domingo, 22 de enero de 2012

Ilusión y Dioses

La Cuarta Gran Guerra dio comienzo. Tsunade despertó de de letargo y volvió a tomar su cargo. Te libraste por los pelos. Empezabas a concienciarte en que serias el próximo Hokage. En consolación a eso, te nombraron comandante de la tercera división. Con la unión de las cinco naciones ninja y la nación samurái formaron la Alianza Shinobi, primera unión entre países. Me recordó a un fragmento de la propia historia de mi mundo.
Avanzasteis al campo de batalla. El enemigo os esperaba. ¿Raro, no? Vuestro enemigo era vuestro muertos. Os dolió mucho luchar contra ellos. Mas a ellos, tenían conciencia de lo que hacían hasta cierto punto. Estaban siendo manipulados. Eran peones de quien debería estar muerto. Lograsteis sellar a unos cuantos, pero no a todos. Tampoco pudisteis ocultar la guerra a Naruto. La percibió y salió ayudar. Lucho contra el enemigo con valentía. Con una gran ventaja, obligasteis a Madara a salir de su escondite. No podía ser. Su verdadero cuerpo estaba frente a los cinco Kages. Al ver la amenaza salieron a luchar. Entonces os entro la duda. ¿Quién era verdaderamente el enmascarado que hacía pasarse por Madara?
Ahora se enfrentaba contra Naruto. Lo quería capturar y extraer al biju de su interior para llevar a cabo su plan. Nosotros, los dioses, estábamos al tanto de ello. Invoco a los antiguos Junchurikis con los bijus aun en su interior. Eran seis. Mi pequeño ahijado consiguió liberarlos del poder del rinnegan. Aun así seguían atados a Gedo Mazo. No podía hacer nada y tú lo viste. Estabas ahí. Fuiste a dar tu apoyo junto a Gai. Él solo no podría con tanto Jinchuriki. Además, El portador del Hachibi, Bee, estaba herido. No podía presentarme. Yo y los míos estábamos debilitados. Algo estaba absorbiendo nuestro poder. Sabíamos quién era la causa.
Llevo a cabo suplan. No tenía más remedio. Si no lo hacía, sería su fin. La luna se volvió roja. Todos os fijasteis cayendo en su influjo. Lo había conseguido. Su risa maligna se pudo escuchar por todos lados. Caísteis en su mundo imaginario y con parte de nuestro poder lo transformo a su antojo. Naruto y Bee eran inmunes. Os zarandearon varias veces. No salíais de vuestro ensañamiento. Naruto Lo dio por perdido. Insulto al maldito Madara. Poco apoco recuperamos nuestras fuerzas. Nos aparecimos cada uno en una zona. 

-¡TIA!- Grito Naruto al verme.- No estás como ellos. ¿Cómo has podido…
-¿Qué haces aquí? Es peligroso.- Solto el Kyubi desde su interior.
-Kurama es mi deber.- Conteste al biju en vez de a Naruto.
-¡Ey! ¿Qué pasa aquí?- Me miraba a mí y luego en su estomago.- ¿Cómo sabes su nombre? ¿No estabas de viaje? ¿Y porque llevas esas ropas? ¿Dónde están tus lentes?- Me ataco con preguntas.
-Es una larga historia, Naruto.- Me fije en ti.- Ahora debo despertar a esos dos.
-Es imposible.- Gesticulo mucho.- Bee y yo lo hemos intentado.
-¿Habéis probado los métodos normales?- Afirmo con un leve movimiento de cabeza.- Ya veo… La luna refleja nuestros deseos más profundos. – Intento explicárselo.- Pero tu misión ahora es vencer a Madara. Nosotros no podemos. Está usando parte de nuestro poder y de los bijus.- Le susurre al oído la forma de destruir la estatua y vencerle.
-¿Vosotros? –Miro a todos lados.- ¿Quiénes? No entiendo eso.
-Naruto, es el Dios Dragón.- Le confesó Kurama mi verdadera identidad.
-¿Él de las historias?- Se sorprendió por el hallazgo.- ¿Pero no era un hombre? – Le di un colleja.- ¡Hay!- Lo recordó al ver mi cota de malla.- Ahora caigo, por eso no me dejabas mirar el armarito de la entrada. Escondías eso.- Señalo mis prendas.
-Ve Naruto.- Le di un pequeño empujoncito.- Cuando la luna recupere su color, nosotros recuperaremos todo nuestro poder y él se debilitara. Es tu momento. ¡Ah!- Exclame.- Si ves a una mujer con una larga trenza y unos cascabeles y se acerca a ti, dile que el Dragón la matara. Buena suerte.

Naruto se despidió y marcho en busca de Madara. La luna volvía a su ser. Su color perlado con toques amarillentos habituales regresaba, al igual que nuestro poder y brillo. Lo sentíamos. El mundo se estremeció. La ilusión empezaba a cobrar vida propia. Unos cuantos de los míos despertó a una gran parte del ejército y del resto del mundo. Nadie sabía de mi presencia allí. Escuchaba sus preguntas, porque en ocasiones los míos se juntaban para hacer el trabajo más rápido. No les decía nada. Les decían como despertar a los demás y marchaban hacia otro lugar.
Me acerque a ti dudando. No quería saber en qué mundo estabas inmerso. Sabía en cual. Puse mi mano a la altura de tu corazón estaba acelerado. Tu subconsciente había recreado  un mundo donde… Unas palabras mudas salían de tu boca al sentir mi presencia. Eran imperceptibles. Por mi nervios emergente me mordí una uña.

-¡Mierda! Me hecho sangre.- Musite.
-Sangre…- Tu voz atontada volvió.- Mi deber es… Soy…- No terminabas las frases.
-No, no lo eres.- Quite mi mano de tu pecho.- No has actuado como tal.

Reaccionaste ante mis palabras. Pestañeaste confundido y tu pupila giratoria giro. Acto seguido me agarraste la muñeca de donde sangraba. Había parado.  Tú volvías a la realidad. Te costaba arrancar.

-¿Qué ha sucedido? La luna estaba...-Me abrazaste con fuerza.- Eres real. Lo sabía…
-Suéltame, no soy tu peluche.- Me teletrasporte a unos metros de distancia de ti.- Caites en un Genjutsu muy poderoso reflejado en la luna misma. Fue un acto un poco raro.- Me aleje.
-Mmm...- Te rascaste la cabeza.- Entonces no lo dije… ¿A dónde vas? Me va a dejar solo…
-¿Ein? Me están llamando.- Seguía alejándome.- Debes despertar a ese.- Me refería a Gai.- Tú sabrás que hacer con él. Dile algo raro. Tú reaccionaste cuando dije sangre. Él reaccionara con que le llames viejo.
-¡Espera! ¡No te vayas aun! –Seguías mi estela y volviste agarrarme de la muñeca.- ¿Y si reacciona mal a esas palabras?

El sonido de unos cascabeles acercándose, llamo bastante la atención en vez de tu pregunta. Me puse seria. Esa persona no traía nada bueno. Percibía sus pensamientos a larga distancia. Salió de entre los arboles de la parte sur. Su cara al verte era indescifrable, entre asco, sorpresa, envidia o paranoia. Esta última era la más probable. Se puso roja de ira en cuestión de segundo y preparo sus puños para el ataque. Se tranquilizo de repente. Se le había dibujado una sonrisa malvada en su rostro. Mis instintos habían acertado. Algo tramaba la maldita serpentina. ¿Y qué carajo hacia allí?

-¡Pervertido!- Grito a pleno pulmón.- ¡Suelta a la escupe fuego o te me meto veneno en el cuerpo!- Amenazo. Se planto en medio de los dos y te agarro con fuerza la mano. Me soltaste la muñeca. Su actitud cambio.-Hola soy la Serpiente. También me puedes llamar Serpentina, Cascabeles, Casca belenes o como tú quieras.
-Encantado de conocerte.- Te dio miedo su actitud.
-¡Oh! ¡Qué majo!- Te revolvió el pelo.- Os doy mi bendición, si intentáis casaros después de esta locura.- Te empujo con un dedo.- Le traías muchos quebraderos de cabeza.- Se rio mirando mi reacción.
-¡Vámonos!- La arrastre lejos de ti para que no siguiera con ese juego raro  que tenía entre manos.- ¡Despierta a ese ya o se quedara vegetal!

Aguante sus protestas por el camino. Me había hartado su actitud. Siempre haciendo lo contrario. Por el camino la fui recriminado su actitud. Se había pasado tres pueblos y cuatro ciudades. Estaba borracha. Dentro de su trenza estaba la botella de sake que horas antes se había pimplado. Me lo confirmo uno de los otros dioses, el buey. La vio justo cuando lo hacía. La obligue a despertar a más de mil personas. Lo hizo a regañadientes. No había hecho nada. Solo vaguear y beberse la botella. Mientras tanto yo, hacia lo mismo. Tsunade me dio las gracias. No deseaba regresar a su mundo ilusorio. Por lo que vi, fui horrible para ella. También despertamos a los otros Kages. Se desconcertaron al ver a todos los dioses juntos, a los doce. Por fin se enteraros de nuestra existencia. Éramos reales aunque nos hubieran olvidado.

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