domingo, 28 de octubre de 2012

Vacaciones y Pesadilla

Vacaciones y Pesadilla

El verano venía aburrido y caluroso. Lo odiaba. Sus padres habían tenido la gran idea de ir de vacaciones quince días a una isla lejos de sus libros. ¿Qué haría sin ellos? Menos mal que se traía con él a su amigo. No estará solo allí. Pero si lo veían con él…. Lo mantendría guardado en su mochila. A su edad era mal visto verlos con tales cosas. Solo lo sacaría a la hora de dormir. Ahora se encontraba metido en un avión direcciona esa isla. No le gustaba nada. Estaba inquieto. ¿Cuánto tiempo faltaba para llegar?

La lucecita de abrocharse el cinturón se ilumino. Ya estaba cerca. El avión se inclino hacia abajo. Se estaba preparando para aterrizar. Las ruedas se desplegaron y toco tierra. Respiro aliviado. El volar no lo llevaba muy bien. Se derrumbo en un banco en cuanto salió del avión. Esperaba a que sus padres cogieron las maletas. Tardaban bastante en cogerlas. Salieron las últimas.
Se instalaron en una pequeña casa. Era alquilada. Muy desagradable. Vería a sus padres pululando todo el día. Como no tenía ni uno de sus amados libros y al amigo pesado, se echo encima de la cama. Iba pasarse las vacaciones durmiendo. Entonces el timbre lo despertó y fastidio el plan. Fue averiguar el causante de tanto alboroto. Era una anciana, la dueña de la casa. Les traía un regalo de bienvenida. Le sonrió de forma extraña al verle. Le dio tal escalofrió que no se atrevió a salir del cuarto. Aunque se quedo escuchando la conversación
.
-¿Qué tal el viaje señores Hatake? –Pregunto la anciana.- ¿Encontrasteis bien el lugar?
-¡Oh! Si, lo encontramos perfectamente.- Contesto su padre.- gracias a sus indicaciones previas.

La conversación duro horas. Del aburrimiento, acabo quedándose dormido otra vez. Se dejo guiar por su subconsciencia hacia un mundo sin lógica, el mundo de los sueños.
Su amigo creció delante de sus narices. Era el doble de alto y ancho que él. De sus fauces salía hilitos de humo. Sus ojos brillaban como la llama de una vela. Estaba vivo. Se acerco a él y lo olisqueo. Gruño. Acto seguido, rugió. Sintió su ardiente aliento cubrirle el cuerpo, calor. Luego desapareció. Lo dejo solo. De repente, unos ojos dorados aparecieron en medio de la oscuridad. Parecían llenos de sabiduría, pero no se fiaba. En ellos había malicia. Retrocedió asustado.

-¿Tienes miedo niño? –Aquella voz sonó distorsionada. No contesto. No tenia voz.- Tus ojos me cuentan mucho de ti…- Escucho sus pasos acercarse.- En otra vida conviviste con los míos…. – Hubo silencio por parte de ese ser.- Aun no ha despertado su poder. Por eso él no recuerda…. –Susurro.- Tu corazón busca algo sin saber que es en realidad.- Ese comentario lo desconcentro.- Se lo prometiste…. Lo que buscas es….

Despertó con brusquedad y con sudor frio. Tenía la sensación de que esos ojos aun le seguían observando. Al igual que sus palabras, exactamente una frase, no paraba de repetirse en su mente. No quería saber su significado y mucho menos recordarlo. Intento olvidarlo. No lo consiguió. Seguía como si se le hubiera grabado en el alma.

-Mi corazón busca algo.- Lo dijo observando a su amigo.- ¿Pero el que?

Los ojos de su amigo brillaron por un instante. Lo soltó asustado. Había sido imaginaciones suyas, un producto de su mente. Nervioso se fue al baño a refrescarse y de paso a tomar un vaso de leche. Aun faltaban unas pocas horas para el amanecer.
En las noches siguientes, no lograba dormir con tranquilidad. Tenía miedo de volver a ver esos siniestros ojos. Aquel sueño se repetía infinidad de veces. Ni siquiera dormía con su amigo. Este solía creciendo y gruñéndole constantemente. Era esa casa que le producía esas pesadillas. Lo odiaba. Contaba los días para regresar. Así esa pesadilla desaparecía de su recuerdo. No las palabras. En cuanto su madre le ordeno hacer la maleta, se le olvido. Una vieja amiga le había lanzado una pequeña ayuda. Sabia quien será o era en ese otro mundo. Ella misma con su larga trenza encanada les deseo un buen viaje de regreso.
Corrió emocionado hacia su habitación. ¡Por fin en casa! Abrió la ventana para dejar salir el aire acerrado. Olía a rayos como a calcetines mal olientes. Busco la causa del mal olor. Acabo encontrándolo. Estaba abajo, un bocadillo olvidado en las profundidades de su cama. No recordaba como acabo eso ahí. Lo cogió con dos reglas en modo de pinzas. Con sumo cuidado fue a la cocina. Su madre puso cara de asco. El bocadillo estaba verde y mohoso.

-Tira eso, hijo.- Le acerco la papelera.
-Eso iba hacer, mama.- Lo tiro con gusto a la papelera.- ¿Hay insecticida?
-Espera.- Rebusco en los armarios de la cocina.- No hay, Kakashi. ¿Lo necesitas con urgencia?
-Sí, hay hormigas debajo de mi cama.- Su estomago crujió y abrió la nevera. No había nada.
-Hablare con tu padre- Comprobó los armarios restantes.- para que nos lleve al centro a comprar comida. No hay nada. Aprovecharemos a comprar tu material escolar.
- ¡Faltan meses mama! – Se quejo, pero su madre ya se había marchado.

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