lunes, 27 de junio de 2011

El demonio de mis pesadillas - Pequeño travieso

Han pasado dos horas y no ha dado señales de vida desde que apareció la yaya. ¿Qué le pasara con mi yaya? Se lo he preguntado a mama, pero solo se ha reído y ha seguido colocando mis cosas en las estanterías. Papa gruño por no ayudarle con las cajas. Ya le preguntare a él en cuanto lo vea. Fui ayudar a papa. Me duelen los músculos. Mañana tendré agujetas por todos lados. Para el colmo debo averiguar que me ha dado la yaya. ¡Jo! Está en la habitación. Me da pereza ir hasta la habitación ¡Mierda! Debo hacer la cama. No, mejor me quedo aquí. Es cómodo este sofa. Echare unas buenas siestas aquí, si me dejan. Aun faltan cajas. No quiero. ¡Que las suba papa! Mama está colocando todos mis libros en esa enorme biblioteca-despacho. Mmm… Ahí algo debajo del cojín. ¿Qué narices es esto? ¡Ah! Es el mando de la mini cadena. ¡Waa! ¡Qué música más horrenda! ¿Cómo puede escuchar esto? Voy a quitarlo enseguida. Mis tímpanos no lo soportan. Es muy ruidosa. Voy a ponerme cómoda. ¡Ondia! La sandalia ha caído dentro de una caja. La otra la esconderé debajo del sofá…

-Hija, - Me llama mama.- baja esos pies de la mesita.

Me ha pillado. ¿Cómo lo ha sabido? Precisamente no está en el salón. Nunca lo sabré como otras tantas. Cada día lo entiendo menos. Entiendo la naturaleza de él, pero todo lo demás no.  ¿Algún día lo entenderé? ¡Bah! Estos pensamientos me aturden. Sera mejor que valla hacer la cama. Incluso cotillee el armario. ¿Por qué esta tan lejos? Este pasillo parece un laberinto. Necesito un mapa para no perderme. ¡Mierda! Este es el baño de invitados. Esta más adelante. ¡Jope! Deshice toda la cama. ¡Eh! ¿Dónde están los cojines y las almohadas? Juraría que estaban en el suelo. Ya aparecerán. No me voy poner a buscar ahora. Estoy muy cansada y me está entrando sueño. La cama es enorme. No acabare nunca. ¡Ay! No alcanzo. Al fin, lo conseguí. Objetivo alcanzado. Cama prepara para ser desecha dentro de varias horas. Mira lo que hay en la mesilla. El regalo de la yaya. ¿Por qué me siento observada? Ahora toca averiguar el contenido del regalo. Vaya chasco. Pensaba en algo más interesante, pero solo es un libro de historias de miedo de la yaya. Es el que siempre llevaba encima. Espera… No me dijo antes que era un modo de alejarle cuando yo quisiera. ¡Bah! Ya hare la prueba. Debo ver si mama y papa están bien. Aunque aún no he visto  esa puerta de ahí y el armario por dentro.  Seguro que hay ropa horrenda dentro. La mía sigue en las cajas. ¡Oh Dios! El cuarto de baño tiene el mismo tamaño que mi despacho en la empresa. Menuda bañera. Parece un jacuzzi. A ver quién es el listillo que va limpiar todos los días el baño. Sigo teniendo esa rara sensación otra vez. ¿Quién me está observando? ¡A ja! Fijo,, hay cámaras por toda la habitación. Sera… Mejor no lo digo. Seguramente halla una habitación secreta por aquí. ¡Ah! La puerta esa cerrada a cal y canto. Puede ser. No, no es secreta. Tiene que estar algún en algún lado. ¿Dónde? No permitiré ser grabada en mis momentos mas intimas. Lo matare, si es lo que pienso. Dentro del armario debe de esta ahí su cuarto oscuro. Lo conozco demasiado bien. ¡Toma ya! Lo sabía. El armario no es lo que parece. La ropa de él está colocada a un lado y la mía… ¿Mía? Todo esto no lo he visto en mi vida. Es poca cosa y con buen gusto. Esto no lo ha podido elegirlo él. Su gusto en ropa femenina es pésima.  Lo recuerdo como si fuera ayer. Me dan escalofríos al recordar ese horrendo vestido. ¿Qué hace aquí uno de los cojines de la cama? Este no es su lugar. Anda otro más. No me digas que son las miguitas de pan hasta su lugar pervertido.

-¿Estas ahí Kakashi?- Grito dentro del armario y me contesta mi propio eco.- ¡Haz alguna señal!

Escucho unos pequeños ruidos al fondo del armario. Esta ahí el muy marrano. Le voy  a cantar la cuarenta. ¡Oh Zapatos! ¡NO! Nada de distracciones. Debo seguir el camino de cojines. Los acuchillare a todos. Me niego a colocarlos luego en su sitio, jamás de los jamases. Los descolocara y colocara él todos los días para eso los compro. A mí no me gustan tantos cojines. ¿Cuántos había en la cama? ¡Bah! ¡El ultimo cojín! ¡Aleluya! Solo había seis cojines por el caminito de rosas.  La puerta abierta del cuarto oscuro.

-¿¡Que haces aquí!? –Grito entrando de un salto ahí.- ¿Pero qué?

Me he quedado con la boca abierta. En ese cuarto no hay nada de lo que me he imaginado. Entonces no hay cámaras en la habitación. ¿Pero qué cojones hace todo esto dentro del armario? ¿Qué se pensara este? ¿Qué vamos usar todo eso? Esto parece un Sex Shop. Pues todo esto lo va usar él solito. Estas cosas no me gustan para nada. Además no se ha dado cuanta de mi presencia. Anda leyendo un libro en una esquina. Mira como sonríe el muy marrano. ¿Qué estará leyendo? ¡AGG! ¡Esos libros!  A eso se dedica cuando huye de mi yaya. ¡MUAJAJAJA! Voy a probar algo. Seguro que deja de leer enseguida.

-Sabes,- No me hace caso.- la YAYA ha dicho –Ha cerrado el libro y me está mirando con miedo. Se lo está creyendo-  que vayamos a cenar luego a su casa.
-No,- Tira el libro por ahí y se levanta muy serio.- esta noche no.- Su sonrisa perversa me da miedo.- Hay que estrenar todo esto.
-¡Eh! Ni loca.- Vuelvo al armario.- Mi Madre me llama. –Disimulo un poco.- Creo que es urgente.
-¡Quita ahí! -Me agarra del brazo.- Tu madre no te está llamando. No me engañes.- ¡NO! Me apresa entre sus brazos.- Si no quieres usar todo esto, lo dices. Yo no te voy obligar. Solo es…
-Ya ya.- Le interrumpo para que no siga.- Pues quiero todo esto fuera de casa o si no.
-¿Si no que?- Me replica.- ¿Qué me vas hacer?- Le miro muy mal, para ver si lo capta.- ¡No! No me hagas esto. No me dejes sin… Eres débil ante mí y lo sabes. Sucumbirás a mi lujuria como cada noche.
-¡Quieres recibir una patada en tus partes como la de esta mañana!- Le amenazo sutilmente.- Ese es tu punto débil.
-No me lo recuerdes.- Al fin me soltó y se cubre sus partes.- Mi pequeño travieso aun le duele.

Me quedo unos segundos procesando la información recibida de golpe. Le ha puesto nombre a sus partes o he oído mal. Preferiría no haberlo oído y sabido. Me entran ganas de reírme. Debo aguantarme. Opción disimular.

-¡Ah!-Exclamo al salir de mi lapsus mental.- Con que tu pequeño travieso, ¿Eh?- Me alejo o más bien salgo del armario.- No quiero saber a qué más cosas le has puesto nombre.
-Mmm…. -Se va acercando pensativo, pero sus ojos chisposos lo delatan.- Pues…
-¡Tss! –Chisto. No quiero oírlo.- Te he dicho que no quiero saberlo o tu pequeño travieso sufrirá algún mal.

La amenaza ha surtido efecto. Se ha quedado mudo y se ha puesto a mirar por el ventanal.  Estará tramando su venganza silenciosa. Sera algo por la forma que  me mira de reojo. ¡Juju! Si lo hace, le enseño el libro de la yaya. Eso le espantara. Debe tenerla miedo. Alguien se acerca hacia la habitación. ¿Quién será, Mama o papa? Traerá mi ropa para meterla en el armario. Es lo único que falta por meter y acabar la maldita mudanza. Este vago de aquí no ha hecho nada de nada. Se nota que le hacen todo al muy caprichoso de él. Escapo y se puso leer hasta que le pille. Mañana empezara su pesadilla. Ya lo he dicho antes. El colocara y descolocara los cojines sobre la cama. Limpiara el mega cuarto de baño. Hará la cama. Bueno, en general hará toda la limpieza de la casa. Así se jode un rato y yo me tocare la barriguita mientras lo hace. Anda si es  papa con un porta trajes. ¡Mierda! Ha traído  mi maldición.

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