lunes, 23 de enero de 2012

Su nombre y Decisión

La paz volvió a cada una de los países involucrados. Madara había sido derrotado. Los bijus fueron liberados, pero bien vigilados. Toda la gente fue también liberada del Gran Genjutsu. Nuestra existencia fue revelada. Nos admirasteis, pero al mismo tiempo nos temíais. Quienes hablando con nosotros fueron los Kages y los que no nos temían. Era todo un caos. Nos hicieron cada clase de preguntas. No las respondimos todas. Algunas eran de carácter personal. Nos hicieron peticiones. Nosotros no hacemos milagros. Se lo dejamos bien claro. Nosotros nos dedicamos a mantener… No lo dijimos. Nuestra tarea es tabú entre vosotros.
Celebrabais la victoria con pequeños festejos en cada aldea oculta. Regresasteis cuanto antes, para ayudar a la reconstrucción de la aldea. Estaba a medias. Os estaba viendo desde una de las cabezas de los Hokages. Había huido de las insistencias de algunas personas. Prefería la tranquilidad al jaleo. Por ahí abajo andaba mi primo, el tigre, ayudándoos. El día que le viste fue porque quería acercarse a ayudar sin ser descubierto. Cuando te vio, temió por su vida. Creyó que yo andaba cerca. No era así.

-Bonita vista, ¿no?- Tu voz sonó tras de mí y te sentaste a mi lado.
-No,- Suspiraste con mi respuesta.- en cualquier momento ardera la ciudad, pero como sois propensos a ser atacas.
-Tienes razón.- Las luces iluminaros la aldea.- ¿Por qué te fuiste de un día para otro?
-Ya no me necesitabas- Me levante.- y por miedo.
-¿Miedo?- Alzaste tu única ceja visible.- Vosotros nunca tenéis miedo.
-Si la tenemos.- Acaricie tu cabellera plateada.- Una vez te lo dijeron…
-Sois mortales de donde provenís.- Te salió muy natural.- El Gran Genjutsu me lo mostro. Soy…
-No,- Te interrumpí bruscamente.- no lo eres. ¿Recuerdas la roca en medio del bosque?- Me miraste desde abajo.- Nadie de tus antecesores la encontró, excepto tú. La historia fue real. Aquella mujer del claro era yo u mis palabras iban dirigidas a ti.

Te quedaste callado. Estabas procesando lo que e dije. Te sorprendiste y sonreíste feliz. Parecía que habías aligerado un peso interno. Algo había cambiado en ti. Volvías a ser ese niño mono de tres años. Pronunciaste el nombre prohibido como si fueran unas palabras mágicas. El viento se las llevo. Nadie podía escucharlas.

-Nadie me lo dijo,- Rompiste el silencio. –tu nombre. ¿Por qué lo es, no?- Te sonreí en modo de respuesta.- Lo vi escrito en un viejo libro de un antepasado. Habla de los dioses y sus guardianes. Papa me lo leía mucho.- La nostalgia te invadió. Te dolía recordarlo.- Mmm… Ahora lo entiendo. Papa me estaba preparando y por eso mis Ninkens no me dijeron nada. Ellos ya sabían la verdad sobre ti.- Te levantaste para estar a mi misma altura.- ¿Cuál es la mía? Si no soy tu guardián, entonces… ¿Qué soy para ti?
-Eres él.- Me abrace a ti. Te enseñe una imagen suya mentalmente y su promesa. Rodeaste mi cintura con tus brazos.- ¿Lo entiendes?

Estuvimos así largas horas. El frio hizo mella en ti. Te hacías el machote. Yo soy inmune. Estoy acostumbrada. Tus dientes rechinaban un poquito. Te pellizque varias veces para que te calentaras. Te quejaste, pataleaste y te dio por hacerme cosquillas. No llegaste a traspasar la cota de malla. Gruñiste frustrado. Me reí por ello. Te enfurruñaste cruzando los brazos. El niño pequeño seguía allí. Luego bostezaste. Me diste un pequeño tironcito. Tenías sueño. Nos sentamos bajo un árbol. Apoyaste tu cabeza en mi regazo. Te quedaste dormido al instante. Active la barrera que una vez use contigo. Así nadie podría alterar tu sueño.
Te volvían a buscar como años atrás. Pusieron la aldea patas arriba. Gritaban tu nombre y no respondías. Estabas profundamente dormido y soñando con que cosas. A Naruto le dio por mirar otros sitios. Nos encontró. Estaba a punto de pegar un chillido, cuando el indique que no lo hiciera. Guardo la calma. A saber qué cosas llego imaginar en esa cabezota. Con cuidado, deposite tu cabeza sobre la hierba. No quería despertarte. Le susurre unas cuantas cosas a Naruto. Me ayudo. Te llevamos a tu casa con una simple técnica. Te recostamos en la cama. Tuvo tentaciones de quitarte esa molesta mascara. Acabo recibiendo una colleja. Al salir de tu casa, protesto y vociferar un sinfín de cosas. No le ignore. No entendía que decía.
Llego un día en que Naruto realizo me realizo una pregunto qué te llamo bastante la atención. Él era de esas personas que se atrevían hablarme. Tú te escondías. Estabas en una rama de un árbol leyendo tu libro. Me di cuenta de tu tremenda curiosidad por la respuesta.

-Tía,- Hablo en un tono bajo.- ¿Cómo se le dice a una persona que la quieres?
-Eso lo tendrás que averiguar tú.- No entusiasmo la pregunto.- Esas palabras suelen costar mucho pronúncialas, pero con los actos del día a día es como decirlas.
-¿Alguna vez se lo has dicho a alguien, a alguien muy especial?- Enfatizó esto último
-Si, al perro.- Te decepciono ese dato. Yo me reí, porque sabía a donde quería llegar con esas preguntas.

En los siguientes días, tu actitud cambio. La gente más cercana a ti lo noto. Llegabas pronto a tus citas. Dejaste de leer tu libro en público y de disculparte con tus escusas absurdas. Intentabas comunicarte un poco más de lo habitual. ¿Qué intentabas? ¿Llamar mi atención? Ya eras así antes de aquella misión. No lograste nada. Esa actitud tuya llamo más la atención a otras personas y empezaron a investigar la causa. Solamente una sabia más o menos. A no ser que la Serpiente anduviera haciendo de las suyas por allí. No, la mande de una patada a casa, a mi mundo.
Salía del despacho de Tsunade. Me había pedido hablar de un asunto, de ti. Me pregunto por tu extraña actitud. No supe contestarla. Me encogí de hombros. Aunque vio algo en mis ojos que la hizo sonreír y sacar una botella de sake. La deje emborracharse allí. Grito algo que yo no llegue a escuchar. Cuanto mas lejos estuviera de allí, menos probabilidad tenía de ser acosada a preguntas indecentes. La última vez que estuve cerca de esa mujer borracha, no paro de hacerme preguntas. Da miedo en su estado de embriaguez. Algo me empuja a un cuartucho oscuro, muy pequeño. ¿Qué hacías escondido ahí? ¿En qué andabas pensando? Yo lo sabía. Me acorralaste contra la pared. Oliste el perfume de mi cuello y te quedaste así unos segundos. Jugaste con un mechón de mi pelo. Querías decir algo, pero no sabias como.

-Llevamos meses juntos…-Tragaste saliva. Empezabas a poner un poco colorado. – porque no…

Me tape la boca como un auto reflejo. No quería reírme por tu propuesta aun no dicha. Me dio vergüenza momentánea. Lo que quería hacer era huir. Lo siento, pero tenía que irme. Aun para mi eras ese niñito mono de hace años. Más tarde me aparecí en tu casa. Me quite esa imagen de ti de mi mente. Si eras él, debía mentalizarme para ello. Te abrace como si te estuviera pidiendo perdón por mi actitud. El cual no te agrado mucho. Me preguntaste por ello y aclare algunas dudas. No te importo. Captaste enseguida de que no estaba preparada para ti. Decidiste esperar.
Te despertaste alterado. Habías tenido un mal sueño o uno egoísta. No lo quise saber, pero nuestras mentes se conectaron en la noche y la mía te transmitió mis miedos más profundos. Tu sueño se baso en ello. Me abrazaste con fuerza. Estabas asustado. Creíste, por un segundo, que me iría en cualquier momento. Palpaste todo mi cuerpo para ver si era real. Te tranquilizaste.

-¿Te encuentras bien?- Te di un pequeño beso. Te sorprendió más mi pequeño acto que la pregunta en sí.
-¿Me has besado?- No me respondiste. Eso significaba un sí. Tocaste tus labios extrañado.- Tus… ojos… ¿Qué les ha pasado?
-No les pasa nada.- Fruncí el ceño.- Siguen siendo iguales.
-No…- Me acariciaste el rostro.- El color… Es raro… Siempre han sido…
-Marrones.- Acabe la frase.- El dorado representa nuestro poder.
-Entonces…- Te quedaste sin habla.
-Tome una decisión.- Pestañeaste incrédulo.- Me quedare contigo, pero con una condición.
-¿Cómo cual?- Te acomodaste más en la cama.
-Un día deberé regresar –Te pusiste serio.- y no deberás montar una escena de…

Fuiste quien me beso. No me dejaste terminar la frase. ¿Por qué lo hiciste? Te golpee. Ibas demasiado de prisa. Te pusiste encima de mí y no me dejaste moverme. Te estabas dejando llevar por un instinto muy primitivo y tú me llevabas a él. En el proceso, casi me dejas sin respiración. Me miraste a los ojos con pasión.

-¿Tus labios los he probado en otro lado?- Intentabas recordar algo.- Son parecidos a los…- Sonreíste como un tonto.- ¿No me dejaste solo?
-Nunca.- Me abrace a tu cuello.- Pero te mereciste esa bofetada.
-Mmm…- Dejaste caer la cabeza en mi hombro.- Me gusta ese aspecto tan…
-Soy así normalmente.- Lo dije con la boca pequeña.- ¡Quítate de encima! –Por alguna razón te hizo gracia.-Necesito una cosa.

Te empuje tan fuerte que caíste al suelo. Te incorporaste tocándote las nalgas con cara de dolorido. Fingías. Me seguiste con la mirada. Estaba rebuscando en un pequeño bolso. Te extraño y te acercaste. Tenías curiosidad por saber que había en su interior. Me lo quitaste de las manos y lo alzaste.

-¡Oye! ¡Eso es mío! –Te grite e intente recuperarlo.- ¡Devuélvemelo!
-Usa tus poderes.- Te burlaste.- ¡Ah! ¡No! ¡Ya no los usas!
-¡Imbécil! –Hice volver mi poder y te tumbe.- ¿Me lo devuelves?
-Si…-Tragaste saliva.- Tómalo.- Lo soltaste. Al fin pude coger lo que necesito, mis gafas.
-Ahora veo mejor.- Tire el bolso por ahí.- Ni se te ocurra mirar su interior.

Tu pulso se acelero de repente. Por un instante sentí el tiempo pararse. No sé qué paso. Te moviste lentamente y susurraste mi nombre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario