miércoles, 11 de abril de 2012

Tierkreis

El espeso bosque no se acababa nunca. Esquivaba como podía los arboles y las raíces de estos. En una ocasión tropezó sin llegar a caerse al suelo. Corría para salvar su vida. Había cogido algo que no le pertenecía. Tampoco a ellos. Sus ideas eran muy erróneas respecto a las suyas. Por esa razón y por instinto se lo llevo. Ahora la estaban pisando los talones. Una mano la agarro del brazo y todo de ella. No logro gritar. Con la otra mano, le tapaba la boca.

-Estate quieta,- Le susurro al oído.- si no nos descubrirán.

Los soldados pasaron de largo. Sin verlos. No se movieron de ahí hasta que desaparecieron. La soltó e inspecciono la zona. No había de soldados a la vista. Suspiro y se rio. Tenía ganas de darles una paliza. Se volvió a ella. Le extraño sus atuendos. No eran habituales en su ciudad natal. Se rasco la nuca confusa. Luego le tendió la mano.

-Vámonos de aquí.- Cogió su mano.- Estaremos enseguida en el castillo.

Abrió un agujero amarillento en el espacio tiempo. Ella reacciono rápido. La había salvado la vida. Entro corriendo al portal.

-¡Ey!- Exclamo sorprendió.

Ya en el corredor del infinito, se quedo asombrado. Lo habitual de aquel lugar eran las infinitas puertas a otros mundos. En vez de eso se encontró con una puerta en medio de todas.

-Vaya, vaya.- una voz misterios surgió de uno de los portales.- un portador de la marca de las estrellas- Se fijo primero en él y luego en el portal y ella.- una guardiana del infinito.- El anciano señor se acerco para verla mejor.- Veo que sois reales. No seres imaginarios de las leyendas.

-¿Cómo ha dicho abuelo?- Fue descortés.

-¡Que muchacho mas impertinente!- Exclamo sin malicia.- Os habéis topado con algo muy valioso…- Desapareció por uno de los portales.

Se quedo con la boca abierta. Aquel viejo estaba loco de tanto estas ahí. Le ha afectado.- ¿Cómo alguien podía ser un guardián del infinito? Nunca había escuchado tal barbaridad. No se lo tomo enserio, pero le daba muchas vueltas en la cabeza. Un fogonazo de luz le trajo de vuelta. El portal había desaparecido y ella maldecía. Recibió un golpe por parte de un desconocido que le dejo inconsciente.


Abrió los ojos. Todo era borroso. Poco a poco empezó a distinguir el mobiliario del lugar. Estaba en la enfermería del su castillo. Se incorporo. Una punzada en la cabeza le hizo volverse a tumbar. ¿Tan fuerte le había dado? LA enfermera se había acercado. Le dio unos calmantes de efecto rápido. Se volvió a dormir.
No supo cuantas horas estuvo durmiendo. El golpe ya no le dolía tanto. Se levanto con cuidado, procurando no marearse. No se habían preocupado de cambiarle de ropa durante ese tiempo. Salió de la enfermería a trompicones. Se dirigía a su habitación en el otro extremo del castillo. No se encontró con nadie en los pasillos o eso pensaba. Por lo general, los miembros de la orden iban de misiones y no andaban muchos días por ahí. 

Llego sin problemas. Estaba todo como lo había dejado, un par de libros apilados sobre una mesa, unas armas en el arcón y su cama a medio hacer. Fue hacia el armario y se cambio de ropa sucia por unas de color azul y plata. El atuendo era nuevo. Era el momento apropiado para estrenarla tas recuperarse de un golpe.

-¡Anda!- Pego un salto al oír esa voz, la de su amigo.- Se despertó el señorito.- Se burlo- Llevas una semana durmiendo como una marmota.- Puso la mano en su hombro.- Una hermosa mujer velo tus sueños.- Siguió con su burla.- ¿Te bebiste un somnífero o qué?
-¿Qué mujer?- No escucho su pregunta.
-La que te trajo arrastras tras el portal.- Se había quedado mosca con eso.- ¿No recuerdas como llegaste aquí?
-No,- Recordaba vagamente el corredor del infinito. -¿Aun sigue por aquí?
-Si, va todos los días al embarcadero.- Señalo un punto en la pared.- Estará allí.

Salió de su habitación sin agradecerle la información. Tenía un par de cuestiones por aclarar con esa mujer. Una desconocida entre los suyos. ¿Qué había hecho con la crónica que escondía? El ya sabía que la tenía. Por eso estaba allí y en ese preciso momento. La voz de sus sueños le decía “La crónica ira a ti”. Ese hecho se había cumplido. La otra cuestión era sobre lo que dijo el anciano del corredor. 

Una muchacha muy parecida a él recorría el pasillo. Cargaba con ropa limpia. Al verle las dejo caer al suelo y corrió abrazarlo. Llevaba bastante tiempo sin hacerlo. Tampoco la dejaron acercarse a la enfermería. Al ser tan escandalosa, perturbaría la tranquilidad de aquellos que se estaban recuperando. Se había quejado mil veces, pero no logro nada. Sus lágrimas recorrían sus mejillas como cascadas. Le había echado de menos.

-¡Eh! No llores pequeñaja.- Le limpio las lagrimas.- No ha sido nada. Mi cabeza es dura.- Se toco la cabeza.- ¿Ves?
-Hmmm…- Afirmo con un leve movimiento de cabeza y se sorbió los mocos.- Esa mujer…
-¿Qué sucede con ella?- Otra vez se la nombra.
-No me dejo entrar a visitarte.- Paso de la llorera al enfurruñamiento.- Arreglo la cosa esa, el elevador. El viejo Beltra no se lo pudo creer. Le pregunto como lo hizo y no le contesto.- Subió el tono de voz.- ¿Te lo puedes creer? Luego le puso algo a la mesa del comedor. Ya sabes esa que cojea. Ahora no lo hace.- Se había dado cuerda ella sola. Le iba contar todo lo que hizo esa mujer.- El fresco que hay justo en el salón de reuniones. El que dijiste un día que había que volver a pintarlo. Pues lo hizo ella. La señora Meg y Calia la alaban por ello.- Parecía que no le gustaba mucho su presencia.- Ni siquiera come nuestra comida. Tampoco habla mucho con nosotros. Hermano, ¿Por qué vino contigo?
-¡Calma!- Suspiro fastidiado. No  tenía ganas de aguantar a su hermana quejarse.- No porque vino conmigo, pero sé que esconde la tercera crónica.- Ella se levo las manos a la boca sorprendida.- una cosa hermanita pórtate bien con ella, sino no os la dará.- Le revolvió el pelo.- Ahora tengo unos asuntos que arreglar. Volveré pronto.


Dejo a su hermana recogiendo la ropa. Le había entretenido. Dio una patada al aire frustrado. No la iba encontrar en el embarcadero. Entonces… ¿Dónde? Empezó acelerar el paso. Al rato, estaba corriendo. Por el camino saludo a un par de compañeros. Esquivo algunos trastos tirados. Atravesó la puerta volando. La luz del exterior le deslumbro. Tuvo que acostumbrar la vista con rapidez. Solo estaba a un par de metros. Olía el agua del lago cerca. La encontró donde le habían dicho. Estaba tumbada y con los pies metidos en el agua. Se acerco despacio. Para su mala suerte, la madera del embarcadero crujió. La causa era su pesada estada. Ella no se inmuto. Le miro desde su posición y le ignoro por un momento. Buscaba algo en su bolso, la crónica. Se la tiro. La cogió al vuelo. Se ilumino mostrándole los recuerdos de otro mundo. En cuanto a cabo. Ella estaba de pie junto a él.

-Tu…- No le salían las palabras exactas.- ¿Por qué me lo has dado?
-Porque no lo necesito.- Escucho por primera vez su voz.- Vosotros si.- Se alejo dirección al portal.- Mi tiempo aquí termino.
- ¡No te vayas!- La agarro con fuerza el brazo. ¿Me golpeaste tú?
-No,- su mirada se perdió.- fue uno de los míos. No puedo decirte mucho.- Leyó su duda interna.- Tenemos prohibido contar nuestro cometido real.
-Te entiendo. Mi hermana no sabe ni la mitad de…- Aflojo su agarre- ¿Volverás?
-No lo sé.- Se encogió de hombros.- Algún día.

 
Contaba los días para su regreso. Los marcaba sobre el suelo de piedra bajo su cama. Iba cada hora al claro del portal. Estaba impaciente. Demasiado según alguno de los suyos. Las mujeres del castillo murmuraban al verle pasar. Había cambiado tras la partida de aquella mujer. Todos notaron el cambio. A su hermana no le gustaba. Prefería a su anterior yo. Ahora ni tenía ganas de hablar y jugar con ella.  Su tiempo se hizo de oro. Solo para las misiones y hacer lo que sea, esperar. Odiaba a esa mujer. Nunca debió ir solo aquella tonta búsqueda.

Llego tan inesperado día. Se encontraba en el claro pensando en s próxima misión. El siguiente mundo estaba a punto de aparecerse. Cinco años habían pasado. No era aquel muchacho impertinente del pasado. Ese primer encuentro lo transformo en otro. El portal se ilumino derepente. Se levanto emocionado. Igual era ella. Lo era. Corrió y la abrazo con fuerza. Dio vueltas como con su hermana cuando era pequeña.

-¡Eh tu! ¡Suelta a mí hermana! – Hablo una voz procedente del portal- ¿Quieres recibir otra paliza?

Se había tensado al escuchar esa amenaza. Miraba aquel hombre con rabia. Lo iba matar si no fuera por ella. La soltó y se acerco a él con malos aires. Quien le iba dar esa paliza seria él mismo. Sintió una presión en el hombro alejándolo de la futura bronca.

-Déjamelo a mí.- Le susurro ella.

No la vio venir. Ella empujo a su propio hermano al portal. No antes de regañarle y echarle en cara unas cuantas cosas. Las cuales él no las comprendió. La volvió abrazar con mucho más fuerza y alegría. Sin contener todas esas emociones guardadas para su regreso. LA beso, otro de sus impulsos. Esta vez inesperado. La había pillado por sorpresa. Pues su reacción fue lenta y su sonrojo delataba su vergüenza por ese pequeño acto. Él s rio por lo mismo. Sus verdaderos sentimientos salieron a la luz. Hablaron por él. Sonrió. Ella tenía la mirada clavada en el suelo. No pestañeaba. Levanto Levemente su barbilla.

-¿Sucede algo?- Pregunto preocupada por su actitud.

Entonces ella lo goleo con mucha fuerza. Se puso a la defensiva. Sus golpes eran precisos, certeros y muy rápidos. Sabía sus puntos débiles. Había acertado en dos zonas: Cuando intenta esquivar un golpe a la derecha y las patadas bajas. Le estaba desgastando. Su poder era superior a la de él.

-¡Estás loca!- Grito. Ella no reacciono a su grito.- ¿Me escuchas?

Siguió lanzándole golpes. Intento esquivarlos por enésima vez. No podía más. Estaba cansado. Cayó al suelo agotado. Ella puso el pie encima de su peco. Su rostro serio le dio un poco de temor. Nuca en su vida vio una mujer con tan mal carácter. Trago saliva. No sabía le iba hacer después. La pisada le dolía y le dificultaba la respiración. La agarro del tobillo para intentar quitarla. Una nueva fuera nació en su interior. Aprovecho a probarla cuanto antes. Consiguió tumbarla y tenerla a su merced. Las tornas habían cambiado. Ahora era él quien estaba encima de ella. Su cuerpo impedía que se moviera. 

-¿Quería matarme?- Golpeo el suelo con su puño. No muy lejos de la cabeza de ella.- ¿Qué demonios eres? – Se le había olvidado lo que le dijo el anciano del corredor.
-Soy un guardián.- Su dulce voz cambio.- Mi intención no era… Solo era una prueba.
-¡Una prueba!- Le había alterado, su respuesta.- ¡Por un beso! – Se levanto o si no sería peor. Se alejo.- ¡Que chorrada!
-Las pruebas de los guardianes no son para tomárselas de cachondeo, Tenkai. – Es última palabra le llamo la atención.
-¿Cómo…- volvió acercarse.- cómo sabes eso?
-¿El qué? ¿Tenkai?- Seguía en el suelo sin moverse.-Lo supe al ver y por eso te di el libro que llamáis crónica. – Se incorporo.- La prueba era para probar tu fuerza.
-¿Mi fuerza?- La miro desde lo alto- ¿Para…
-No, nos permiten relacionarnos con las gentes de otro mundos.- Le corto la pregunta.- ¿Sabes algo del mundo del Rey Único?- No le contesto.- Yo pertenezco a su mundo. Él fue uno de los nuestros.- Le dolía recordarlo.- Paro nuestro tiempo. No nos deja avanzar. Vivimos el mismo día eternamente.- Las lagrimas empezaron asomarse en sus oscuros ojos.- Ese es el concepto de su mundo ideal. Su objetivo es conseguir poder. Si uno como tu falla, se convierte en él. – Saco un pañuelo de seda con sus iniciales bordado en violeta.- Nosotros no podemos luchar. Nuestra misión es vigilar.  Pero si  vosotros lográis reunir ciento ocho estrellas y descubrir cómo acabar con él. Librareis al infinito de su dominio.
-¿Por qué me cuentas todo esto?- Se acuclillo para tener su mirada a su mismo nivel.
-Porque has pasado la prueba- Cogió su mano.

Ella se lo explico todo. La creación del rey único y de los guardianes, el porqué de los mundos se une al suyo y la gente olvida la verdad y otras cosas más. Se sorprendió al escuchar el proceso de la prueba. Solo la realizaban, si sienten que esa persona es digna para ellos. La prueba es diferente para cada persona. Él como Tenkai era probar su poder. Estuvieron hablando hasta bien entrada la noche. Las estrellas ya poblaban el cielo cuando se quedaron mirándose el uno al otro. Sin palabras, se estudiaron mutuamente. Alzo su mano y acaricio su mejilla. Sonrió. Luego ella bostezo. Estaban cansados. Todos en la fortaleza dormían. Era ya tarde. Agarro su mano. La llevo a hurtadillas al interio del edificio. No se encontraron con nadie por el camino. La guio hasta su habitación. Ella se rio al ver el caos. Como un tonto, lo aparto todo.

-¿Qué haces?- Volvió a bostezar.- Vas despertar a todos.
-Ordenar un poco.- Paro.- Esto esta…
-Tengo sueño.- Se hecho sobre la cama.- Déjalo para mañana.
-Bueno.- Dejo lo que tenía en la mano.- Es muy tarde.- Se echo a su lado y se acurruco.- Mañana iré a una misión. Debo descansar.
Buenas noches.- Beso su frente  y cerró los ojos

La observo por un rato. Su belleza la cautivaba, pero el sueño también llego a él.

Corría emocionado hacia la enfermería. Al llegar, uno de los suyos le comunico la gran noticia. Su hija o hijo está a punto de nacer. El elevador tardaba eones en bajar. Decidió subir las escaleras de dos en dos. No tenía tiempo que perder. Quería verlos a los dos. Darle sus últimas fuerzas a ella para su último empujón. Coger en brazos a su retoño. Besarla por darle el mayor regalo del mundo. Darle un nuevo sentido a su lucha. Paso el umbral de la puerta y un chillido muy agudo le dejo helado. Llego tarde. Unas risas de alivio y alegría le aliviaron de lo peor. Entro a la enfermería como un niño pequeño, lleno de curiosidad. Se acerco con cuidado a la cama cubierta con una cortina. La enfermera salió de ahí con un pequeño bulto pequeño. Corrió un poco esa cortina. El médico terminaba de ultimar unas cosas. Solo quedaba por salir la placenta y coser. Ella descansaba tras un gran dolor. Se sentó en la silla cercana a la cama. El médico le indico que la dejara descantar. Había tenido un  gran esfuerzo que hacer. Él había terminado su trabajo y regresaría  a comprobar s estado. Los dejo solos. Del silencio que había en el lugar y del cansancio, se quedo dormido. Sus sueños le llevaban a otro mundo. Nunca al de ella. Su dulce voz lo despertó. Cantaba una nana al bebe. Nunca la había escuchado hasta ese momento. Quedo maravillado, pero duro poco. El silencio regreso. El bebe dormía sobre el regazo de ella. 

-Se ha dormido.- Lo mecía con suavidad. – Aun no tiene nombre.
-Ya veo.- Acaricio su delicada cabecita. Tenía una ligera pelusilla del mismo todo de su pelo. Se lo maginaba de mayor. Sería como él. – Sera más fuerte que su padre.-  Beso su frentecilla- ¡Eh Sieg!


Así lo llamo. Las señoras le tejieron sus ropitas. Su hermana le bordo su nombre en una mantita. Sus ideas hacia ella cambiaron al ver su pequeño sobrino. Iba a visitarlo todos los días para dejarles un momento a solas a ellos dos. De vez en cuando necesitaban descansar. Aunque sus intenciones eran otros. Lo tenía todo planeado desde hace tres meses, desde su nacimiento. Un niño no podía crecer en un entorno como ese. La batalla final la veía muy cerca. Además, hoy utilizarían todos el portal. Aprovecharía a causar un poco  de caos para dejarlo en otro mundo. Nadie sospecharía de ella, incluido su hermano. Lo peor sería ella. Seguía sin congeniar con ella. Actuaba delante de ella. Era su turno para traspasar el portal. La gente esperaba órdenes en el corredor. La armo. Cogió al bebe y se lo llevo. Lo dejo cerca de una aldea en otro mundo. Cuando regreso, el caos seguía. Su hermano lo buscaba desesperadamente. Ella lloraba desconsolada por la perdida. Se sintió mal por lo que hizo.

-¡No lo encuentro!- Dijo impotente.- Podía estar en cualquier lugar.
-¡No!¡No!- Repitió una y otra vez.- Usa tu poder para encontrarlo.- Grito en llanto.- Es pequeño.
-¿Y el tuyo?- Lo susurro para él.- Bueno… Tranquilízate.- La abrazo consolándola.- Son demasiados mundos.- Él también estaba afectado.- Tu…
-No puedo.- Se limpio las lagrimas en un pañuelo de tela.- Colapsaría el corredor.

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