martes, 16 de agosto de 2011

Es Ella - Sueño 4 - Estrellas y deseos

Sueño 4  - Estrellas y deseos
Todavía seguía encerrado en el hospital. Poco a poco recuperaba las fuerzas y algunos recuerdos sin sentido de los sueños. Tenía flases de ellos en los momentos más raros. Uno fue cuando uno de sus amigos le estaba hablando sobre una cosa. Aquellas ensoñaciones le aturdían bastante y con ello le daban la medicación para que se sintiera mejor. Ese di a le había dicho a la enfermera que no quería recibir a nadie. Quería tranquilidad y no volver a tener esos flases extraños que no recordaba haber vivido. Se sentía en paz en aquella habitación sin visitas. Por lo menos le habían traído alguna de sus libros para entretenerse. Pero al leer palabra tras palabras los ojos se le iban cerrando poco a poco. La medicación le estaba surtiendo efecto en ese momento. Uno muy malo, porque estaba en el punto más interesante de su lectura y quería leérselo de un tirón. No logro mantener los ojos abiertos ni tres minutos. El sueño le estaba llamando.

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Pinto el lienzo de un azul casi negro, azul Prusia. Miles de puntos blanquecinos, amarillento o incluso rojizos se dibujaron. Pequeños, minúsculo o grandes a miles años luz. El hermoso firmamento. La humanidad la observa desde la antigüedad. Mucho más viejo que el mundo. Antes nada y ahora lleno de vida. Un gran sol rodeado de pequeñas canicas. Giran alrededor del astro. Danzan  una antigua danza. Cada una de un color y tamaño diferente. Algunas con anillos. Otras, solo una con vida. Marrón tierra, verde variado y en su mayoría azul, la tierra, el planeta azul, la canica azul… un fragmento de ella iluminada por el astro rey. El otro fragmento inmenso en la oscuridad. Esa parte del planeta dormía. Eso aparenta ser. Las criaturas nocturnas salen de sus madrigueras a cazar. Algunos hombres a ligar y emborracharse. Un grupo reducido de personas pasaban la noche en medio del bosque. Los coches aparcados a un lado del camino. Todos expectantes al cielo. Esperaban ansiosos el espectáculo natural. No es la lluvia, un terremoto, un volcán en erupción, un tornado, una tormenta eléctrica…. Nada de eso. El fenómeno más curioso del universo. La lluvia de estrellas.
Ese grupo de personas hablaban de si hubiera vida allá fuera. Típica conversación. Cada uno dio su opinión. No llegaron a ninguna conclusión. La lluvia dio comienzo a un hermoso espectáculo. Cientos de estrellas rozaban la capa más alta de la atmosfera del planeta. Asombrados ante tanta belleza se dejaron levar pos su propias ensoñaciones.
-¿Qué deseo has pedido?- Susurro un hombre castaño al otro de jersey verde esmeralda.
-Pues que la llama de mi juventud no se extinga nunca.- Estaba embobado con las estrellas fugaces.
-Si dices tú deseo, no se cumplirá.- Comento otro integrante del grupo. Un hombre de cabellera plateada.

Lo dijo por incordiarlo.
-Mierda.- Maldijo fastidiado.- La fastidie.
Todos rieron ante la cara de fastidio de  su compañero. Menos uno, aquel que le molesto con su comentario. No miraba al cielo como los demás, sino hacia otro lado, en un punto concreto. Su deseo pedido a las estrellas se había hecho realidad. No sabía cómo ni porque, pero allí estaba. Una hermosa joven sentada bajo un gran árbol junto con un grupo de mujeres ruidosas. Sonreía al ver la maravillosa lluvia. El hombre no podía apartar la vista de allí. Algo en su interior le decía “es ella”.
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Abrió los ojos de par en par. ¿Qué había sido eso? ¿Qué extraño sentimiento empezaba a florecer dentro de su corazón? Para el colmo quien era esa mujer. Le dio un horrendo dolor de cabeza y olvido el recuerdo de ese sueño.

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