viernes, 10 de junio de 2011

El demonio de mis pesadillas - Nuevos Aires

¡No! ¡NO! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Qué no lo sea! ¡Qué esa cajita envuelta en un papel de color rojo metalizado y la lazada de terciopelo negro, no lleve en su interior un objeto brillante! ¡Aun no estoy preparada! ¡No puedo ser…. Me atormenta esas palabras. ¿Lo abro o salgo corriendo? ¡Mierda! No hay salida y me pillaría enseguida. ¿Qué hago? ¿Desde cuándo se muerde las uñas? No puedo abrirlo. Tengo hambre. ¿Y si es… No, no lo es. Igual son bombones. A saber.

-Ábrelo ya o me va a dar taquicardia. –Me insistió de repente, pero yo no quiero abrirlo.
-¿Qué pasaría si no lo abro?- Sigo sin fiarme del contenido de la cajita.- Es que…, quiero abrirlo luego. Ahora me crujen las tripas.
-Pues…-Se ha quedado algo pensativo.- Si no lo abres ahora, el chocolate de dentro se derretirá.
-¡Chocolate!-Pongo los ojos como platos y lo abro a velocidad luz.- Esto…- Me engaño. ¡No hay chocolate!- ¿Qué es esto?- Le enseño el contenido de la caja.
-Unas llaves. -Se acerca inseguro.- ¿No te gusta el llavero?
-¿Para qué son?-Las cogí intrigada.- ¿Qué abren?
-Mmm…-Me rodea con sus brazos mi cintura.- ¿Una casa?
-Ya tengo una.-Me está tomando el pelo.- ¿Recuerdas?
-Si,- Porque sonríe así. Me hace daño en los ojos.- pero puede…
-¿Es Nuestra?- Lo he adivinado porque menuda cara se le ha quedado y acaba de confirmar que no es lo otro.- ¿Seguro?- Sonríe como un tonto.- ¿Si? ¿No será alguna travesura tuya?

No lo pude aguantar. Tenía que achucharle fuerte como a un osito de peluche. Él por supuesto se deja. Sera un peligro convivir con él. Tendré que comprar una correa para tenerlo a ralla.

-¿Quieres ir a estrenar la cama?- Me susurra de forma sugerente.
-¡PERVERTIDO!-Lo golpeo.- ¡Para eso me traes aquí! –Quiero desayunar.- ¡Para estrenar una maldita cama! ¡Para eso me quedo yo en mi casa!
-Tarde,- Se ríe con picardía.-tus padres ya se dirigen hacia aquí con tus cosas.
-¿¡Como!- Le pego un pequeño empujoncito.- ¡Vamos! ¡No quiero que toques mis cosas con esa mente sucia!

Se vuelve a reír. ¡Cómo no me di cuenta antes! Cuando dice tarde…. ¡HOSTIAS! ¡Ya no estamos en el garaje! Estamos… Estamos… ¡OH! Es el salón. ¡Es enorme! Esto para limpiar….. Tardaremos un mes en dejarlo bien limpio. Ese cuadro en la pared lo he visto antes en algún lugar. ¡ES MIO! ¿Cuándo me lo ha robado? Aquí hay más cosas mías. ¡Eh! ¿A dónde ha ido? No me gusta. Trama algo. De mientras voy a cotillear. Aquella puerta abierta será la cocina. Luego la veré. ¿Qué habrá en esta puerta? ¡Eh! Hay un baño, por lo menos tiene ducha. Sera el de invitados. La puerta de ahí será su respectiva habitación. ¡Ah! No lo es. Es un despacho con biblioteca. ¡Cuántos libros ahí! ¿Se habrá leído todo eso? ¡Bah! Voy seguir. A este paso no acabo nunca o acabare perdiéndome por aquí. ¡Otra puerta! ¿Cuántas habrá? ¡Da igual! Voy mirar aquí dentro. ¡A ja! ¡La habitación de invitados! Tiene poca cosa. ¡A por la siguiente! ¡Ey! Esta cerrada. ¿Por qué? ¡Jo! ¿Qué estoy pisando? ¿Por qué hay pétalos de rosa y velas en el suelo? ¡Va a quemar la casa! Mejor las apago una a una. ¡Que bajo esta el suelo! No podía estar más cerca. ¿A dónde llevara este caminito? Me lo imagino. Se dirige a la habitación principal. ¿Cómo será? Habrá una cama enorme y muchos cojines. ¡Oh! Esta abierta y acaba ahí el caminito. Voy asomarme. No quiero sustos. ¿Qué hace ahí sentado al borde de la cama? ¿Ha donde mira? ¿Se habrá dado cuenta que he llegado aquí? ¡Ah! Mira al ventanal que da al parque. Es precioso. Tengo una idea. Es la hora de mi venganza. Voy a asustarle. Sin hacer ruido me deslizo y subo a la cama que no me note. Llegue a su altura. Ha sido demasiado fácil. Esta con la guardia baja.

-¿En qué piensas? – Le susurro al oído. Se ha sobresaltado. Le abrazo desde atrás.
-Nada concreto.- Suspira y me mira de reojo.- Has tardado. Llevo esperando aquí como quince minutos.
-Eso no es mucho, ¿eh?- Me crujen las tripas repentinamente y él se empieza a reír.- ¿De qué te ríes? ¿Qué escondes, eh?
-¿Yo? Nada.-Esconde algo entre sus manos y no quiere enseñármelo
-¿Nada?- Le muerdo la oreja.
-¡Ey!-Se queja.- ¡No me muerdas! ¡Yo no soy comestible!- Me muestra el objeto, una taza de delicioso chocolate.- Anda toma.- Se deshace de mi brazo y se aleja un poco mas.- No quiero ser comido por una caníbal.- Me da la taza sonriendo.- Tu desayuno.
-¡Arde!- Se está riendo otra vez.- Hoy estas tonto.- soplo para enfriar la taza y su contenido.- Cada vez te entiendo menos.- Me lo bebo enero y por enésima vez se vuelve a reír.- ¿Ya ahora qué?
-Nada. Espera…- Se saca un pañuelo del bolsillo y me limpia la boca.- Te has manchado como una niña pequeña.

Le tiro la taza, pero la coge al vuelo. Me ha mosqueado. Además esa actitud tan rara y repentina. Le lanzo los tropecientos cojines de la cama. Los esquiva rápido. ¡Jo! Quiero que le de uno en la cabeza. ¡OH! Lo suponía. Ha tramado algo. ¡No hay más cojines! ¡MIERDA! Mejor huir de él. ¡HAY, me cogió el tobillo el muy…! Me está arrastrando hacia él, pero conmigo me llevo las sabanas. ¡No! Me atrapo. Pues me enrollo entre ellas. Me ha soltado. Juju. Rollito Modo ON. ¡Aay! Me caí de la cama. Otra vez riéndose de mí. ¿Tanta gracia le hago? Para eso me quedo en MI casa. Espera.. ¿Qué hace? Me ha cogido en brazos. ¡AAH! ¡No veo nada! ¡Malditas sabanas! ¡A saber que hará! Tenía razón la amiga de la Yaya. ¡Me va violar y no quiero! Me ha llamado niña pequeña. ¡Ale! Me voy a comportar como tal. Voy a patalear y gritar. ¡Nooo! Acaba de taparme la boca cuando nos hemos caído accidentalmente en la cama. Esta desenrollándome. ¡Jo! Me cabrea…

-No te voy a dejar morirte.- Dice divertido el muy…- Esta sabanas son molestas.
-Ni se te ocurra.- Hincho mis mofletes mosqueada.- No quiero, pervertido.
-¿Pervertido? – Se ha sorprendido con la palabra.- ¿Desde cuándo?- Me deshincha los mofletes.- Si soy todo un angelote,- Me besa.- y note miento.
-¡YAYA!- Apareció de la nada. ¿Cómo habrá entrado? -¿Qué haces aquí?
¡Ostras! ¿Ha donde ha ido? Ha desparecido.- Antes le he notado raro en cuanto he dicho yaya. ¿Qué mosca le habrá picado con eso? ¡Bah! Ya se lo preguntare en otra ocasión. Voy a quitarme la sabana y ayudar a la yaya con esa caja. Debe pesar un motón, pero para ella parece lo contrario. Al fin logre deshacerme de las sabanas y me acerco a la yaya.

-Niña, ¿He interrumpido algo? – Lo dice en su tono tranquilo. Aunque yo lo niego con la cabeza.- ¿No? Bueno, no importa. Te he traído una cosa para controla….- Señala al armario. Sera posible. Se ha escondido ahí.
-Dame, dame. – Me impaciento y agarro la caja. Miro su interior y me quedo atónita.- Yaya, ¿Servirá? Porque yo creo que…
- Sirve, está comprobado.- Mira de reojo al armario y se acerca a mí y susurra.- Tu madre hizo la prueba cuando él era pequeño y funciona.

En cuanto me dijo eso la yaya desapareció. Siempre hace esa clase de cosas. Ahora me he quedado con dudas. ¿Cómo funcionara? ¡Bah! Ya lo averiguare. Mis padres acaban de entrar en la casa. Iré ayudarles.

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