domingo, 22 de mayo de 2011

El demonio de mis pesadillas - Sanando heridas

Ha pasado un mes entero y me siento mejor. Él no volvió a mí. ¿Por qué? Sera porque no le quise perdonar por lo que me hizo o porque le tengo miedo. No lo sé. Lo añoro tanto. Hay algo dentro de mí que… Pierdo el tiempo pensando en ello. No tiene la menor importancia. No va volver. Mi hermana se pondrá contenta, si llega a enterar. Aunque…, lo que mama me conto. Me dejo intrigada e inquieta. Mi destino está unido a él desde antes de mi nacimiento. Me dan escalofríos con solo pensarlo. Si sigo así llegare tarde. Hoy regreso a mi puesto de trabajo tras la baja. ¿Se habrán olvidado de mí? ¡Ojala! Porque mis compañeros me tiene frita. Ya he llegado. ¿Qué pasa aquí? ¿Y la gente? ¿Dónde se ha metido al recepcionista? ¡Anda! Mira, un recado para mí. Debo ir al despacho del jefe, el padre de él. ¡Qué pereza coger el ascensor hasta el último piso! Quiero ver a mi padre primero para abrazarle fuerte, pero debo ir… Seguro estará allí arriba.

-¡QUÉ! ¡Qué ese bombonazo es el hijo del jefe!- Escuche gritar a alguien cuando salí del ascensor- ¡Pero si esta buenísimo!

En cuanto di la esquina, lo descubrí. Todas las mujeres de la empresa y del casino estaban ahí armando jaleo. Jajá. Me han visto. ¡Qué caras! No me esperaban para nada aquí. Han salido corriendo todas con mi presencia. Mejor, menos agobios. Voy tocar la puerta. Alguien me la abre desde dentro. Es papa. Lo sabía, estaba ahí. Para mi desgracia, él también está ahí dentro. Mi corazón se quiere salir de su lugar. Lo veo raro como cambiado. Esta diferente. Su pelo ha crecido. Esta más musculoso. ¿Y esa cicatriz en su ojo izquierdo? Le hace más interesante. Esta más guapo. ¿Por qué me sonríe divertido? Para el colmo se comporta como alguien tímido y modosito. No lo voy mirar. Aun no lo he perdonado. Mi jefe sonríe alegre. Me da miedo cuando esta así. ¿Qué habrá tramado? No me gusta…

-Buenos días.- Salude a mi jefe y a papa. ¡Que se fastidie!
-¿Te encuentras mejor, hija? –Pregunto papa.- Estuviste días sin comer.
-Sí, sí, mucho mejor. Ahora como, ¿eh?- Le sonrió y me dirijo a mi jefe. Ignorando la tercera presencia.- ¿Para qué me ha llamado?
-Para nada importante, quería ver que estabas bien.- Saco un pequeño aparato y me lo entrega.- Toma esto, el otro día exploto eso y dejo de funcionar. A ver si lo puedes arreglar. Tómatelo con calma.
-De acuerdo.- Agarro el aparato que es un portátil.- Si me disculpáis iré a –Me doy media vuelta y me dirijo hacia la puerta.- trabajar.
-¡Akemi espera!- Grito mi jefe al acordarse de algo mas.- Llévate a este también. - ¿A quién le guiña un ojo?- Hoy empieza a trabajar con nosotros. A sí que – hace una pausa.- te encargo a ti en guiarlo hasta el despacho ese vacío de tu planta.
-Vale.- me encojo de hombros y salgo de allí cabreada.

¡Tierra trágame! Mi gozo en un pozo. Ahora debo hacerle de guía. Me niego rotundamente de ser su niñera. No quiero. Tengo cosas a las que atender primero. Su mirada se clava en mi nuca. Esto se hace eterno. ¿Cuándo acabara? ¡Oh, mierda! Encerrada con él en un ascensor para ir a dos pisos más abajo. ¡Joder! Venga sube. Cuanto antes me lo quite de encima, mejor. ¡Ea! ¡Ea! Necesito tranquilizarme o lo notara. Maldita música de ascensores. Es pegadiza y me pone de los nervios. Al fin se abrieron las puertas. ¿Qué ha sido eso? Acabo de sentí un escalofrió. Seguro, ha sido él- No, lleva las manos en los bolsillos del pantalón. ¿Qué le hará tanta gracia? ¡Bah! Voy a ignorarlo. Falta poco para dejarlo por el camino. Esta justo ahí. Aunque tengo curiosidad. ¿Cómo se habrá hecho esa cicatriz en el ojo? ¿Dónde habrá estado todo el mes?

-En el infierno. -¡Oh! Se digna hablarme.
-¡Eh!- exclamo como si no hubiera escuchado.- Hemos llegado.- Le señalo la puerta de su nuevo despacho.- Es aquí.
-Mmm…- Solo musita.- Vale.- Se acerco a la puerta sin apartar la mirada de mi.- Estuve entrenando todo el mes.
- ¿¡Como!?- Ahora me viene con eso.- Tengo cosas que hacer.

Me quedo a cuadros. Me está abrazando de verdad. No como… Es tan cálido y huele bien. Me pasaría todo el día así. ¿Qué hace? No me va soltar. No pueden ver. Acaba de besarme al frente. Esta muy raro. ¡Esta mimoso! Es la primera vez que lo veo de esta forma. ¡NO! Sigo en enfada con él. Me voy a separar.

-¿Por qué?- Pregunto apenado.- Si no fui…
-Déjalo.- No quiero escuchar.- Desapareciste un mes…
-¿Y tu aun no me perdonaste?- Me dio en mi punto.- Cuando él, no, la culpable fue tu hermana Naomi. – Agarra mis brazos con suavidad.- Me sentí como una mierda por lo que paso y aun sufro por ello. ¿Cuándo me vas a perdonar?

Una parte de mi se derrumbo, un muro invisible forjado en un mes. No puedo enfadarme con él. Además tiene razón. Fue mi hermana. ¿Por qué lo hizo? ¿Por envidia o celos? Ambas cosas en realidad. ¿Qué me pasa? Mis lagrimas caen por si solas. Yo… Yo… No sé qué contestarle. Se vuelve acercar mucho más. ¡EH! Ha abierto la puerta y me arrastra hacia el interior del oscuro despacho. Otro abrazo, esta vez algo mas fuerte pero con mimo. Podía acostumbrarme…

-Venia alguien.- Susurro a mi oído.- No quiero que te vean así.

Sus ojos han cambiado. No da esa sensación hipnótica. Es otra cosa. Es tristeza mezclada con ternura. Me seco mis lágrimas con su mano. Me sonríe con su perfecta sonrisa. No me alivia.

-Jamás volverá a suceder.- Siguió susurrando.- Mientras estés junta a mí. Te lo prometo, porque te quiero.

Nunca creí escuchar esas palabras salir de su boca. Las ha dicho. Me duele el corazón con ellas. Me han afectado. ¿Por qué ahora?

-No hace falta…-Se acerco a mis labios.- Esperare…

Sus labios me quemaron. Sus besos también han cambiado. Son diferentes, más cálidos y tiernos. Los echaba en falta sus adictivos besos. Me falta aire se separa.

-Te he echado de menos.- Me vuelve a besar.- ¿Y tú a mi?
-Sí, -Otro beso.- Y mucho.
-Ven.- Agarro mi mano y la beso.- No te tropieces con nada.

Afirme con la cabeza y me dejo guiar por él. Hasta ese momento no me fije en su despacho. Paredes color gris perlado sin cuadro alguno, unos estantes, una gran mesa de caoba, un sofá de tres plazas de cuero de color cereza, un gran ventanal con la cortina corrida y una puerta hacia algún lugar. Debe ser el ropero. Todo es sombrío y no se ve mucho. Aprieta mi mano con fuerza. Se gira. Rodea mi cintura con su único brazo libre y me aúpa sobre la suave mesa. No hay nada encima, solo yo.

-Dame eso.- Me suelta y coge el portátil.- Nos va a molestar.
-No lo tires con fuerza.- Le advertí.- Es frágil.
-Como tu.- Besa mi frente.- Lo dejare en el estante.

Lo dejo donde dijo regreso a mí. Se aflojo la corbata y tiro la tiro al suelo. Su americana la lanzo al sofá. Se abalanzo con ansia. Me ayuda a quitarme la chaqueta y empezó a desabrocharme uno a uno los botones de la blusa. Su mano en mi piel me estremece. Un cosquilleo sube desde mi estomago hasta arriba. Estoy nerviosa. Parece la primera vez. Él también lo está. ¿Por qué ha parado?

-Me encanta que seas tan modesta.- Se refiere a mi sujetador.- Es una pena…
-No iras a romperlo.- Empecé a desvestirle.- Es nuevo…
-Mucho mejor.- Se mordió el labio inferior.

Se abrazo a mí y el sujetador desapareció. Besuqueo y lamió mi cuello, mi hombro, mis pechos… Sus caricias subieron desde la rodilla hasta el interior de mi falda. Buscaba su lugar favorito. No tardo en encontrarlo. Aunque lo estaba deseando. No puede ser. Nos están interrumpiendo. ¿Quién será? Él acaba de gruñir con rabia. Alguien fuera esta aporreando la puerta. Golpea la mesa con fastidio.

-Disculpa señor.- Se escucho a través de la puerta.- Soy Daku Fukushu, su nuevo ayudante. Le traigo su material de oficina…

Farfullo palabras intangibles. Me beso por última vez, pero tampoco quería que acabase. Se volvió a vestir rápido y me hizo señas para que hiciera lo mismo. No encuentro mi sujetados. ¿Dónde está? ¡Eh! Lo tiene él en el bolsillo del pantalón. Se ha metido la mano en el bolsillo. ¡Mierda! No me lo va a devolver. Para el colmo esta blusa transparenta. Vale, me abrocho la chaqueta y listo. ¿Qué le hará gracia, ahora? Le saco la lengua. Agarro su corbata del suelo y se la coloque, bien apretada al cuello. Le ahogue un poquito. Se lo merece por tonto. ¡Y sonríe!

-Siéntate en el sofá.- Me decía en voz baja.- Aquí no ha pasado nada, ¿Vale?
-Si señor.- Me burle en cierta forma de él.- Me quedare quietita ahí.

Me siento y observo la situación. Él se rio y negó. Abrió la puerta despacio y desganado. Ahí está el culpable, un joven hombre pelirrojo de ojos verdes. Se colocaba bien las gafas. Se le nota nervioso. Le tendió la mano y se la apretó con fuerza. Estaba enfadado con ese tipejo.

-¡Oh!- Exclamo sorprendido al verme.- ¿Estaba ocupado? Entonces regreso mas tarde.
-No importa.- Bufo autoritario.- La señorita se marchaba ya, ¿no?
-Si,- Conteste sonriendo y sin moverme.- me marchaba ya. –Me levanto y cogí el portátil.- Tengo trabajo.
-¡Eh!- Miro el carrito con trastos y revolvió entre ellos.- Esto – Saco un cargador.- me lo ha dado el jefe. Se le olvido al jefe dártelo y también ha dicho que…
-¡Espera un momento!- No me gusta que iba decir.- ¿Crees que voy a coger ESO- Señalo a la CPU.- para colocarlo AHÍ?- Señalo la mesa y elevo mas la voz.- Y no me repliques porque hay como cuatro gandules en mi sección.
-Yo… Yo…- Tartamudeo con miedo.- Lo siento.- Dejo el carrito dentro.- Iré a buscar…
-¡Hazlo!- Le grite.- Si no te hacen caso, diles que vas de mi parte. Se ofrecerán enseguida a ayudarte. 

El pobre hombre salió corriendo. Le había asustado de verdad. Esa era mi intención. Me siento feliz. Ahora ese tipejo no me molestara. ¡Uy! Voy a mirarle muy despacio. Acaba de presenciar el porque me gane cierta fama de espantar gente. El primer día que entre, eche a aptadas a su padre de mi pequeño despacho. Si recuerdo bien, le grite. Intento seducirme. ¡Vaya! Menuda cara tiene. Se ha quedado asustado o asombrado y con la boa abierta. Aun sigo cerca del sofá, ¿no? Sí, estoy cerca. Me había despistado. Mejor me acerco a él o si no le entrara algo por la boca, como una mosca. Jaja. Se quedo paralizado. No reacciono. Lo voy pellizcar en el brazo.

-¡Ay!- Se agarro donde le pellizque.- Me has dado tanto miedo que me quede ido.
-Mira quien fue hablar.- Le golpeo y salgo de su despacho.- Voy a ver si han hecho algo esos gandules que tengo por compañeros.
-No te he dicho que te fueras.- Me agarra del brazo.- Tenemos algo pendiente.
-¿Ah sí?- Me hago la despistada.- De verdad, tengo cosas que hacer. Te lo dije antes. Te veo a la noche.
-Muy bien.- Suspiro y me soltó.- Yo debería empezar.- Miro hacia dentro.- No hagas grandes esfuerzos.
-Vale – Me voy alejando por el pasillo.- Señor.

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