sábado, 21 de enero de 2012

Fuerza y Muerte

Lo viste llegar desde tu posición en el tejado de uno de los edificios cercanos a la entrada de Konoha. Leías ese libro. Te estabas escaqueando de alguna de las tuyas o aplazando una de muchas broncas de la Hokage. La tenías miedo. Saludaste. Había crecido. Casi te alcanza en altura. Además te trajo un recuerdo de su viaje, un nuevo tomo de tu libro favorito. Te aguantaste las ganas de abrazarlo. Tenías más preferencia por el librejo que otra cosa. Al fin tus niños, Naruto y Sakura, regresaban a ti, menos Sasuke que para ellos era un nombre tabú. Volviste hacerles la prueba de los cascabeles. Descubriste que ya no eran tus niños, sino unos grandiosos shinobis. Se habían vuelto más fuertes e incluso superaron tu fuerza.

 Estabas agotado. No te dieron ni un minuto para leer. Te conocen bastante bien. Te hicieron lo que yo llamo "efecto spoiler". Hicieron un amago de contarte el final del libro. Te comportaste como un crio pequeño que no quiere escuchar. Estabas gracioso. Te arrebataron los cascabeles. Nunca llegaste a imaginar ese día. Los felicitaste con orgullo. Tu trato cambiaria con ese hecho. Ahora los tratarías como unos compañeros más.
Caminabais por la aldea. Hablabais de vuestras mejoras, pero no te hicieron el mínimo caso cuando llego tu turno. Estaban ansiosos de ir a comer algo. Te ignoraron. En cuanto escuchaste "Kakashi sensei paga", te escabulliste como un ratoncillo asustado. Pusiste por delante la escusa de que tienes otros asuntos a lo que atender. No era eso. Debías ir hablar con Jiraiya sobre ese asunto. Te distrajiste con la lectura. Ese olor a nuevo te hacia adictivo a él. Te metiste en ese mundo alternativo de la historia. Pero poco te duro. Alguien te paro en medio del gentío. Era Jiraiya.

-Tal como acordamos… -Lo miro de reojo.-… Dejo a Naruto a tu cargo.
-Mmm…- Despegaste un poco la nariz del libreto.
-Los Akatsuki se están impacientando y ya han empezado a moverse… - Le informo. - ¡Eh tu! – Grito a alguien. Era a mí. Me pillo por casualidad pasando por allí de iconito.- ¡Te estoy hablando! ¡No vas saludar al viejo Jiraiya!

Me acerque a vosotros con mala gana. No iba con mis atuendos normales. Iba como dios oculta tras un manto negro y ocultando mi rostro tras mí larga cabellera oscura. ¿Cómo pudo verme? No tuve más remedio que acercarme. Conoce a la serpiente y sabe como verme cuando estoy en mi modo dios.

-¿Qué quieres?- Le dije bruscamente. Tu seguías con tu lectura.- Tengo algo de prisa.
-¡Solo quería verte… - Quería fastidiarme. Acerco su mano para apartarme el pelo. Le mordí la mano- ¡HAY! ¡Que pasa tus dientes son de oro macizo!
-No- Sonreí, porque se lo merecía.- Ya me puedo ir.
-Bueno,- Miro el libro que llevabas en las manos.- ¿Cuándo te leerás mis obras?- Lo señalo.
-Cuando tú musa, -Saque un mechero de la nada.- se case, ósea nunca. Además no es mí….
-Mmm…- Alzaste la vista.- Es un libro interesante.- Me interrumpiste. Parece que te sorprendió el mechero o el peligro que conlleva eso.
Jajaja!- Jiraiya se rio.- Amigo mío. Llevo años intentando convencerla. – Me miro con malicia.- Ten cuidado igual lo quema.- Te susurro.- No le gusta el verde.
Acto seguido lo guardaste en el bolsillo de tu pantalón. Era un primer ejemplar y eras afortunado de tenerlo el primero.
-¡Ah!- Pareció acordarse de una cosa. Te agarro de los hombros. Fijo era alguna idea loca de la serpentina. –Mira que mozo más guapo.- Le miraste extrañado.- Bueno, su problema es esa mascara.- Me aleje. No lo iba decir.- Tss –Chisto.- ¿No lo quieres cómo…
- Jiraiya…- Te incomodaste.- No creo…
-¡Sssh!- Te mando callar.- Algún día me lo agradecerás.- Te susurro otra vez.- Un pajarito me dijo que querías un novio.- Se dirigía a mi.- ¿No lo quieres?
-No gracias.- Rechace la oferta del Sannin. Esas palabras eran de la serpiente.- Debo marcharme. Y una cosa más, dile a tu musa que la matare.

Ambos os quedasteis con mal cuerpo, tu por la amenaza de ver quemado el libro y el otro por perder a su musa. Os despedisteis y tomasteis direcciones opuestas.
Regresabas a hombros de tu buen amigo Gai, mareado por la carrera. Vuestra primera misión había sido un éxito. Tu nuevo equipo consiguió llevar al Kazekage con visa a su aldea y acabar con uno de los integrantes de Akatsuki. En cuanto a ti, usaste demasiado tu sharingan. Te obligaron a quedarte en el hospital. Odias ese lugar. Estuve allí a tu lado. No te diste ni cuenta. Te pasaste todo el santo día leyendo ese. Tus alumnos te hicieron la visita rutinaria. Poco antes habías recibido a la Hokage, Jiraiya y a alguien que ya conocías, tu antiguo compañero del ANBU. Era el nuevo capitán de tu equipo, tu sustituto. Le explicaron la situación de Naruto. Encajo bien la advertencia. Él lo controlaría mejor que tu.
Los días se te hicieron largos y aburridos. Pasabas las páginas sin prestar atención. Tu mente maquinaba algo, un modo de entrenamiento en poco tiempo. Pues tus pajaritos te habían llevado información. Tu equipo había regresado a la aldea. Escuchabas sus gritos acercándose. Les preguntaste por las marcas rojas de sus caras. Tu alumno más o menos te lo conto. También te presentaron a su nuevo compañero. No te impresiono mucho. Sabias perfectamente quien era. Le comunicaste a Naruto su nuevo entrenamiento. Se lo tomo con alegría. Tú te encargarías de ello. Al de pocas horas te dieron el alta.
En el campo de entrenamiento, vigilaste sus progresos. Lo estaba haciendo bastante bien. No veías el día en que te superaría. Llego muy pronto. Vistes el potencial de la nueva técnica. Era tan grande que hasta la mismísima Tsunade le prohibió usarla.
La noticia alcanzo la aldea. Jiraiya había fallecido. El líder del Akatsuki lo asesino. No obstante, llego un mensaje indescifrable en la espalda de un sapo. Eran números. Tras ellos ocultaban un significado. Lo mandaron a investigar al centro de desencriptación. No llegaron a ninguna conclusión. Fueron recopilando información de allá y de acá. Hasta llegaron a preguntar a Naruto. Les dio una referencia, el último libro del difunto. Tú apareciste como caído del cielo. Te obligaron a leerlo en voz alta. Después de eso, se te quitaron las ganas de seguir con el libro. Huiste al interior del bosque para olvidar ese momento tortuoso.

-¡Hola!- Te saludo un muchacho de la misma edad que tus alumnos. Te miraba con cierta curiosidad.- ¿Se encuentra bien? Le veo con mala cara.
-Estoy perfectamente.- No confiabas en el muchacho. Te daba muy mala espina. Podría ser el enemigo, pero por extraño que te pareciera te recordaba vagamente a mí.- ¿Te he visto en algún lugar?
-No señor.- Te ocultaba algo tras su espalda, un par de katanas.- Yo estoy de pasada.- Te mintió. Era uno de los míos, el Tigre, mi primo.- Viajo hacia al norte. Debería proseguir mi viaje. Hasta la próxima, señor.

Dio un salto y desapareció. Te negaste varias veces. Seguías convencido de que el joven se parecía a mí. Te empeñaste a creerlo. De regreso a la aldea, paraste frente al monumento de los caídos. Preguntaste a los tuyos por esa cosa que no lograbas olvidar. No te dieron ninguna respuesta. El viento soplo llevándose varias hojas de los árboles y unas pequeñas gotas empezaron a caer del nublado cielo.
Un mal presentimiento me llevo a ese camino prohibido. No estuve atenta a lo que sucedía en tu mundo en esos días. Estaba obligada a estar en mi mundo por un asunto familiar, hasta que mi corazón se encogió al sentir la pérdida de un ser querido. Algo iba mal. Recorrí ese oscuro lugar por mucho rato. Solo había espíritus errantes que aun no deberían caminar por ese lugar y los que esperan el perdón de sus pecados. Te encontré vagando por ahí. ¿Qué hacías ahí? Consulte con los míos. Me dieron una fatídica respuesta a mis preguntas. El líder de Akatsuki estaba atacando ese mismo momento Konoha. Utiliza el poder ancestral de mi propio hermano y que yo conocía lo suficiente bien. Ninguno de ellos te mato. Fue tu imprudencia de utilizar tus últimas energías en transferir la información de tu cabeza a otra. Por estabas perdido en medio de la oscuridad. Algo en mi se hizo añicos. No había cumplido mi promesa. Te abrace con fuerza. Te sorprendió sentir mi tacto por primera vez.

-Lo siento, debí cuidarte.- Lo susurre. Mi voz no quería subir de volumen.

Sentí tus ganas enormes de preguntarme un millón de cosas. No era el momento, ni lugar. Además no podía darte todas las respuestas. No las tenía o serian difíciles de responder. Como dios, debía atender a ciertos deberes. Te deje ahí, pero no solo. Alguien cercano a ti te esperaba. Moví, no, movimos los hilos que ejercen este mundo, para que tu joven alumno venciera. Sus palabras llegaron al verdadero Pein. Compartían el mismo sueño. Con sus últimas fuerzas, regresaste a la vida. Mi promesa seria otra vez valida.
En ese periodo, el kage del País del Rayo solicito una reunión de las cinco grandes naciones para aclarar el asunto de uno de tus ex alumnos, Sasuke Uchiha. Utilizaron el país de hierro como lugar neutral y tomando a su líder como moderador. Parlamentaron hasta que fueron interrumpidos. Sasuke ataco al Hokage no oficial. Acusándolo por lo que le hizo a su hermano. Más tarde, apareció Madara declarándoles la guerra.

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