miércoles, 4 de enero de 2012

Alumnos y Despedida


Abandonaste el ANBU. Te costó bastante acostumbrarte a la normalidad. Te dabas largos paseos por la aldea. Cada día descubrías algo nuevo: Un edificio, un parque, un restaurante… Llevabas mucho tiempo de idas y venidas a causa de las misiones. No parabas quieto en ningún lado. Ahora estarías quieto para rato. Tu irritación y cansancio se esfumaron por completo. Esto último era dudoso. Ibas pegado a un libro de dudoso contenido. Ponías caras raras cuando leías. Menos cuando saliste del despacho de Sandaime, te había ordenado acoger a un grupo de gennins. Se te quitaron las ganas de leer ese libro. A partir de ahora, serias sensei. Me gusto la idea de verte rodeado de chiquillos preadolescentes. Mi alegría duro poco. Suspendiste a los niños. Te libraste pronto de ellos. En tres años, habías suspendido a veintinueve grupos. Sandaime ya dudaba de tu capacidad. Esta vez, era tu última oportunidad. Te habían hecho llamar a la casa de uno de tus futuros alumnos. Entraste por la ventana en vez de por la puerta. Sandaime te esperaba dentro. Estaba sentado en el pequeño comedor.


-¿Aquí es donde vive Naruto…?-Cogiste el tetrabrik de leche de la mesa. Algo te olía mal.
-Exacto. – Afirmo el Hokage.- Es un chico bastante terco pero creo que tu eres el mejor para tenerlo controlado…- Leíste su fecha de caducidad.- ¡Porque tú tienes olfato!- Suspiraste por lo que te venía encima.- Además… En el grupo que te ha tocado también esta ese Sasuke del que hemos hablado. El de la familia Uchiha. ¡Que tengas suerte! –Te dejo con el marrón.
-Bien.- Dejaste sobre la mesa, la leche. Escuchaste ruido en el recibidor.- ¿Esperábamos a alguien más?
-No.- Humero la estancia con la pipa.- Naruto no llegara…- Oíste mis maldiciones- Bueno… Esta ella…
-¿Ella?- El Kage señalo al pasillo.

Metía mis cosas en un pequeño armario empotrado. No cabía Intentaba encajarlo ahí dentro, una mochila. Tintineo la cota de malla. Maldije a quien construyo el edificio. Logre mi objetivo. Cerré la puertecilla. Vi tu mata de pelo asomarse. Carraspeaste un poco. Me sorprendiste y caí al suelo.

-Ho..la.- Salude. No te inmutaste. Ni viniste ayudarme a levantar.
-Hatake,- Se asomo Sandaime para ver qué pasaba.- te presento a Akemi Kamioka. Ha estado cuidando a Naruto a ratos.
-Encantado.- Levantaste la mano como modo de saludo.
-Akemi…-Me guiño un ojo.- Este es Kakashi Hatake. Sera el responsable de Naruto a partir de ahora.- Hice un gesto de triunfo.- ¿Te divierte librarte del niño?
-¿Y a ti?- conteste con otra pregunta mientras me incorporaba. Se rio. Le había pillado. Tú ni entendiste la gracia.
-Bueno…- Te incomodaste un poco.- Debo macharme. –Inclinaste la cabeza. –Sandaime…- Me miraste.- Hasta otra.

Desapareciste con un solo gesto de tu mano. Llegabas tarde a tu encuentro con tus alumnos. Sandaime volvió a reír, pero de extraña forma. Le dio la tos de repente. Me acerque para ver si se encontraba bien. Se le paso enseguida. Guardo la pipa en la manga y apoyo la mano en mi hombro.

-Este Hatake –Me dio palmaditas.- sigue sin verte.

Esa prueba tuya… Era un simple juego antaño. Así lo utilizas hoy en día. Mis cascabeles… ¿Dónde los deje? Los tienes tú colgados de un hilo rojo. Su supieras de donde proviene… Aun tendrán su procedencia en su interior. No lograron atraparlos. Te decepcionaron. Sin embargo, un acto de compasión por parte de dos de ellos hacia otro. Te hizo cambiar de idea. Les habías observado oculto en algún lugar. Yo hacía lo mismo contigo. Apareciste ante ellos con una gran sonrisa. Les habías aprobado esa prueba. Sus gritos de alegría se escuchaban a varios kilómetros de distancia. Diste por finalizado el día y os marchasteis a casa. Dejaste a Naruto atado al tronco central. Ese era su castigo. Ignoraste sus suplicas. Cuando estuvisteis lo suficientemente lejos, tuvo que ir a su rescate.

-¡Tía!- Grito con emoción.- ¿Regresaste de tu viaje? ¡Ya soy gennin!
-Si, Naruto…- Le solté de sus ataduras.- ¡Qué bien! ¿Qué tal con tu nuevo equipo?
-¡Bah! ¡Me toco con Sa-su-ke –Lo dijo malhumorado y cruzándose de brazos.- y Sakura! –Se le ilumino el rostro al nombrarla.- El sensei que nos toco llego tarde y es raro. Se puso a leer un libro guarro estando delante de nosotros.

Los meses pasaron volando. Los apoyaste a realizar el examen de paso a chunnin junto a sus compañeros. Los veías capacitados para realizarla. Sentías orgullo por ellos como el de un padre. Pero toda alegría dura poco. El país invitado, la arena, os ataco. Fueron utilizados por Orochimaru para sus fines. La aldea quedo destruida gracias a la bestia de una cola, Shukaku. Tus alumnos corrieron a pararlo. Lo consiguieron. Mientras tú, derrotabas el enemigo en casa. Viste morir a Sandaime. A partir de ahí, todo fue un efecto dómino. El caos reino en la aldea. Necesitabais un nuevo Hokage. Por desgracia yo no estuve para ayudarlos. Unos meses atrás me reclamaron en otro lugar. Aun así no podría, pues este sucedido ya estaba escrito.

Transcurrieron dos días. Reconstruíais los edificios destrozados. A casi todos los ninjas de rango superior os asignaron misiones para recuperar el prestigio de la aldea. A ti, te iban a asignar una un pelín difícil. Estabas frente a los consejeros del difunto Hokage. Sostenías un pergamino en la mano. Los miraste dudando

-El Hokage dejo expresamente esas instrucciones para ti.- Decía la más mayor de los dos ancianos consejeros.- Si este día llegaba…
-¿De qué trata la misión? – Inspeccionaste el pergamino. Ibas abrirlo.
-En ningún concepto abras ese pergamino, Hatake.- Prosiguió el hombre. – Se te hará fácil encontrarla.
-¿A quién debo encontrar?- Arqueaste tu única ceja visible.
-No lo sabemos.- Ambos consejeros se miraron.- Antes de entregarnos eso para ti, nombro a alguien cercano a Naruto. Me parece que se refirió a aquella mujer que lo cuidaba de vez en cuando.

Con esas pistas, te despediste de los dos consejeros. Me buscaste por toda la aldea. No encontraste ni un rastro de mí. Invocaste a tus ninken para ayudarte. Se dispersaron. Tú te quedaste sentado en un banco cerca al bosque. Si uno de tus perros ladraba, irías a su encuentro. Para matar el tiempo, te pusiste a leer. Ninguno de ellos me encontró. Lo sabían de sobra. Tus perros ya sabían de mi existencia real. ¿Te lo dijeron alguna vez? No, no creo. Sino estarías como loco buscándome… Sigues sin poder verme… Una persona me encontró, Jiraiya. Estaba yo frente a un gran roble de rodillas. Justo ese árbol que está en medio del edificio Hokage. Esa zona la utilizan los Hokages o alguna que otra persona para rezar. A Jiraiya le pareció esto último. Se acerco con sigilo.

-¡Esto es novedoso! ¡Un dios rezando!-  Grito a pleno pulmón esperando que alguien más lo escuchara.- ¿A quién rezara?
-¡Cállate vejestorio!- Se dio por ofendido. – ¡Ya sé quién te da tu bendita inspiración y puedo cortar esa conexión ahora mismo!
-Mi musa…- Murmuro entristecido.- Kakashi te está buscando. –Dejo la información con malicia.- Ya sabe lo que eres…
-¡Maldita serpiente!- Me levante.- No ve encontrar de esta guisa.- Señale mi cota de malla de escamas de dragón.- Esta buscando mi yo normal.
-¿Por qué no se lo dices?- Esa pregunta no vino de él. La serpentina lo tiene controlado.
-Debe descubrirlo él mismo.- Bufe.- ¿Qué vas hacer con Naruto?

Me conto lo que iba hacer con Naruto. Se lo llevaría entrenar por una buena temporada. Aunque antes irían a buscar a quien sustituiría a Sandaime. El nuevo Hokage sería su antigua compañera de equipo, Tsunade. Lo más difícil seria convencerla para que ocupe tal ostentoso puesto. Ahora recordé él porque me buscan… Tarde o temprano me haría buscar el  nuevo Hokage. Porque el sustituto encontraría los documentos especiales que me nombran y el secreto que guardan en él.  Tampoco podía permitir un despliegue en mi búsqueda… Sigues sin verme.

Jiraiya se marcho a buscar a Naruto. Yo cambie mi vestimento por la habitual entre los tuyo. Luego hice que uno de tus canes me encontrase por casualidad. No estaba muy lejos de la vivienda que suelo frecuentar. Una casita pequeña cerca al bosque. Estaba bien oculta entre la maleza. No me gustan los curiosos cuando me ando cambiando de ropa. El perro ladro. Me hice la desentendida ante ello. Entonces saliste de la nada con el pergamino en la mano.

-¡Yo!- Tu forma extraña de saludar a la gente a parte de un leve levantamiento de mano.- Esto es para ti. –Me lo entregaste. No te fuiste. Querías saber el contenido del pergamino
-Gracias.- Lo abrí un poco. Me di cuenta que mis lentes estaban sucias.- Mierda…

Me las quite como un auto reflejo, manías de llevar gafas. Las limpie con el puño de la manga de la chaqueta que llevaba. Desprotegida de mis poderes. No me percate de tu reacción. Te hice recordarme. Te acercaste hasta acorralarme entre ti y la pared de mi pequeña morada eventual. Algo dentro de ti cambio en un instante. No veía bien que hacías. Tampoco tenía intención de que me descubrieras tan temprano. Debes descubrirlo por ti mismo. Pero tus recuerdos te nublaron en ese mismo momento. Me besaste. Forcejee para que me soltaras. Me vi obligada a sacar un poco de mi fuerza celestial. Te empuje y te abofetee al mismo tiempo. Me puse rápido mis lentes. Te mande a un metro de distancia.
-¡Eres imbécil! –Me dolió pegarte tan fuerte.- ¡No vuelvas hacerme eso otra vez o te juro que te matare! –Te mentí.
-Yo… -Te afecto la bofetada.- Lo siento.- Te disculpaste.- No era…
-¡Lárgate de aquí!- Te señale el camino hacia la aldea.- ¡AHORA!

Regresaste a la aldea cabizbajo. Te llevaste una mala impresión de mi yo real. Se te paso rápido. Notaste intrusos en la aldea y fuiste a ver quiénes eran. Mientras tanto yo, miraba el contenido del pergamino. No contenía nada de suma importancia. Solo indicaciones para el nuevo Hokage.  

Esa misma tarde me llego una notica sobre ti. Estabas en una especie de sueño a causa de ataque inesperado del grupo llamado Akatsuki  y probablemente la señorita serpentina estaría incordiándote en sueños. Al fin lo descubrí, fue ella quien te indujo esos sueños perturbadores. Te vigile desde la distancia. También obligue a la serpentina alejarse de aldea. Es como un dolor de muelas. Naruto se había marchado con Jiraiya. No tardaron el regresar. Traían la ayuda necesaria. Con ellos iba Tsunade. Te trajo de vuelta y a tu pequeño alumno, Sasuke.  La nombraron Hokage y la normalidad volvió a la aldea. Pero las misiones se hicieron más duras. Os mandaban para garantizar la superioridad del país y recuperar el prestigio. Llego mi momento de aparecerme ante Tsunade. Debía estar sola y sin interrupciones. Espera como aquella vez con Sandaime y Yondaime.  

-¿Quién eres tú? –Golpeo la mesa con la botella de Sake. Le di el pergamino.- ¡No puede ser! Ahora entiendo esos documentos raros del cajón.

Encajo bien mi existencia. Ella, como sus dos antecesores, juro no divulgar mi existencia a nadie.  Tardara un tiempecito en acostumbrarse a mi presencia.

Lo inesperado llego. Uno de tus alumnos abandonaba la aldea y el otro iba tras él. Su intención era pararlo. No lo consiguió. Acabaron peleándose en un lugar mítico, en el valle sin fin, el último lugar donde me gustaría estar. Sentiste un mal presentimiento. Dejaste para luego la misión que te iban asignar. Estabas preocupado por ellos. Intuías su final. Corriste como nunca lo hubieras hecho. Perdiste su rastro. La lluvia nunca te agrado, pero solo encontraste a Naruto tendido en el suelo semi inconsciente. Maldecirte tu mala suerte. Acarreaste al crio de vuelta a la aldea.

Te recriminaste por lo sucedido. Todo aquel, que hacia un vínculo contigo, acababa largándose lejos de ti. Eso hacían tus pequeños alumnos. Sasuke estaba con Orochimaru. Naruto se iba con Jiraiya para dos años y medio. Sakura será entrenada por Tsunade. Te sentías vacio.  Ese sentimiento es el de un padre que ve a sus niños valerse por sí mismos. Lo sabías perfectamente. Las cosas cambiarían ahora.

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