh! Lo siento.- Se disculpa y se aleja.- No lo sabía. Habérmelo dicho vieja chocha.

Ambas mujeres comenzaron a discutir entre ellas perdiendo la atención hacia nosotros. Aun sigo que la otra vieja se me hace conocida…

-¿Yaya, eres tú?- Pregunto ella dudando, pero no la oyeron.

¡Ah! Ya decía yo. Una de ellas es su abuela… No digo nada. La agarro del brazo y la guía hacia el coche, pero una voz retumba en mi mente.

~Cuidado con lo que le haces o si no te corto los huevos y se los doy de comer a tus queridas mascotas infernales~ Me amenazo aquella anciana mujer antes de perderla de vista.

Ahora caigo. Fue… Fue… No me los cortaría. Me haría algo mucho peor… Me entran escalofríos de recordar esas historias que me contaba mi padre de pequeño. No me dejaban dormir. Si sigo así, no llegaremos nunca. Saco las llaves de mi nuevo coche y abro la puerta. 

-Entra al coche.- La ayudo a entrar.- Esta lejos a donde vamos.
-¡Ah!-Exclamo y cierro la puerta.

Fui corriendo al otro lado y entre yo al coche. La abroche el cinturón de seguridad. Con el mío hice lo mismo. Puse en marcha el motor. Es la primera vez que conduzco. Espero no meter la pata. En todo el trayecto ella no pregunto, ni refunfuño, ni hablo,… Nada. Se ha quedado dormida. Ya me aviso su madre. Se queda dormida en lugares extraños. El semáforo en rojo… Esta es mi oportunidad de tocar sus suaves piernas. Puedo conducir con una sola mano. El cambio de marchas va solo. Pondré el automático. Si no lo hago, reviento. Huele a su crema corporal de avellanas. Me la comería… Son suaves como la seda que venda sus ojos. Son tentadoras…. ¡Ay! Me ha propinado un manotazo. No está dormida.

-No seas pervertido en un lugar como este.- Me clava las uñas en la mano.- Nos pueden ver.
-¡Jo! - Me queje como un niño pequeño.- Se puso en verde…

Aparte la mano, para no sufrir más. Lleva las uñas bien afiladas hoy. Luego me vengare dulcemente de ella. Ojala no me este leyendo la mente. Aunque yo…., puedo leérsela. ¿Qué estará pensando? Porque no habla. Sera porque le he tapado los ojos con el pañuelo o no tiene nada que decir. Me estoy poniendo de los nervios. Me asusta no oírla parlotear todo el rato. Voy a averiguar que piensa….

~¿A dónde me lleva? ¿Habrá croissant rellenos de chocolate o napolitanas? Mmm…. Tarta de frambuesa, de hojaldre, de merengue o de chocolate. Se hace la boca agua. ¿Desde cuándo tiene choche? ¿Cuándo le dieron el carnet de conducir? ¿He cerrado el grifo de la ducha? ¡Joder! ¡Me lo habré dejado abierto! ¿Pero qué…~

Se ha quedado en blanco o intentan protegerla como aquella vez en la que no podía verla. Su abuela, ha sido ella. Me entran escalofríos. No quiero que me los corte. Son muy preciados para mí. Así no cumpliré las expectativas de mi padre. No podre tener un heredero. Tranquilidad es lo que necesito. Todo esto pasara cuando este ya en el trono y con ella a mi lado. No falta mucho. Queda poquito para llegar. Veo ya el gran edificio. Le va encantar las vistas y no deseara irse de allí jamás. Jeje Cuándo vea el armario, me matara o me echa directamente por la puerta. También soltara: “No tienes gusto para ropa femenina”. ¿Cuántas veces me lo habrá dicho? Pero esta vez será diferente. Yo no elegí la ropa. Jeje. Bueno, más o menos, opine sobre la lencería. Creo que me dijeron que habían colocado unas cosas dentro del armario. No me han dicho el que, pero es cosa de mi padre. Me soltó así a buenas: “Te vas a divertir usándolos”. Miedo da, si dice eso. ¡Uy! ¡Uy! Extraño… Parezco un estudiante de un colegio religioso. No puedo dejar de imaginas las miles de travesuras que voy hacer. Jeje. ¡Mierda! Las llaves del garaje no las tengo. Hare un poco de… Ya… La plaza del garaje es el numero 69. La encontré a la primera. Además he dejado el coche entre las líneas. 

-¿Hemos llegado?- Me asusto con la pregunta. Tanto tiempo he estado en mis pensamientos.-Huele a garaje.
-Sí, hemos llegado.- Empieza sospechar.- Es el parking del establecimiento.
-Ya.- No se lo cree.- Aquí no huele a chocolate, ni a tartas, ni napolitanas, ni croissant… -Se quita la venda de sus ojos.- ¿A dónde me has traído?
-Jeje.- Rio algo nervioso. Me ha pillado.- Pues…- Mis manos tiemblan, pero consigo sacar la cajita.- Toma para ti.

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