martes, 28 de agosto de 2012

Adiós y Su Mundo


 Adiós y Su Mundo.

Suspiraste profundamente al o sentir el calor de mi cuerpo. Te sentiste perdido. Sin saber qué hacer. El niño, Takashi, había estado observando la escena desde el marco de la puerta. Se acerco despacio a donde ti y te abrazo con ojos llorosos. Él no entendió nada delo sucedido. Ni menos el porqué desaparecí de esa forma. Le revolviste el pelo y sonreíste para tranquilizarlo. No lograste nada. Se había puesto a llorar. Lo cogiste en brazos y sentaste sobre la mesa. Pesaba demasiado para llevarlo en brazos. Te atusaste el pelo nervioso. Le ibas a contar el secreto familiar. Arrastraste la silla y te pusiste frente a él decidido. El chiquillo se sorbió los mocos y se limpio con las mangas. Estaba preparado para escuchar lo que le ibas contar. Pero no fue así. Te acoso a preguntas.

 
Adiós y Su Mundo.
Suspiraste profundamente al o sentir el calor de mi cuerpo. Te sentiste perdido. Sin saber qué hacer. El niño, Takashi, había estado observando la escena desde el marco de la puerta. Se acerco despacio a donde ti y te abrazo con ojos llorosos. Él no entendió nada delo sucedido. Ni menos el porqué desaparecí de esa forma. Le revolviste el pelo y sonreíste para tranquilizarlo. No lograste nada. Se había puesto a llorar. Lo cogiste en brazos y sentaste sobre la mesa. Pesaba demasiado para llevarlo en brazos. Te atusaste el pelo nervioso. Le ibas a contar el secreto familiar. Arrastraste la silla y te pusiste frente a él decidido. El chiquillo se sorbió los mocos y se limpio con las mangas. Estaba preparado para escuchar lo que le ibas contar. Pero no fue así. Te acoso a preguntas.
-¿Volverá mama?- Se volvió a sorber los mocos.- ¿A dónde ha ido? ¿Por qué sus ojos se han puesto dorados?
-Veras,…, hijo,..- Empezaste a contar la cosa más difícil para ti.-… El resto del mundo no la veras. Solo la veremos tú y yo. Ahora somos sus únicos guardianes y como tal deberás guardar el secreto.
-Pero papa…- hincho los mofletes y te abrazo con fuerza. Lo había entendido.
Mientras tanto yo regrese a mi mundo. La fuente de la llamada surgía de allí… La serpiente a punto de hacer una de la suyas. Nunca te lo dije, pero aquí, desde hace unos años. La serpentina se acoplo en mi pequeña morada. La tengo día y noche bajo el mismo techo. La ignoro por largos ratos. Necesitaba calmarme y procesar la información olvidada. Había olvidado que era estar en casa otra vez. Echaba de menos los coches pasar, los vecinos discutiendo por el mando de la tele… La puerta de la calle dio un portazo. Me sobresalte. Había salido la serpentina de casa. Se la escuchaba refunfuñar. Me asome a vigilarla. No me fiaba de su futura acción. Fuera, en la calle, había un camión de mudanza. Ese día llegaba un nuevo vecino al barrio, a la casa de al lado. La muy llevaba una botella en las manos para arrojársela. En cuanto lo vio le cayó mal. Baje con cuidado.asi la pillaba desprevenida. Si mi intuición no fallaba, se la iba tirar a la cabeza o algo peor, como mucho llegaría a soltar alguna palabreja mal sonante. La encontré soltando maldiciones. Levanto la botella y se la coloco en los morros. Suspire aliviada. Se estaba bebiendo su contenido. El nuevo vecino apareció. Bajo la botella rápido y abrió la puerta.
-¡Ni se te ocurra!- La advertí y arrebate la botella de sus manos.- No empieces a meterte en líos con el nuevo vecino.
-¡Es que no lo ves!- Lo señalo.- ¡Es él!
-¿Quién? – No vi al vecino nuevo.
-Nada déjalo.- Se rindió con facilidad.- No lo ves…
Al poco se marcho escaleras arriba refunfuñando.  No sabía a qué se refería y mucho menos quien era el vecino nuevo.  Días más tarde los descubriría y no gracias a ella.

Exactamente dos días después de mi regreso, sentí una perturbación alrededor. Algo dentro de mí se rompía y a la vez algo no muy lejos despertaba. No lo entendía. Me sentí extrañada y confusa. Menos mal que estaba en mi habitación vagueando, pero… Me levante con prisa. Algo estaba a punto de pasar en tu mundo. Fui hacia la ventana a mirar si alguien estaba observando y cerré las cortinas. Estaba a punto de regresar otra vez a ver qué sucedía. Aparecí en el bosque de siempre, pues no quería ir directamente allí. El mundo había cambiado en tan solo pocos días para mí.

Os observe sin mostrarme a vosotros. Los niños habían crecido. Takashi ya era un hombre y la pequeña Akiko era tu princesita. En cuanto a ti estabas más viejo. Estabais entrenando. Parecía una costumbre vuestra. Notaste mi presencia y me buscaste con la mirada sin llamar la atención de los niños. No se dieron cuenta. Tampoco me encontraste o no quisiste desvelar mi posición.

Paso todo tan rápido. Ya no estabais allí. Estabais separados: el niño en una misión, la niña estudiando y tú en el hospital. Hice bien en regresar. Tus días se acababan. Lo sabía. Fui allí con el corazón encogido. Abrí la puerta de la habitación sin hacer ruido. Te encontré ahí, tendido sobre la cama. Como siempre al lado de la ventana. Estabas dormido. No quise despertarte. Sonreí tristemente al ver tu viejo libro. Estaba gastado. ¿Cuántas veces lo leíste? No importa. Lo curiosee. Aun conservabas esa foto donde me pillaste desprevenida. Me agarraste del moflete a traición para sacar a foto. Te castigue por un día por hacerlo. Me estaba entrando ganas de llorar al recordarlo.

-Has vuelto.- Tu voz me sorprendió. Sonaba muy débil. -¿Vienes a buscarme?
-Sí, - Deje la foto y libro en su sitio. – pero no ahora.
-Bueno… -Cogiste mi mano con cariño.- No me gusta este lugar.
-Nunca te gusto.- el dolor se reflejo en mi voz.- ¿Qué tal los niños?- Pregunte desviar el tema.
-Ya no son niños – Intentaste incorporarte un poco. No lo conseguiste.- y lo sabes. Los has cuidado sin que ellos se dieran cuenta, ¿Verdad?- No te conteste. Ya lo sabías.- ¿Me vas a llevar a tu mundo al fin?- Tus ojos volvieron a la vida por un instante. No conteste. No me es permitido.- ¿Te puedo pedir una cosa, por última vez?
-¿Cuál?- Aguante el llanto como pude.
-Un beso, -Apretaste mi mano para animarme.- los echo de menos. ¿Sera el último?
-Nunca se sabe.- Se inclino hacia ti. Mi malla tintineo.- Sera el ultimo de aquí.- Un brillo de esperanza ilumino  por poco tiempo Tus marchitos ojos. Era la contestación a tu pregunta- Luego te tocara a ti buscarme.

Entonces tu mundo se oscureció…

Un camino en la oscuridad, una luz que te guía, nuestra luz, la de los dioses…

Desde los inicios de tu mundo, os hemos guiado tras la muerte.  Así lo decidieron los primeros de los nuestros en sus escritos. Aunque nosotros nos asustamos al enterarnos de la existencia de ese camino. Lo evitamos, pero en ciertas circunstancias, recorremos ese largo camino con el fallecido hasta cierto punto. Pero si cruzamos el portal, desvelaríamos nuestra verdadera identidad y ubicación de nuestra residencia. Por la seguridad de si de algunos de los vuestros, recordara la existencia de su antiguo mundo. Acatamos las normas de los antiguos como los que nos sucedan acataran las nuestras. En cada generación de dioses, las normas más antiguas se ven modificadas, o no, por otras o se agregan unas nuevas. En mi caso, me vi obligada añadir una nueva y trasladar toda esta información a un nuevo lugar. Pues el libro donde se hallaba todo esto, estaba hecho trizas, pero bien conservado. Nunca viste ese libro, porque lo destruí. Mi deber como dragón era llevar ese libro cada vez que iba allí. Así que informatice todo su contenido en un pequeño dispositivo, solo los dioses saben utilizar. Ahora mismo lo tengo encima…. No sé porque te estoy contando todo esto, si no lo vas recordar. Tampoco serás el mismo… Mira mi mundo…

-Este lugar…-Un escalofrió recorrió tu cuerpo.- Ya estuve antes aquí…
-Vamos.- Cogí tu mano.- Debo guiarte…
-Guiarme… -No seguiste con tu frase. Algo llamo tu atención.- ¡Tu mundo! Esta allí, ¿no? –Aceleraste el paso.- Quiero verlo.
-No puedo ir mas allá de esta marca.- No lo había y ya habíamos caminado la mitad del camino.
-¿Por qué no puedes ir mas allá…- Buscaste la marca por todos lados.- ¿Qué marca? –Solté  mi mano.- ¿Qué sucede?
-Lo siento, pero debes seguir tú el camino. –Te di un beso en la mejilla como despedida.- Te estaré esperando al otro lado…. Búscame…

Esas fueron mis últimas palabras hacia ti. Regrese a mi mundo con lágrimas en los ojos. Las dudas me asaltaron. ¿Cuánto tiempo tardaras en encontrarme? ¿Habrás nacido en mi mismo año o años antes? ¿Estarás cerca  de mi o en el otro extremo del mundo? ¿Te habré visto y no te he reconocido? ¿Cuándo? Da igual…. Ahora me toca a mí esperar y a ti buscarme en mi mundo.

-0-

-Mami, ¿él pudo estar siempre con ese dios?- Pregunto la niña de ojos grandes y oscuros.
-Sí, mi niña. –La arropo y la dio un beso en la frente.
-¡Qué bien!- Exclamo emocionada.- ¿Nos la volverás a contar mañana, porfi?
-¡NO MAMI! –Chillo su otro hijo, un niño con sonrisilla maliciosa.- ¡Yo quiero una de guerras, no de amor!- Le saco la lengua a su hermana.
-¡DE AMOR!- Ahora era la niña sacando la lengua al niño.
-¡Calmaos niños!- Alzo la voz.- Mañana le toca a papa contaros una.
-¡Papi no sabe contar!- Gritaron los dos a la vez.
-Venga es hora de dormir.- Los arropo y les dio un besito de buenas noches. El niño puso cara de asco.- Buenas noches pequeños.
-Buenas noches mami.- Dijeron adormilados mientras cerraba la puerta.
Abrió la puerta con dificultad. Cargaba con un montón de trastos: el maletín, varios sobres, papeles sueltos y las llaves. Las tiro por ahí, en el recibidor. Porque no soportaba su peso y no llegaría a su despacho. Cerró la puerta antes que se escapara el calor del hogar. Se extraño al ver todo muy tranquilo. Dejo el chaquetón en el armario de los abrigo.
-¿Hola?- Saludo para ver si había alguien en la casa.- ¿Hay alguien en casa?
-¡Ssh!- Al fin dio alguien señales de vida.- Los monstruitos se acaban de dormir. – Apareció por el pasillo.- Llegas tarde.
-Tuve una reunión de última hora.- se quito la bufanda que llevaba.
-Mentiroso.- Le acuso.- Llame antes y tu secretaria me dijo que estabas dormido.
-Me pillaste.- Se descalzo.- ¿Qué cuento les has contado?
-Nuestra Historia.

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