viernes, 5 de agosto de 2011

Es Ella

Es Ella
Sueño 1 - Discoteca
Una mota de agua caía a gran velocidad  al vacio. El viento la desvió de su trayectoria original. Choco contra las primeras ramas de un árbol. Se deslizo a través de sus hojas como  si fuera un tobogán. A escala iba bajando hasta su destino, el suelo. Sus hermanas la seguían  en su largo camino. La unión  de estas motas desencadeno una fuerte tormenta. Los rayos iluminaban el oscuro cielo. Los truenos resonaban en cada uno de los rincones de la aldea, asustando así a los niños pequeños escondidos bajo sus sabanas. No los dejaba dormir. Ni a ellos ni a los adultos. El agua del rio estaba a punto de desbordarse.

Todo eso no le importaba mucho a un hombre de cabellera plateada. Miraba como la lluvia golpeaba su ventana. Era su entretenimiento. Pues la luz eléctrica no volvía y la raquítica vela no le dejaba leer su libro. No veía las letras, ni el exterior de su hogar. La lluvia impedía ver con claridad. Suspiro intranquilo. Se aburría. Se recostó en su cómoda cama y cerró los ojos. Lo mejor era dormir. Entonces empezó a soñar…

---o---

La habían convencido para ir aquel lugar. En realidad no tenía muchas ganas. Esos antros no son de su agrado. Tienen mucho ruido, gente borracha y olor a sudor y a cerrado. Pero ahí iba con sus amigas camino hacia el nuevo local de moda. Una semana llevaban hablando de ello y aun lo seguían.  Ella ignoraba su parloteo continuo. Su deseo del momento era entrar, ver el panorama y largarse cuanto antes a casa. No aguantaría la borrachera y las bromitas pesadas de sus amigas. Su desgracia empezaría al entrar. Lo sabía de sobra. Sabía que iba encontrar allí: Un grupo de mujeres gritando delante de la barra. Intento quitarse esa imagen de la mente. Casi le dio una arcada. Se lo aguanto. Sus amigas empezaron a impacientarse. Se estaban acercando y para su poca paciencia había cola. Resoplo frustrada. El portero las vio, más bien a ella. Las hizo señas y  las dejo entrar. Más agobios para ella. Las guiaron hacia una mesa libre y medio apartada. Sus amigas gritaron al ver a los muchachos que atendían la barra. Sus ojos pasaron sobre uno de ellos. Su melena plateada destacaba entre todas las demás. La sonreía mientras servía copas. Desconecto su contacto visual. Sus amigas la empujaban hacia la mesa. La obligaron a sentarse y la acosaron a preguntas un pelis subiditas de tonos. Aunque callaron al verle acercarse. Se pusieron tontas al tenerlo tan cerca. Cayeron en su encanto varonil.

-Buenas noches,- saludo.- aquí trigo vuestras bebidas.- Pegaron un gritito cuando las sirvió.- y la ultima, una dulce bebida para la joven dama. - Le regalo una sonrisa y se la dejo sobre la mesa junto con una nota. No la leyó. La arrugo y se lo guardo en el bolso.

Sus amigas empezaron a bebe cuando él se marcho. Querían emborracharse lo antes posible y así pedir la siguiente copa. Ella opto por beber despacio y aguantar la charla de ellas. 

Dos horas llevaban allí. Sus amigas iban por la cuarta bebida. Estaban borrachas. Cantaban alegremente la canción que sonaba en ese mismo momento. Ella miro el reloj. Se le hacía tarde. Estaba cansada. Bostezo y se disculpo con sus amigas. No se quejaron. La dijeron adiós a gritos. Antes de salir fue al baño, sino no aguantaría hasta casa. Cuando salió, uno de los porteros la esperaba. 

-Señorita,- la llamo.- el jefe desea que lo espere en su despacho.
-¿Para qué?- le pregunto.
-No lo sé.- le contesto extrañado.- No tardara mucho.

La llevo hacia la parte trasera del local y le índico donde esperar. Se sentó en el cómodo sofá de aquel despacho. La espera se la hizo eterna. Miro varias veces el reloj. ¿Cuándo iba venir? No lo sabía con exactitud. Saco el horario  de trenes. Su último tren salía en media hora y desde allí hasta la estación tardaría como mínimo quince minutos. Lo malo era que tenía que sacar un pase nuevo. Eso descontaba cinco minutos. Se levanto. No podía esperarlo más. Conocía muy bien sus tardanzas Abrió la puerto ay el portero se giro. Vigilaba la puerta del despacho.

-El jefe está a punto de llegar.- La aviso.- Espere un poco.
-Ya, pero mi paciencia se ha acabado. Estoy cansada y quiero iré a casa.- Salió irritada. -Debo coger el último tren o me vuelvo andando a casa y prefiero lo primero.
-Pero… Pero…- La mirada de ella lo asusto.
-¡Tss!- Chisto.- Dile que me marcho.

Le dejo con las palabras en la boca. Sorteo a la gran multitud hacia la salida. Nadie le impidió salir y se dirigió a prisa hacia la estación. Cogió a tiempo el tren.

Unos minutos de irse. El dichoso jefe se planto en la entrada de su despacho. Su portero o más bien su compañero estaba asustado y sin habla.

-¿Dónde está ella?- Le pregunto primero.
-Se… Se…- Tartamudeo señalando la salida.- ido.
-Imbécil.- Le propino un golpe en el hombro.- no sabes lo que has hecho.
-Sempai,- se tranquilizo-  acaso es…
-¡QUÉ!- Se alarmo.- ¡NO! ¿Tú en que andas pensando?
-Nada, nada.- Se alejo.- Entonces…

El hombre se acerco a la mesa y de un cajo saco unas llaves. Golpeo la mesa con rabia. Volvió a donde estaba su compañero.

-Es ella…
---o---

Se despertó sobresaltado. Uno de los truenos hizo temblar toda su casa como si fuera un terremoto. A causa de eso no pudo dormir en toda lo que quedaba de noche. Aunque se quedo con una extraña sensación o sentimiento. Intento recordar el sueño, pero nada. Su inconsciencia no quería que recordara.


Sueño 2 - Niño
Llego a casa de un largo día de trabajo. La misión de ese día fue achicar el agua de todas las casas de la aldea. La tormenta de la noche anterior había causado grandes destrozos por todos lados. Esa misma mañana al bajar las escaleras, se resbalo cayendo en el barro. Llevaba todo el día embarrado de pies a cabeza. Estaba harto. Fue hacia su baño y se dicho. Se quito todo el peso de encima. Lo peor fue salir de allí. La bañera estaba sucia de tanto barro. Suspiro con desgana y lo dejo para otro momento. Regreso a su habitación con una toalla enrollada en su cintura y con el pelo mojado. Se desplomo encima de la cama. Entonces sus ojos se cerraron poco a poco y los sueños le invadieron.

---o---

Los rayos de luz entraban por las rendijas de la persiana. El hombre de cabellos plateados dormía plácidamente sobre la cama. Sonó una alarma de un despertador.  Palpo un lado de la cama en busca del dichoso aparato. Algo no le cuadraba. La cama había crecido de un día para otro. Se giro sobre sí mismo. ¿Dónde estaba la pared? No lo entendía. Al final encontró la masilla a su derecha. Apago el despertado de un porrazo. Sintió a alguien observándolo desde cerca. Estaba sobre la cama. Tenía la sensación de que era algo pequeño. Abrió los ojos poco a poco. Para su sorpresa, no reconocía nada de su alrededor. También al niño pequeño que estaba alado suyo. El pequeño lo miraba con los ojos bien abiertos. Le recordaba a él a su edad. El chiquillo estaba con la boca abierta.

-¡MAAAAMII!- Grito con su vocecilla chillona. - ¡Papi ha despertado!

Salto de la cama y correteo hacia el pasillo. Quien quedo con la baca abierta, fue él. Se froto los ojos dos veces. ¿Había escuchado mal? Aquel niño lo había llamado “papi”. No le dio importancia. Más tarde lo investigaría. Se levanto de la cama, como de costumbre dejo la cama hecha. Se dirigió al baño. No tenía perdida. En cuanto encendió la luz, se vio en el espejo. Se sentía raro sin su querida mascara. Además su ojo izquierdo se veía extraño. Su Sharingan estaba desactivado. Eso no podía ser. Cero los ojos y suspiro. Volvió a mirarse en el espejo. Ahora lo tenía activado. Se acerco más y más y no paso nada. Al rato lo desactivo. Todo era parte de su imaginación. ¿Estaría soñando?  Abrió el grifo de la dicha. El agua caía fresca. Se metió y se ducho. Al salir y regresar a la habitación, encontró ropa limpia sobre la cama. ¿Quién se la había dejado allí? Hasta ese momento no se dio cuenta de una cosa. Llevaba un anillo plateado en el dedo anular. Estaba casada ¿Pero con quien? No volvió a hacerse preguntas mentales.

Un dulce olor lo guio hacia la cocina. Allí encontró al pequeño. Tenía la boca llena de mermelada de ciruelas. Solo se fijo en el chiquillo. Lo tenía hipnotizado. Su desayuno lo tenía preparado en la mesa. Comió el contenido del plato y bebió lo de la taza. En cuanto volvió alzar la vista, el niño ya no estaba. ¿A dónde había ido?  Puso los platos en el fregadero. Se quedo un rato pensativo. Tenía esa sensación de tener que ir algún sitio, pero no recordaba a donde. Noto una mirada clavada en él. El niño le estaba esperando desde la entrada de la cocina. Vestía un uniforme escolar: pantalones cortos grises, camisa blanca, zapatos negros y unos calcetines y jersey verde oscuro.

-Papi,- Le llamo.- mami te echara la bronca, si vuelves a llegar tarde.- Le advirtió. 

El pequeño se acerco con un maletín. Lo tria arrastrando. Pesaba demasiado para su edad. Se lo entrego. Él lo recogió. Despeino al crio. Este hincho los mofletes y salió corriendo. El timbre sonó. Escucho otra vez el correteo y él abrió la puerta.

La abu ha venido!- Grito.- Adiós.- Se despido.

La puerta se cerro de golpe. Respiro tranquilo. No había nadie en la casa. Miro el reloj de la pared. Era muy pronto. No sabía, si llegaría tarde o no. Fue al salón y se sentó en el sofá. ¿Qué iba hacer?

-¿Te encuentras bien?- Se sobresalto al escuchar una voz.- Si quieres…
-Mmm…-Musito sin mirar quien le hablaba.- Estoy bien.
-¿Seguro?- Sintió unas manos sobre sus hombros.- Te veo raro.

Alzo la vista para ver por fin quien le hablaba. Se llevo una sorpresa. Era…, no, es ella.

---o---

Despertó tiritando. Se había quedado dormido con la toalla puesta y el pelo mojado. Estornudo varias veces. Se seco el pelo y se puso ropa limpia. Volvió a estornudar. Se tomo un medicamento para que el resfriado se fuera de inmediato. Cogió su libro y empezó a leer. Aun seguía con esa sensación por dentro y sin recordar su sueño.

Sueño 3 - Ciudad
Se encontraba en el hospital en una de tantas habitaciones. Haba utilizado demasiado su sharingan y lo había postrado para unos cuantos días en aquel infierno de lugar. No tenía sus libros allí para aliviarle el sufrimiento. Además una enfermera entraba por la puerta con una gran jeringa en las  manos. No soportaba aquel artefacto del demonio. Cada vez que iba al hospital las agujas eran cada vez más grandes. La enfermera se acerco a él y le inyecto el contenido de la jeringuilla. Le dejo un poco mareado y adormilado. Más lo segundo que lo primero. Pues sus ojos se cerraron por completo y los sueños regresaron a él.
---o---
Tres hombres se encontraban caminando por una ciudad. Iban vestidos con trajes. Uno de ellos, él del pelo castaño llevaba un traje azul obscuro, una camisa blanca con una corbata de rallas y zapatos negros. Otro, el moreno al pelo a lo tazón, todo de verde, parecía una planta, pero la camisa era negra. No llevaba corbata. Por último, el hombre de cabellera plateada. Lo llevaba peor. Llamaba bastante la atención entre la población femenina por su cabello, su cicatriz  y la falta de su máscara. Pero menos mal que iba con gente de confianza, sino no sabría donde estaría en esos momentos. Lo peor de todo era llevar una lentilla del mismo color de su ojo sano sobre el sharingan. Lo ocultaba y desactivaba su poder al mismo tiempo. Llevaba unas gafas de sol para ocultarse. Su traje era negro al igual que los zapatos. La corbata era gris y su camisa blanca. A eso se acostumbro pronto. Le recordaba al protagonista de su libro favorito. Se reía en silencio. Sus dos compañeros lo mirarnos interrogante. 

-¿De qué se ríe, sempai?- Le preguntó el castaño.
-Mmm…- Seguía en su pensamientos.- De nuestras ropas.
-Jaja –Rio el otro.- Aun seguís con eso.- Los agarro a los dos por los hombros.- Venga chicos, vallémonos a otro lado con  nuestra….
Se quedo mudo. Los otros dos no pudieron replicar. Se pararon en seco. Miraron en todas las dirección.
-¿Lo notáis?- Pregunto el peligris y bajo un poco las gafas.
-Si.- dijeron al unisonó los otros dos. 

Acto seguido  una mujer paso a su lado. Su paso era ligero. Parecía tener prisa. Los tres la siguieron. Habían encontrado a uno de ellos. Bendito día. Era un milagro. No la perdían de vista en ningún momento. Ella se sentía perseguida y acosada. Miro de reojo. Acelero el paso. Debía perderlos de vista ya. Aligero el paso lo más rápido posible. Lo sabía y ellos también. No podía perder el tiempo con sus suplicar. Tenía trabajo por acabar. Se le ocurrió una idea. Entro a un centro comercial. Allí dentro había mucha gente. Pues eran rebajas. Lo perdió de su campo visual. Respiro tranquila.

La habían perdido. Los tres hombres se separaron para buscarla. El castaño bajo al metro, el moreno se fue por otra calle y el peligris entro al centro comercial. El hombre pasaba desapercibido entre la multitud. Rodeado de tantas mujeres que no le prestaban atención. Intranquilo busco y no encontró nada, pero se choco con alguien. La mujer de antes se sobresalto al verlo. Los ojos de él se le abrieron como platos. Es ella. 

---o---

Despertó al alba diciendo “Es ella. Es ella”. No tenía sentido alguno esas palabras, pero volvió a sentir esa sensación y ese sentimiento que comenzó hace unos días.

No hay comentarios:

Publicar un comentario