domingo, 10 de julio de 2011

El demonio de mis pesadillas - Desaparición

No deja de llover. ¿Cuándo parara? Hace frio. Sera imbécil. Ha puesto el aire condicionado a tope. Si llega a caer un rayo, se funden los plomos. Es tonto. Además se está duchando o bañando. Lleva ahí como una hora metido. Cada vez se parece más a una mujer. No va salir de ahí. La que necesita un baño relajante soy yo. No él. No ha hecho nada. Huyo y se escondió. Luego pretenderá cenar. ¡Ni hablar! Cenare y me iré a dormir, directa a la cama sin distracciones. ¡Jum! Se lo merece por vago. Más bien no se merece nada de aquí a una buena temporada. Eso hare. ¿Qué hora es? ¡Bah! Son las nueve. Voy a ponerme el pijama: Mis pantalones holgados azul oscuro y la camiseta horrenda según él. A mí me gusta. Así duermo más cómoda. ¡Muajaja! Lo encontré a la primera. Menos mal. Lo puse bien cerca de las puertas del armario. ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Ay me caí de culo! Bueno, ya está puesto el pijama. Se le van a quitar las ganas de marcha. Yo hoy pienso dormir y mucho. Por eso mañana es sábado y no trabajamos. Pretendo despertarme a las doce del medio día. ¡Ja! ¡Uy! Ha salido de la ducha o baño o de donde sea. Acabo de escuchar como caía el agua al suelo. Estará como una uva pasa. No puedo imaginármelo. ¡Oh Dios! ¿Cómo puede salir así del baño? No se puede tapar un poquito. Solo va con una toalla en los hombros secándose el pelo. Va a pescar un buen resfriado. Yo no seré su enfermera. Si pasa, llamare a la yaya para que lo cuide. Se avecina un ataque frontal por su parte. Acaba de hacer acto de presencia en la habitación.

-Tapate, por favor.- Le tiro uno de los cojines malditos.- ¡Qué no vives solo!
-¡No quiero!- ¡Ea! Sigue con su pelo.- Además, no hay nada nuevo. Ya me has visto desnudo mil veces.- Me tira la toalla y se acerca con malas intenciones.- ¿No te habrá entrado pudor, ahora?
-¡Imbécil!- Le devuelvo la toalla.- ¡Ponte algo!- No me hace caso.- ¡Alguien te puede ver así! Mientras, este yo aquí te pondrás algo para estar por casa.- Me cruzo de brazos.- Cuando yo no esté haz lo que quieras.
-Vale, -¡No! ¿Cómo lo ha hecho? Me ha atrapado entre sus brazos.- me pondré algo en tu presencia.
-Ni se te ocurra.- Me va besar.- ¡Quita! ¡Quita! – Lo empujo hacia el armario.- Me voy cenar. Tú te puedes ir a tu cuarto oscuro ese.
-¿Y mi cena?- Se pone algo que no veo, pero hago oídos sordos.

Sigue hablándome desde la distancia. Pide su cena. No se la voy hacer. ¡Que aprenda! Estoy enfadada con él. Mmm… Mi bocata de jamón. Mi cena. No tengo mucha hambre. Esto me lo como en dos bocados. ¡EA! Sigue reclamando su cena. Parece un niño chico. Juju. Acabe mi cena. Ahora me iré a lavar los dientes. ¡A la! Menudo desastre de baño. Esto lo limpia él. ¿Qué demonios es esto? ¡Ah! ¡Qué asco! Pero… ¿Dónde estuvo en su desaparición? Este no estuvo en su cuarto oscuro. ¡Bah! No es mi problema. No quiero saberlo. Me voy a la cama sin lavármelos. Hare mío el otro cuarto de baño. No está. Me voy a meter a la cama y apagar la luz.

-¿Qué haces?- Apareció de la nada o eso me apareció.- ¿Y mi cena?
-Voy a dormir.- Me tapo bien con las sabanas.- Tu cena… Te la haces tú. –Me coloco bien en la cama.- Yo pienso dormir.- Apago la luz.- Hasta mañana.
-¡Jo! – Fue lo último en escuchar.

Ni diez minutos durmiendo cuando siento un peso extra sobre la cama. No me deja tranquila. ¡Quiero dormir! Otra vez abrazándome. Me está mordisqueando la oreja. Intenta comerme el muy caníbal. No lo voy hacer caso. Estoy bien durmiendo con  mis sueños interesantes. Me está haciendo cosquillas.

-No sigas fingiendo.- Susurra tan sensual en mi oído.- Aun no te has dormido y se cual será mi cena.
-Déjame dormir,- Me retuerzo e intento quitármelo de encima.- pesado.
-No lo voy hacer.- sigue insistiendo.- Quiero estrenar la cama.
-¡Que no pesado!- Me aferro más a las sabanas.- Mañana temprano viene la yaya.


Han pasado dos meses desde la mudanza, dos mese de tortura. Siempre con la yaya por un lado o por el otro. ¡Ha descubierto mi punto débil! No debí comportarme así delante de su abuela. Si supiera todo, se asustaría como yo. Esa anciana mujer aterroriza con su presencia. Me dan escalofríos con su visión. ¡Mierda! Se me quitaron las ganas de hacer maldades. ¿Cómo me entretendré ahora? Tengo muchos papeles que firmar y al tonto de mi ayudante tras de mí. No me deja solo ni un segundo. Me sigue hasta al baño. No me deja tranquilo. El problema es como librarme de ese moscardón. ¿Cómo pudo mi padre contratar a ese pelma? Solo le falta seguirme hasta casa. Eso ya sería el colmo. Debo hacer algo rápido. Ya he probado mil formas de deshacerme de él, pero nada. Debo de ser un blando o algo peor, porque con Akemi o mi padre desaparece al instante. Me parece que… No… Igual si… Mmm… Se me ha ocurrido una cosa para librarme de él. Seguro… Funcionara.

-Señor,- Otra vez aquí. Van veinte veces que me llama.-  ¿Ha terminado con los informes?- Me irrita su sonrisilla.
-Sí, -Me levanto.- te los puedes llevar.
-¿A dónde va, señor?- Menudo cotilla.- Dentro de poco tendrá…
-Tss…- Chisto para hacerlo callar.- Es a donde voy y no necesito un perrito faldero tras de mí. Me sé el camino.- Llego a la puerta.- En cuanto archives los informes o lo que sea que hagas con ellos, puedes irte a casa.

Salgo de mi despacho a prisa. En realidad no me dirijo a donde él piensa. Los servicios de esta planta andan cerca. Me esconderé ahí por un rato. Ese petardo no tardara en irse. Aquí dentro no hay nadie. Voy a lavarme las manos y la cara para disimular un poco. Además mi cara refleja el cansancio personificado. La puerta de mi despacho acaba de ser cerrada. Se marcha. ¡Milagro! Más horas  para mí. Tranquilidad absoluta. Voy a esconderme en el despacho de ella. Ese es mi plan. Por si regresa de repente. Suele hacerlo mucho. Por lo menos allí no se atreverá a entrar.  Bueno, no hay nadie en el pasillo. Su despacho está a dos metros. ¿Estará dentro? Si esta y me ve, me matara. ¡Bah! No importa. Estoy animado para realizar alguna que otra travesura. De esta no se libra. Jeje. Lo suponía. Ha salido hacer algo. Jojo. ¡Vaya! Esto es un caos y muy pequeño. Típico de ella. La voy a esperar sentado en mi silla y utilizare un poco de mi poder. No sé porque papá puso esa restricción en mi, mientras este en el edificio. No lo entiendo. Temerá a que suceda algo grave dentro de la empresa. Se está acercando. Reconozco el ruido de sus tacones en cualquier lugar. Se ha parado. ¿Con quién está hablando?

-¿Qué haces aquí?- Le pregunta a alguien.- Aquí no está.- No puedo escuchar la voz de la otra persona.- ¡Qué! ¡Yo no voy a ningún lugar!- Ahí está pasando algo.- ¡Suélteme!

¿Cómo? ¿Qué ha pasado ahí fuera? Ya no la oigo. Voy salir… ¡No está! Sus cosas están ahí tiradas. No puede ser… ¡No me puede estar pasando esto a mí! Nadie me advirtió de esto. ¿Qué es este olor? Me resulta un poco familiar, pero no lo ubico en este momento. Lo más probable que ese olor sea el de su hermana. ¡Maldita zorra! Ya le dije que no quiero saber nada de ella. ¿Cómo le puede hacer eso a su hermana? La va matar para que yo cambie de idea. ¡JAMAS! Esa mujer está loca. No andará lejos. Estará en algún despacho de por aquí. Primero iré mirar en el mío. Seguro que quiere echarme el marrón a mí la muy…

Cuatro horas buscando por todo el edificio y no las he encontrado. ¿A dónde la habrá llevado? Tendré que informar a mi padre. Él sabrá cómo actuar. No me encuentro en condiciones de seguir. Sería capaz de matar a esa zorra sin preguntar donde la ha dejado. Mi padre aun no ha salido del edificio. Se queda hasta bien tarde. ¿Se habrá enterado ya de algo? Me dirijo hacia su despacho en la última planta.

-Hijo, aun por aquí.- Precisamente no está en su despacho, porque me lo encuentro de frente.- Deberías estar ya en casa. ¿Ha pasado algo? –No me sale la voz. Estoy muy nervioso.- ¿Estás bien? –Me agarra de los hombros.- No me digas que…- Sigue sin salirme la voz.- Hijo, ve a casa. Mira si esta allí. Seguramente este bien.- Yo niego.- Vale entiendo. Pues ve y relájate. Estate tranquilo. La encontraremos y acabaremos con quien la halla secuestrado.- Suspira.- No es quien piensas. Su hermana está encerrada en una celda de oscuridad. Todo saldrá bien. Toma esto.- Me entrega una piedra color rojo sangre.- Esto te advertirá de presencias desconocidas en casa. Ahora vete para casa, hijo.

Mi padre desaparece como suele hacerlo. Yo por mi parte respiro algo tranquilo. Ahora sé que mi padre hará cualquier cosa para encontrarla. Aunque yo sigo sintiéndome como una mierda. Como aquella vez. Impotente, esa es la palabra. Tanto entrenamiento para nada. Sera mejor hacer caso a mi padre. Necesito relajarme y despejar mi mente. Así no podre hacer nada. Sería un inútil, si mi padre llegara a llamarme para ir con él. No estoy preparado para ser rey. No tengo lo que hay que tener. No llegare a ser como mi padre. ¿Qué me falta? Ya lo averiguare en otro memento. Ahora debo regresar a casa como si fuera un día normal. No puedo. No soy capaz de regresar a casa por ahora. Necesito ir a investigar al único sitio donde temen mi presencia. Si no es la hermana, será alguien de allí. Porque desaparecer de esa forma… Una persona normal no puede hacerlo… Encontrare la respuesta allí, en el infierno.

Al final encontré a  alguien, pero no me lo va a decir por las buenas. Unos cuantos golpes más y las soltara. Estos tipos del inframundo son muy debiluchos, pero  para guardar secretos o algo son buenos. Sigue sin decir nada. Le voy a dar  el último golpe a esta sabandija.

-Me vas a decir ahora quien se la ha llevado o quien sepa darme la respuesta.- Le arreo otro golpe que le rompe la nariz.- Es tu última oportunidad. El siguiente golpe te matara.
Jajaja!- Se ríe escupiendo sangre.- Sigues cegado por tu debilidad, chico.- Sonríe.- Así no llegaras a ser rey.- Tose.- Quien te puede dar la respuesta es…- Tose más fuerte.
-¡Maldito! – Le zarandeo.- Dime la respuesta.
-Quien te puede dar la respuesta es –vuelve a repetir.- La destripadora sanguinaria. - Esta sabandija me está mintiendo. – ¡Jajaja!- Se ríe otra vez. Sera por la cara que acabo de poner. -Veo que no serás capaz.

No puede ser. Ella no me dará la respuesta. Nadie en su santo juicio se atreve a preguntarle.

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