martes, 6 de septiembre de 2011

Es Ella - Sueño 5 -Boda


Sueño 5 – Boda

Leía con tranquilidad su libro favorito sobre una rama gruesa de un árbol. Así podría ver quien pasaba por allí sin percibirlo. En aquel rincón del parque se estaba bien. La suave brisa refrescante  siempre soplaba en un día tan caluroso como ese.  Se quedo un rato mirando las nubes como buscando alguna respuesta extraña a sus sueños. Su vista se nublaba si seguía leyendo aquella letra tan pequeña. La noche anterior no durmió por temor a tenerlos. Seguía sin entender que intentaba decirle  su subconsciencia. ¿Sería ya la hora de sentar la cabeza? Negó rechazando la idea de su cabeza. Todavía había tiempo para hacerlo, pero primero había que encontrar la persona adecuada. Suspiro agobiado. Prosiguió con su lectura. Aunque el sueño le venía. Perdió su lucha contra el sueño y se dejo caer en las entrañas de la más oscuras de las tinieblas.

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Se escuchaban ruidos y risas dentro de la habitación. Quien pasara en frente de la puerta, pensaría cualquier cosa. No era así. Allí dentro había una guerra de almohadas y cojines. Saltaban de un lado a otro de la cama pasando por encima del colchón. Eran dos personas: una mujer y un hombre de edad similar. Armaban tanto escándalo que las doncellas de la casa no se atrevían a interrumpir. Llevaban dos horas saltando  y lanzándose los cojines. El primero en caer fue el hombre, un joven muy apuesto con un cabello muy rebelde. Lo más destacable de él, eran sus ojos oscuros que aprecian profanar la mente de cualquier jovencita. La mujer caía sobre él como un saco de patatas. Le pillo de sorpresa. Sus bucles caían graciosamente por los hombros. Le ocultaba el rostro. Llevaba sus finos labios ligeramente pintados con carmín rosa palo. Estaba esplendida y llena de energía. Quería más guerra, pero él se negó a seguir. Había sido derrotado.

-¡Jo!- Se quejaba ella.- Eres un aburrido.
-Mmm….- Acaricio los muslos  de ella y a la vez le subía el vestido con disimulo.- ¿Por qué no jugamos a otra cosa?
-¿A qué juego?- Se puso a cuatro patas sobre él y lo beso.
-¡Oh!- Sonrió.- Lo has pillado rápido.

Le agarro de la cintura y cambiaron de posición. Ella rio con el movimiento. Él le fue desatando el vestido con cuidado. Ese preciso día no llevaba el sostén. Lo había percibido a lo largo de su guerra muñida. A ella se le puso la carne de gallina.

-¿Tienes frio? – Le pellizco un pezón.- ¿Quieres que te caliente?
-No hace falta.- Lo agarro del cuello de la camisa y lo atrajo hacia ella.- Quiero otra cosa.

Cambiaron otra vez de posición, a la inicial, ella sobre él. Se sentó sobre su parte más traviesa. Desde de su posición veía bien cada parte del cuerpo de ella. Acaricio sus caderas y la cintura. Ella jugueteo con el cinturón de su pantalón. Se lo desabrocho y saco a su amiguito de su presión. Lo manoseo para enderezarlo. A él se le escapo un gemido. Le entro un impulso de poseerla ahora, pero ella seguía estimulándolo. Había pasado de ser su compañero de guerra a ser su juguete. Eso no le gustaba. Lo estaba torturando. Además ella le sonreía con malicia. Se agarro a las sabanas de la cama. Ella lo estaba haciendo demasiado bien. Cada vez se excitaba mas y no le quedaba voluntad para aguantas. Casi en el punto que iba explotar tocaron la puerta.

-Joven señor, - Llamo el mayordomo desde el exterior.- vuestro padre ha regresado y requiere vuestra presencia.
-Un momento.- Se le escapo un gallo. Había explotado y ella se mancho las manos con un espeso liquido blando.- Ahora bajo.
-No tarde demasiado o su padre se cabreara.- Le advirtió.

La obligo a bajarse de él. La dio un  beso y se levanto. Se puso presentable. Se ajusto el cinturón. Se metió la camisa por dentro del pantalón y cogió la chaqueta. Se volvió hacia ella.

-Límpiate eso en el baño.- Le ordeno.- Ya sabes dónde. Vístete rápido.- Se peinaba frente al espejo.- No quiero que mi padre suba y te encuentre así.
-¿Qué pasa con tu cuarto?- Le pregunto  mientras se dirigía al baño a lavarse las manos.
-No te preocupes querida.- Se abotono la chaqueta.- En cuanto salga entrara la sirvienta a recoger este desastre. No te hada nada. Subo enseguida.

Salió de su cuarto y bajo las escaleras hacinado ruido. Se hacía notar su presencia en casa. Su padre lo estaría esperando en su despacho al otro lado de la gran casa. No tardo mucho. El mayordomo le metió prisa y lo metió a regañadientes al despacho.
Mientras tanto arriba, ella se vestía un poco apurada. La asistenta apareció de repente cerca de ella. Se le cayeron los zapatos del susto. Los volvió a recoger.

-Niña,- La llamo la asistenta con un acento cubano.- tú señor padre también está aquí.- Se lo decía mientras recogía los cojines del suelo.- Escucha. Baja por las escaleras y sal por la puerta trasera. El mayordomo te espera con la puerta principal abierta. ¡Ah!- Exclamo.- toca el timbre para que el señor sepa de tu llegada.
-Gracias.- Le agradeció por la información.

Su padre lo esperaba tras el escritorio. Ojeaba unas cartas. Alzo la vista en cuanto entro. Le sonrió con pose. Un escalofrió le recorrió por  todo el cuerpo. Aquella sonrisa no traía nada bueno. Se quedo plantado en medio de la estancia. Su padre apoyo los codos sobre la mesa y entrelazo sus manos. Luego le hizo un leve gesto para que se acercara. Trago saliva y se sentó en el sofá cercano al escritorio. Le entro un miedo atroz por que le iba a decir.

-Hijo,- Se echo hacia atrás.- hay un  asunto que debemos aclarar inmediatamente.
-¿Qué asunto?- Se alarmo un poco.-  No será…
-No, es ese asunto.- Suspiro. – Es otro. Como te lo puedo decir. Tiene que ver con tu futuro.
-¿Con mi futuro?- Frunció el ceño. – Padre, ¿Qué has hecho?

Su padre se rio, pero no lo dijo nada más. Siempre le dejaba con las ganas de saber. Se cruzo de brazos a la espera. La puerta del despacho se abrió. Quien entro, era uno de los mejores amigos de su padre. Le saludo con una sonrisa. Por que además es el padre de ella. Primero lo miro y luego a su padre. No entendía el porqué de esa reunión.

-¿Has encontrado el servicio? – Le pregunto su padre a su amigo.
-Sí, me ha indicado el camino tu mayordomo.- Se sentó en una de las sillas frente al escritorio.- También he aprovechado a mandar un mensaje a…
-¡Sssh!- No le dejo acabar la frase.-  ¿Cuándo llegara? Para empezar la reunión cuanto antes y zanjar el asunto.
-No estaba lejos.- Le dio un ataque de tos.- ¿Estás bien chico?
-Sí, no se preocupe.- Se toco el cuello con disimulo.- Solo me pica la garganta.- Saco un caramelo del bolsillo y se lo metió a la boca. También sabia de quien hablaba.
-Esta mañana salió de casa con unos libros.- Empezó a contar.- Iba dejarlos a la biblioteca y luego a no sé dónde. No escuche bien.- El timbre sonó.- Ya ha llegado.
-Por fin.- Respiro tranquilo su padre.- Va ser rápido hijo. Luego puedes irte lo que andarás haciendo antes.
-Padre no entiendo nada.- Se inquietaba en su asiento.
-Ahora lo sabrás.-Se inclino hacia delante.- Te va encantar.

Lo que vio sus ojos. Le dejo sin aire. ¿Cómo es posible? Si hasta hace nada estaba con él arriba. Volvió la vista hacia su padre sorprendido y sin habla. ¿Qué estaba sucediendo allí? Su padre y su amigo sonrieron. Ella entro avergonzada y tímida. La actitud que ponía delante de su padre. Se sentó junta a él, pero en la otra esquina del sofá. Estaba igual o más nerviosa que él.

-Ya estamos todos.- Dijo su padre.- ¿Quién se lo dice? – Se dirigió a su amigo.- ¿Tú o yo?
-Te dejo el honor, - Sonrió.- buen amigo. Ha sido idea tuya.
-¿Qué idea padre?- Alzo la voz.
-Cálmate, hijo.- Bufo.- Os vais a casar a las seis de la tarde.
-Teníamos todo preparado hace semanas.- Continuo su amigo.- Los invitados llegaran  a las cinco y media. Hija, Tu ya tienes el vestido. Aquel que tanto miradas, Cuando fuiste con mama y tu prima ha elegir su vestido de novia hace dos meses. Era una farsa, pequeña.
-¡PAPA!- Chillo.- ¿Mama lo sabe? ¿Y por qué?
-¿Por qué?- Se rio un poco.- Para unir ambas casas.- Levanto una ceja.- No intentaras decirme que ya tienes novio.
- No, no.- Negó  y se mantuvo callada.
-En cuanto a ti jovencito,- Ahora era su padre.- tienes el traje ya en tu cuarto junto con los anillos.- Se levanto de asiento. Los demás lo imitaron.- Podéis marchar a prepararos. Solo os quedan dos horas.

Salieron del despacho. Ella y su padre se marcharon a su respectiva casa a prepararse. Él hizo lo mismo. Subió a su cuarto. Ahí estaba el esmoquin colgado de una percha y los anillos sobre su escritorio. Se sentó en la cama. Se sentía mareado y confuso. ¿Qué narices le pasaba a su padre? Aun no estaba preparado para casarse y tan pronto. Él lo tenía todo planeado. Iba formalizar la relación con ella cuando cumpliera los veintiséis años, a los veintinueve le pediría casarse con él, a los treinta ya estaría casado y en un par de añitos tendría su primer hijo. Pero aquello había cambiado sus planes. La voz de su padre dando órdenes, le hizo salir de sus pensamientos. Se desvistió y fue directo a la ducha. Debía estar perfecto para su propia boda. Se seco rápido y se puso el esmoquin. El último grito de su padre iba directamente dirigido a él. Bajo a trompicones las escaleras. Su padre lo esperaba en el vestíbulo. Él también se hacía cambiado. Ambos salieron hacia la iglesia. Los invitados estaban todos en sus sitios, caras conocidas y desconocidas. Los nervios florecieron en ese momento. Lo habían dejado ahí plantado en medio del altar junto al cura. Le música empezó a sonar. Los invitados se levantaron. La novia entro con su padre a la iglesia. Todo la miraba. Se quedo alucinado. Estaba espectacular y hermosa. Se acercaba a él despacio. Se hacía eterno. Su padre se la entrego. La madre de ella lloraba como una madalena en la primera fila y todavía no había comenzado la ceremonia. El cura carraspeo para llamar la atención de los asistentes. Entonces entono el comienzo de la boda. Se dijeron los votos, cambiaron los anillos y firmaron varios papeles. Ya eran oficialmente marido y mujer. Luego toco la sesión interminable de fotos con familiares y amigos. Dos horas habían transcurrido. Su estomago crujió El restaurante del banquete estaba cerca. Llegaron a allí y estaban sirviendo ya los entremeses. Cuando se sentó en la mesa principal, los devoro sin prestar atención a nadie.

-Te vas a atragantar.- Le susurraron al oído.

Tenía los mofletes llenos y trago con dificultad. Ella, bueno, su mujer se había cambiado de vestido a algo más cómodo. Estaba aun más hermosa que antes.

-Te has cambiado de vestido. -Bebió un poco de vino para pasar la comida.
-Tú estas comiendo como un gorrino.- Le dio un beso en la mejilla.
-Tengo hambre.- Se metió en la boca un canapé y sonrió.- Además no has visto a mi primo comer.- Le señalo a un chiquillo metiéndose cuatro trozos de pan bien grandes en la boca.- Un día se va atragantar.
-Hijo, tú haces lo mismo. –Comento su padre como si nada. Estaba sentado a su lado.- Precisamente ayer te metiste cinco bollitos en el desayuno.

Los comensales de la mesa principal se rieron. Aunque a él no le hizo gracia alguna. Le sirvieron el primer plato, una pequeña porción de bistec. A continuación, El segundo plato era merluza en salsa verde. Entre este plato y el postre repartieron los regalitos de boda. Los felicitaron y les dijeron las típicas frasecitas de recién casados.

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Despertó cuando el sol se escondía en el horizonte. El abrasador calor pasó a ser a un frio agradable. Se desperezo y su libro cayó a la hierba desde una gran altura. Bajo de un salto del árbol. Se arreglo un poco el pantalón y el chaleco. Recogió el libro y lo guardo en el bolsillo de su pantalón. Bostezo. Le dolían las articulaciones por haberse quedado dormido. Escucho unos ruidos cerca de su posición. No le prestó atención. Una mujer de cabellos revuelto se acerba a él corriendo. Su corazón dio un vuelco.

-“Es ella. Existe de verdad.”- Pensó.

No sabía qué hacer en cuanto escucho gritos procedentes de unos ninjas. ¿Qué estaba pasando?

-¡Atrapadla!- Grito quien sería el capitán del grupo. – ¡No dejéis que salga de la aldea! –Este diviso a Kakashi y le llamo a gritos. - ¡Kakashi! –Aun seguían a buena distancia.- ¡Atrápala! ¡No controla bien una técnica y puede ser muy peligroso si sale de la aldea!

Estaba totalmente paralizado, nervioso o raro. No sabía cómo se sentía en ese preciso momento. Ella paso a su lado sin atacarlo. No llevaba armas. Solamente unos pantalones holgados y una camiseta rota por una manga. Lo había reconocido. Entro en un estado de shock. No sabía si ir detrás de ella o dejar el asunto a sus compañeros.

-¡KAKASHI!- Le volvió a gritar el capitán.

Como si fuera una marioneta. Dio un paso hacia atrás y se giro. Corrió tras ella.

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